Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 26 9 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR ÁLVARO VARGAS LLOSA HUELGA DE SEXO La gran esperanza de derrotar a la violencia indiscriminada radica en la sociedad civil. Si no existe un esfuerzo por parte de la gente común y las organizaciones de base por desarraigar la violencia del cuerpo social, el terror no puede ser detenido, sólo reemplazado U N grupo de mujeres ha iniciado una huelga sexual en Pereira, ciudad del oeste colombiano, para convencer a sus maridos de que abandonen la violencia. Volverán a hacer el amor sólo cuando los esposos y novios hagan la paz. Una pegajosa canción compuesta por las pacifistas de las piernas cruzadas -como ya se las conoce- -atiborra las estaciones de radio locales para persuadir a las demás mujeres de que envíen a sus parejas a dormir al sofá. El griego Aristófanes, que inventó hace 2.500 años la idea de la huelga sexual para provocar la paz, debe estar revolcándose de felicidad en algún lugar del más allá. En su célebre Lisistrata un grupo de mujeres, hartas de tanta muerte y destrucción, tratan de obligar a sus maridos a poner término a la Guerra del Peloponeso cerrándoles el acceso a sus cuerpos. No es la primera vez que la vida real honra a Aristófanes. La huelga sexual fue intentada en la propia Colombia a finales de los años noventa, a instancias de un jefe militar. Y en un poblado turco, algunas mujeres emplearon igual táctica para obligar a sus perezosos compañeros a restaurar el suministro de agua. A la larga, el éxito fue esquivo en ambos casos, pero se lograron algunos resultados de corto plazo. En el caso actual de Pereira, la medida ha estado precedida de interesantes averiguaciones. En la ciudad más violenta de Colombia, donde nueve de cada diez víctimas tienen entre 14 y 25 años de edad, parece que los hombres violentos todavía prefieren el sexo al placer de degollar vecinos. Muchos de ellos participan de la cultura pandilleril porque consideran que les confiere atractivo sexual. Y- -oh sorpresa- -no son pocas las mujeres que estaban de acuerdo... hasta que se dieron cuenta de que tenían en sus manos- -es un decir- -la llave de la paz. Julio César Gómez, el funcionario encargado de la seguridad del gobierno local, afirma que se trata de cambiar los parámetros culturales: algunas mujeres pensaban que los hombres lucían más atractivos en uniforme de camuflaje y portando armas, y la gran mayoría de los hombres son miembros de pandillas no por necesidad económica, sino porque el crimen está asociado con el poder y la seducción sexual ¿Por qué es tan seductora esta historia? Porque encierra una importante lección en estos tiempos de terrorismo: la gran esperanza de derrotar a la violencia indiscriminada radica en la sociedad civil. Si no existe un esfuerzo por parte de la gente común y las organizaciones de base por desarraigar la violencia del cuerpo social, el terror no puede ser detenido, sólo reemplazado. Se trata, en rigor, de una lección antigua y universal. En los años noventa, miles de campesinos pe- ruanos se enfrentaron con éxito a los terroristas de Sendero Luminoso. En los sesenta, los venezolanos extinguieron las llamas de las guerrillas castristas gracias a la movilización de la población, lo mismo en los vecindarios ricos que en los pobres. En Italia, donde el éxito contra la Brigadas Rojas es atribuido con simplismo a los implacables tribunales especiales, fue la sociedad civil- -particularmente los sindicatos, los proletarios en cuyo nombre esa organización asesinaba y mutilaba- -la que dejó a los terroristas sin el oxígeno necesario para sustentar sus esfuerzos. En España, la Asociación de Víctimas del Terrorismo ha jugado un papel en el debilitamiento de ETA. En cambio, en aquellos países donde la sociedad civil no se supo movilizar o se abstuvo porque la respuesta brutal de las autoridades enajenó su voluntad, el precio de la victoria fue la tiranía. La Argentina de los años setenta es un ejemplo. Se habla del éxito logrado por el presidente Álvaro Uribe en la reducción de la violencia en Colombia. Es un éxito indiscutible. Los asesinatos y secuestros políticos- -para citar sólo una estadística- -han caído en más del 80 por ciento. Pero sólo se menciona que Uribe ha duplicado el presupuesto de defensa y expandido la fuerza policial en un 25 por ciento, y se omite que, en el nuevo milenio, los colombianos, que durante años parecían anestesiados por el temor, se enfrentaron al enemigo en sus vecindarios, sus lugares de trabajo y el campo. Este tranquilo heroísmo popular es más difícil de detectar que los presupuestos militares, de modo que los analistas a menudo pierden de vista lo que hay detrás de lo que se ve. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) la mitad de las personas desplazadas internamente en Colombia son mujeres, y el 40 por ciento de las familias desplazadas están encabezadas por madres, mientras que la cifra en el caso de las familias no desplazadas es del 28 por ciento. Las corajudas chicas de Pereira nos demuestran que en última instancia la lucha contra la violencia pandillera o terrorista- -ésa que ataca por sorpresa y se esconde entre la población- -no es tanto un asunto de los gobiernos como de la sociedad civil. En lugar de aguardar pasivamente a que otros resuelvan su problema, ellas han decidido pelear con literatura y (no) sexo. Bravo. (c) 2006, The Washington Post Writers Group Director del Centro para la Prosperidad Global en el Independent Institute REVISTA DE PRENSA POR DIEGO MERRY DEL VAL ¿VÍA LIBRE PARA LA TORTURA? La presión ejercida por George W. Bush para obtener del Congreso una ley que otorgue validez a las decisiones que ha tomado respecto a su guerra contra el terrorismo está a punto de dar fruto afirma Le Monde en su editorial. El presidente de los Estados Unidos ve reconocido el derecho a autorizar a la CIA a emplear métodos de interrogatorio que no respetan ni la legislación norteamericana ni el Derecho Internacional codificado en las convenciones de Ginebra. Ciertamente, el asunto no está cerrado aún, ya que la vigilancia de la Prensa norteamericana ha desencadenado una polémica y obligado a los senadores a reconsiderar su postura añade el artículo. Aun así, considera el vespertino francés, hay pocas posibilidades de que, durante la próxima votación en el Senado y en la Cámara de Representantes, sea puesta en cuestión la disposición que permite al presidente de los Estados Unidos dictar reglas que se salen del derecho común La polémica está lejos de amainar y puede seguirse en casi todas las cabeceras del otro lado del Atlántico. James S. Robbins afirma en USA Today que extender el derecho de habeas corpus a los detenidos durante la guerra contra el terrorismo sería un paso innecesario y peligroso. Nunca juzgamos, por ejemplo, a los prisioneros de la Segunda Guerra Mundial. La idea habría sido considerada absurda. La Constitución da al Congreso la facultad de suspender el derecho de habeas corpus en interés de la seguridad pública. Maulvi Abdul Gaffar, liberado de Guantánamo, reanudó su carrera como combatiente talibán antes de ser abatido en 2004 En el Washington Post, el periodista de origen chileno Ariel Dorfman escribe: Todavía me acosa la imagen de la primera persona torturada que conocí. Algo dentro de mí necesitaba resucitar a esa víctima y obligar a mis conciudadanos a que sientan durante unos minutos el frío que se ha asentado en el corazón y en la carne de esa persona, antes de que nadie ose defender la idea de que para salvar vidas hay que someter a otro ser humano a un dolor insoportable En el mismo diario, Cathy Young: Aquí no se trata de sádicos fascistas contra humanistas de nobles ideales. Millones de personas decentes creen que vivimos en tiempos desesperados que requieren medidas desesperadas. Esto no quiere decir que tengan razón. A lo largo de la historia, gente con buenas intenciones ha provocado grandes daños