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ABC LUNES 25 9 2006 61 El catálogo razonado de Martín Chirino ve la luz con el estudio exhaustivo de todas sus esculturas La primera edición del Hay Festival Segovia cierra con una gran acogida por parte del público El reflejo póstumo de Joaquín Jordá Calidísima acogida en el festival donostiarra a su último filme, Más allá del espejo E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. No parecía Joaquín Jordá alguien puntual, orientado y metódico, y claro, no tuvo la previsión de estar en el acto de entrega de su premio Nacional de Cinematografía ni tampoco en el estreno de su última película, Más allá del espejo Rara vez las cosas ocurren cuando deben y a la persona y a la filmografía de Jordá todavía menos. Su última película, Más allá del espejo película póstuma y, por lo tanto, en cierto modo, huérfana, contiene la convulsión añadida de reflejarlo en cuerpo y alma: Jordá está y es ante la cámara ese personaje decoroso, honesto y husmeador que busca explicarle a los demás y probablemente a sí mismo un asunto que le concierne íntimamente. Y emprende la tarea de que veamos el modo en que perciben la realidad esas personas que, como él después del infarto cerebral, padecen alexia o agnosia, una enfermedad que afecta a la manera de entender y digerir las imágenes, los colores, números, letras... al modo dificultoso de interpretar lo que se ve, de memorizar... en fin. entre ellos en la pantalla y con el espectador al otro lado de ella; y sin el más ligero brote de impudor: todo es tan tuyo como tu propia huella digital. Naturalmente, conseguir esa cercanía no está al alcance de cualquiera, por eso Más allá del espejo aunque huérfana, es una película profundamente bondadosa y paternal. Una imagen conmovedora La competición produjo ayer una imagen conmovedora: una niña, un hombre, un camello y un desierto. Pertenece a la película Si le vent soulève les sables de la directora belga Marion Hänsel, y es el zumo visual que deja la historia de una familia obligada a la trashumancia en busca de agua por esas fajas de pellejo reseco en la espalda de África. La película es demoledora, es como si dijéramos una road movie a pie y sin que haya ni se pretenda un progreso dramático en el interior de los personajes: sobrevivir ya sería progreso suficiente. Se suceden sucesos terribles con esa pinta tranquilota de lo cotidiano y como se puede imaginar cualquiera, no hay modo de encontrarle un final a la película, pues es una historia que empieza ya terminada para los que nos la representan. A lo sumo, el desenlace es el reencuentro de uno mismo con el grifo de su casa. La otra película en competir era la británica The tiger s tail de John Boorman, una especie de cuento moral sobre el éxito y el fracaso ejemplarizado en la figura de un empresario triunfador y un repentino hermano gemelo que le intenta usurpar su vida. El protagonista es el rocoso Brendan Gleeson y probablemente es lo más reseñable de esta obra del veterano director de Deliverance o Excalibur Max von Sydow recibió ayer en San Sebastián el premio Donostia toria más grande jamás contada que podía haber sido mejor. Luego llegó El exorcista y desde entonces he hecho muchos sacerdotes, el Papa, San Pedro y el demonio. He tenido que luchar para que no me encasillen. En Los Ángeles no son muy valientes ni imaginativos, no buscan al mejor actor, sino al que ha hecho un papel parecido con éxito. He tenido que decir muchas veces que no Y cuando habla de este tipo de papeles también se refiere a sus ideas religiosas. Me eduqué dentro de una comunidad luterana. Tras interpretar por primera vez a Jesucristo me alejé de esa corriente. Ahora estoy casado con una francesa católica y vivo en un país católico, así que me estoy acer- AFP cando a esa religión, pero no me adscribo a ninguna fe concreta Ni tan siquiera la del fútbol, que no le gusta, a pesar de que en Evasión o Victoria me lo pasé muy bien porque John Huston siempre gastaba bromas pesadas Trivializa mucho algunos de sus papeles y cuando habla de Minority Report y de la trascendencia de su papel, afirma que es sólo el malo de la película, no ningún semidios De su colaboración con Woody Allen en Hanna y sus hermanas recuerda que parecía que me evitaba en los ensayos, que me tenía miedo, porque había sido el actor de Bergman, a quien él admira mucho. Al final tuve que arrinconarle para saludarle Momentos de calidez extrema Jordá recorre a algunos de sus personajes (el eje es Ester Chumillas, una joven agnósica) y nos acerca a ellos mediante conversaciones a lo largo de estos últimos años, de tal modo dispersas y naturales que obligan al espectador a ir entendiendo, asimilando y en cierta manera padeciendo esa realidad que nos ofrece fragmentada, esparcida, pero muy rica, compleja y cercana. Uno progresa, cambia, al ritmo que impone el personaje de Ester, y entiende las tonalidades y numeraciones de lo que habla y siente. Hay muchos momentos de una calidez extrema, compartida