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4 Opinión LUNES 25 9 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco G. Mendívil POLITIZACIÓN DE NUESTRA DIPLOMACIA A política exterior de José Luis Rodríguez Zapatero es uno de los flancos más débiles que exhibe el Gobierno socialista. La precipitación con la que se toman algunas decisiones, los gestos inamistosos hacia países amigos como EE. UU. e Israel, la formulación de propuestas tan discutibles como la Alianza de Civilizaciones y la extraña dualidad que muestra nuestro país cuando encumbra su condición europea y occidental con el disfraz de neutral e, incluso, de no alineado son ejemplos que respaldan esta tesis. Y así, lo que parecía claro desde el referéndum de la OTAN- -dónde queríamos estar en el mundo- ha dejado de serlo tras la victoria del PSOE en 2004. La presencia de España en la pasada Cumbre de los No Alineados celebrada en La Habana y los gestos de amistad hacia gobiernos populistas como el de Hugo Chávez o Evo Morales, denotan que se está produciendo sin decirlo un cambio en la orientación estratégica de nuestro país. Desde la llegada al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Miguel Ángel Moratinos y del nombramiento de Bernardino León como secretario de Estado, nuestro país ha experimentado un distanciamiento de los ejes tradicionales de su acción exterior. De hecho, hay quien habla de una paulatina politización o, si se prefiere, de una ideologización de la proyección internacional de España y del funcionamiento de nuestra diplomacia. Quizá por ello comienzan a ser habituales los comentarios críticos de algunas cancillerías europeas hacia nuestra política exterior, ya que el Gobierno socialista parece empeñado en emitir con relativa frecuencia una imagen que no resulta del todo homologable con la que trata de proyectar, a su vez, la Unión Europea. Estrechamente relacionado con lo anterior es el giro político que sufre el nombramiento de nuestros embajadores. Si se confirmara la designación de Rafael Estrella- -portavoz de Exteriores socialista en el Congreso de los Diputados- -como embajador en Argentina, serían ya seis los puestos cubiertos mediante elección política. Y así, a los nombres de Luis Planas en Marruecos, Francisco Vázquez en la Santa Sede, Fernando Ballestero en la OCDE, Germán Bejarano en Malasia y Raúl Morodo en Caracas habría que sumar- -por el momento- -otro embajador ajeno a la carrera diplomática. Nadie cuestiona el uso de esta facultad por el Gobierno siempre que se ajuste a criterios razonables y de oportunidad, tal y como sucedió con Felipe González y José María Aznar. Sin embargo, resulta discutible la profusión que empieza a ser habitual bajo el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Sobre todo porque la elevación del nivel de significación política de algunas de nuestras embajadas compromete el normal funcionamiento de la carrera, al tiempo que desliza una voluntad no declarada de alterar lo que ha sido una constante histórica desde que, a finales del siglo XIX, Vega de Armijo fijó un modelo de profesionalidad en el cuerpo diplomático ajustado a criterios de mérito y capacidad. L CUANTO ANTES, EL ESTADO CONTRA ETA A gravedad del comunicado leído por tres encapuchados etarras en el Gudari Eguna (Día del Soldado Vasco) no reside tanto en lo que dice como en lo que calla. Por primera vez desde el 22 de marzo pasado, ETA no ratifica expresamente el alto el fuego permanente decretado ese día, ni manifiesta su voluntad de continuar el proceso abierto por la tregua, ni siquiera emplaza al Gobierno español a dar nuevos pasos para facilitar lo que los terroristas llaman una solución democrática al conflicto. La ausencia de estos tópicos de la retórica etarra- -que tanto han aprovechado los entusiastas de la negociación con ETA para laminar a los críticos y escépticos- -es, a todas luces, el síntoma más inequívoco de que el proceso de diálogo con los terroristas no sólo está bloqueado, sino que ha entrado en una pendiente que conduce directamente a su clausura definitiva. De hecho, lo que ETA dio a conocer el sábado pasado, al confirmar el compromiso de seguir luchando firmemente, con las armas en la mano, hasta conseguir la independencia y el socialismo de Euskal Herria es la revocación no formal del alto el fuego, quizá con la intención de forzar del Gobierno un gesto agónico que, aun siendo extremo, habría de expresar con suficiente claridad la disposición a pasar por el aro de las reivindicaciones de los terroristas. En lo que calla está lo más inquietante de este comunicado, porque es lo que, reflejado en los anteriores manifiestos- -cinco, más la entrevista en el diario Gara- utilizaban el Gobierno y el coro de voluntariosos que le acompaña sin sentido crítico en esta aventura temeraria del diálogo con ETA para justificar su impenitente error de apreciación sobre lo que significan para los etarras sus treguas y sus ofertas de diálogo. Rodríguez Zapatero ya no puede seguir luchando contra la evidencia de que ETA rechaza desde el sábado las condiciones de diálogo establecidas en la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados en mayo de 2005. Tampoco debe sentirse compelido a dar paso alguno que evite lo que probablemente será el desenlace natural de esta tregua, es decir, la vuelta declarada a la violencia, pues lo que pide ETA para no usar las armas que ya tiene en la mano no está al alcance del Gobierno. Nunca lo he estado, pero ahora que ETA plantea taxativamente la disyuntiva entre autodeter- L minación o violencia, se hace más explícita que nunca la inviabilidad absoluta y desde su origen del proceso de diálogo que abrió el PSOE- -estando en la oposición y, desde abril de 2004, en el Gobierno- -con unos terroristas que nunca han dejado de serlo y que nunca se han planteado cambiar sus objetivos. Por eso, este es el momento adecuado para que el Gobierno lance el Estado contra ETA y repare cuanto antes los daños que han causado tantos discursos equívocos- -por dolo o culpa- -sobre las esperanzas de paz y las intenciones de ETA. Los terroristas no han dado nada en estos seis meses de tregua, salvo un paréntesis voluntario en su violencia. Pero ha sucedido que el final de ETA, derrotado o dialogado, se ha alejado en la misma medida en que el Gobierno ha ido desactivando los mejores resortes del Estado en la lucha antiterrorista. Son esos resortes los que hoy, mejor que mañana, debe Rodríguez Zapatero activar, llamando al PP a resucitar el Pacto Antiterrorista con todas sus consecuencias, aplicando la ley de Partidos Políticos a todo el entramado de la izquierda proetarra e instando a través de la Fiscalía General del Estado las acciones judiciales necesarias para recuperar el tiempo perdido en extravagantes disquisiciones sobre algo tan contradictorio como dialogar con terroristas. Se trata, en definitiva, de acabar con ETA. Haga lo que haga la dirección etarra, es más importante lo que haga el Estado contra los terroristas. ETA no quiere el diálogo, no acepta el cese de la violencia, no depone las armas, no renuncia a la independencia, no pide perdón a las víctimas. ¿De qué hay que hablar con ETA, presidente? Esta pregunta no es retórica, sino dramática, porque la insistencia del Gobierno en un optimismo vacío de contenido y en una esperanza que revela más una angustiosa dilación del fracaso de este proceso que una expectativa de paz justa y digna, sólo aumentan las posibilidades de que el Estado no se encuentre en condiciones de responder a la nueva ETA que se ha formado en este tiempo de tregua, aprovechando la quietud del Estado, sin apenas detenciones, con escasa presión judicial y sin tener que hacer frente a beligerancia política alguna por parte del PSOE y del Ejecutivo. Si el Estado no está en tregua, no hay que esperar más. REVOLUCIÓN CENTRISTA OS jóvenes del PP tienen las cosas muy claras. El XII Congreso de las Nuevas Generaciones Populares apuesta por el centro reformista y liberal, por el realismo político frente a los dogmas ya superados y, sobre todo, reclama una revolución ideológica en línea con los partidos homólogos de otros países europeos. En efecto, estos planteamientos están en sintonía con el programa de Nicolas Sarkozy en su camino hacia el Elíseo, así como con el documento titulado Construir para durar puesto en circulación por David Cameron, la gran esperanza de los conservadores británicos para acabar con una larga hegemonía laborista. Merece la pena leer con detalle el texto que, bajo el atractivo rótulo de Pasión por la política resume la posición de los miembros más jóvenes del principal partido de la oposición. Las alusiones de Mariano Rajoy en el discurso de clausura a estos objetivos de futuro reflejan la comprensión y el aliento que recibe el nuevo equipo dirigente de Nuevas Generaciones desde las más altas instancias del PP. En todo caso, el congreso de Toledo ha permitido comprobar que persiste la discrepancia interna- -más o menos explícita- -en cuanto a la estrategia a seguir, si L bien cada vez son más las voces autorizadas que reclaman un reforzamiento de las raíces centristas. Hace tiempo que la izquierda ha perdido el rumbo en la batalla de las ideas, anclada en viejos prejuicios, falsamente progresistas, que se remontan muchas veces a Mayo del 68 y a otros iconos de su educación sentimental. Estas antiguallas ya no significan nada para unos jóvenes nacidos en los años ochenta, en un mundo globalizado y ajeno a los esquemas bipolares de laGuerra Fría. El centro- derecha ha descuidado con frecuencia, en España y en otros países, el debate ideológico en nombre de una eficacia en la gestión económica que se cree liberada de la política de las ideas. De ahí que la izquierda haya conservado un predominio injustificado en este decisivo terreno, cuya influencia electoral es determinante en la conciencia de muchos miles de ciudadanos. La llamada de las juventudes del PP hacia la revolución ideológica centrista resulta por ello particularmente oportuna. Haría bien el Partido Popular en fomentar el trabajo de sus afiliados en el terreno de las ideas. Así se ganan las batallas políticas a medio plazo, sin desdeñar el efecto positivo que tiene ahora esta imagen de modernidad y sentido práctico.