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ABC DOMINGO 24 9 2006 Economía 77 EMPRESAS Rusia se ha destapado como accionista de EADS y quiere su trozo del pastel consistente en que el consorcio europeo sea la piedra angular para reflotar su maltrecha industria aeronáutica Ensaladilla rusa en EADS TEXTO: MIGUEL LARRAÑAGA MADRID. Si alguien, español o de cualquier otro lugar, quiere aumentar su participación en EADS, lo tiene sencillo. Somos una empresa cotizada en Bolsa y no hay nada más que ir al mercado y comprar acciones Así se manifestó hace sólo unos meses el ex copresidente de EADS, Noel Forgeard, al ser preguntado tras una presentación de resultados del grupo sobre las aspiraciones españolas a aumentar su peso accionarial e industrial en el consorcio europeo. Forgeard ya no está (salpicado por un escándalo de venta de acciones de su programa de stock options y España sigue como estaba, con una participación del 5,5 a través de la Sepi y con la eterna aspiración de tomar más participación y poder. Pero las palabras de Forgeard no cayeron en saco roto, aunque el saco fuera muy distinto del previsto. Aprovechando la caída de la cotización de las acciones de EADS (propiciada entre otros motivos por el escándalo de Forgeard) el banco estatal ruso Vnechtorbank se hizo este verano con una participación del 5,02 en EADS y anunció a bombo y platillo que no es una participación financiera, sino la constatación de que Rusia quiere tener protagonismo en el consorcio. Frente a la postura española de años de intentos de negociación, los rusos han optado por dar el golpe, entrar como un elefante en una cacharrería y hacerse fuertes, sabedores de que el que da primero, da dos veces. Así, desde que a finales de agosto trascendió la entrada del VTB ruso en el accionariado de EADS, los acontecimientos se han desarrollado con cierto vértigo. Tras el anuncio de que el VTB había tomado posiciones y que se trataba de mucho más que una simple operación financiera, el gobierno ruso entró en escena casi de inmediato, manifestando su interés por acercarse al consorcio, integrarse en él y que pueda servir este hecho para que EADS sea un punto de apoyo en el saneamiento económico, industrial y tecnológico del maltrecho sector aeronáutico ruso. Las aspiraciones del gobierno de Vladimir Putin se concretan en que el consorcio europeo ayude a salir a flote a uno de los últimos intentos rusos de mantener en buen nivel su industria aeronáutica, con la fusión de MiG, Sukhoi e Irkut, en un nuevo holding público. La idea de Putin es que este El consorcio rechaza las pretensiones rusas, pero Putin ha optado por la vía política para conseguir sus objetivos consorcio precisa de expertos industriales y comerciales para competir con éxito en el futuro y por ello ha puesto sus ojos en EADS. Y cuando los rusos se plantean una meta, no suelen reparar en los medios. Primero entraron a saco en el capital y luego dejaron clara su postura: queremos entrar en el consejo y si no tomamos una cierta cuota de poder formaremos una minoría de bloqueo, vino a decir uno de los principales asesores de Putin a los cuatro vientos. Otro frente abierto era justo lo que le faltaba al consorcio. La crisis suscitada por los retrasos del avión estrella de Airbus (filial de EADS) el gigantesco A 380, vive un segundo capítulo. Tras los seis meses de demora anunciados antes del verano, ahora ya se reconoce que los problemas no se han resuelto y que las entregas previstas tendrán que esperar algo más. No cuantifican el nuevo plazo, pero en los mentideros aeronáuticos se habla de al menos otros seis meses. Esta circunstancia es en realidad la madre de todas las crisis de EADS porque ha reabierto la sempiterna lucha francoalemana por el control del consorcio, con acusaciones entre unos y otros cargando las culpas de los cableados defectuosos a tal o cual factoría y, finalmente, con la salida del copresidente francés Forgeard por el escándalo de la venta de acciones días antes de anunciarse los primeros retrasos en el A 380. Y por si faltaba algo, el otro avión en el que Airbus basa su futuro, el A 350, ha debido ser remodelado en su totalidad, lo que significa que llegará al mercado mucho más tarde de lo previsto. Seguramente por eso, los rusos han aprovechado el momento. En primer lugar, han entrado a buen precio, pues las acciones de EADS experimentaron serios recortes por el retraso del superavión. En segundo lugar, se disponen a usar su posición con firmeza y no dudan en utilizar todas las artes de persuasión a su alcance. Prueba de ello es que el Gobierno ha paralizado la adjudicación de un pedido de Aeroflot para utilizarlo como moneda de cambio. La aerolínea rusa debe decidir si encarga a Boeing sus 787 o si opta por los A 350 de Airbus. La semana pasada debía haberse pronunciado, pero la decisión se ha retrasado indefinidamente a la espera de que cristalicen de alguna manera los contactos al más alto nivel, es decir, conversaciones entre Putin y Chirac. Y es que Rusia tiene clara su intención de que EADS sea la salvación de su propia industria aeronáutica y no se arredra ante las declaraciones de los socios del consorcio asegurando (como ya ha hecho Lagardere) que no habrá concesiones y que el juego de fuerzas en EADS seguirá como está. Putin sabe que un acuerdo político al más alto nivel es lo que necesita y no va a reparar en medios para lograrlo. De momento ya ha conseguido un acuerdo con su homólogo francés, Jacques Chirac, y la canciller alemana, Angela Merkel, con los que se reunió ayer en Francia, para crear un grupo de trabajo que estudie el papel que tendrá Rusia en EADS. Aeroflot, en la imagen uno de sus aviones Ilyushin, ha retrasado indefinidamente la renovación de su flota para presionar a EADS AP