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ABC DOMINGO 24 9 2006 59 Toros FERIA DE SAN MIGUEL DE SEVILLA Cuatro llaves de la Puerta del Príncipe para la aplastante seguridad de El Cid Real Maestranza de Sevilla. Sábado, 23 de septiembre de 2006. Lleno. Toros de La Dehesilla (1 y 4 uno bueno y el otro manejable y sin fijeza; Zalduendo (2 y 5 reservón uno, mejor el rajadito 5 y Victorino Martín (3 y 6 uno cumbre y otro complicado y manso; todos serios de presentación. El Cid, de tabaco y oro. Pinchazo y estocada atravesada (palmas) En el segundo, estocada ladeada atravesada (oreja) En el tercero, estocada atravesada (dos orejas) En el cuarto, estocada pasada atravesada (saludos) En el quinto, estocada ladeada y descabello (oreja) En el sexto, estocada (gran ovación de despedida) Salió a hombros por la Puerta del Príncipe. ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Cuando la tarde se había oscurecido de azul noche, la luz anaranjada de la Maestranza ascendía como un haz hacia el cielo, como la gloria enhiesta de El Cid sobre hombros camino del Guadalquivir. El gesto se había convertido en gesta. Cuatro llaves de la Puerta del Príncipe para descerrajar el portón grande. Doble mérito porque con el nuevo Reglamento de Andalucía hacían falta dos orejas en un mismo toro. Cuajar un toro, o sea. Y el Cid eligió uno de Victorino para bordarlo. Otra vez el tándem. Otra vez la zurda mágica, pletórica, inmensa, de un torero crecido como no se había visto en toda la temporada, como el Cid de entonces, el de Madrid y Bayona. ¡Cuántas Puertas Grandes venteñas perdidas por la espada, y cuánto reconocimiento conservado hasta ahora! Ayer fue la tizona de Rodrigo Díaz de Vivar. Seguro el mandoble. Ni abajo ni caído ni en todo lo alto. Eficaz. ¡Quién lo diría! Seguridad aplastante como durante las seis lidias. La firmeza de la fe. Quietos los pies, las muñecas sueltas, ni una encogetá, ni una guiñá, ni un respingo. Compromiso total de El Cid hasta última hora, cuando el victorino de cierre lo volteó, con previo aviso, y lo magulló a derrotes en el suelo. Complicado y moruchón para compensar el excelente tercero del irreductible ganadero de Galapagar, que respiró con la calidad desplegada, la calidad olvidada por el resto de su camada en 2006. Estupendo toro, sí señor. Y soberbio El Cid de vuelos majestuosos, de zurda dorada y bañada en miel. Sangraban los codos de la chaquetilla como las llagas de un Cristo de Dalí, de tanto rebozarse en los soberanos pases de pecho; coderas granates sobre el terno de tabaco y oro. Ligó, barrió el albero, rugió la marabunta; inventó un afarolado cosido al obligado; se cruzó con la muleta escondida, absolutamente exultante, exaltado y macho, para sacarle la izquierda y abrazar la Puerta del Príncipe tras el espadazo. Dos orejas, dos, y las lágrimas del torero con sabor a campo. La variedad fue relativa, pero fue más que en las tardes de rutina de El Cid, sobre todo a dos manos, algún molinete, trincherillas y trincherazos: no El Cid sale a hombros por la Puerta del Príncipe de Sevilla es el Cid un torero sandunguero. En el capote superó, y no volvió a superar, su estética con el toro de salida de La Dehesilla, temple puro de salida. Manuel Jesús Cid, en el DNI, lo meció a placer a la verónica, y en los delantales del quite. Todavía calentaba motores, que si semejante toro sale en tercer o cuarto lugar... Punteó bastante, equivocó el torero el buen pitón, que era el derecho desde el principio. Fue desigual la cosa, remontada con uno de Zalduendo curiosamente menos claro, pero con el que El Cid apostó. Importante de veras con la izquierda, porque había que tirar de él. Arrebatado el matador, valiente, cortó la primera de las cuatro llaves, de las cuatro orejas, que, como las cuatro plumas, nos enviará a los que le FOTOS: NIEVES SANZ El tándemVictorino- Cid fue la cumbre; faena de zurda dorada y bañada en miel hemos arreado, le hemos empujado, exigido, corregido, añorado... Si éste es el resultado último, mereció la pena. En el ruedo hubo orden y concierto durante las dos horas y media en punto de corrida. Alcalareño se desmonteró con el primer victorino con los palos; El Boni con el sexto, aunque su fuerte es el capote; Domingo Navarro se reivindicó como gran tercero desde su chiquita y matona estatura; Vicente Yestera estuvo solvente. Además de todo esto, los apoderados de este Cid de Salteras acertaron con la elección de los toros, no ya por el juego desarrollado, sino porque su presencia le dio sello de gesto a la tarde y una pátina de seriedad al triunfo; enhorabuena. El cuarto tuvo su punto de ausencia, de falta de fijeza, de meterse un tantito por dentro. Pero cuando un torero está sin dudas como ayer El Cid todo vale. Lo pasó ligeramente de faena. Pedía la muerte antes. Casi como el rajado quinto (de Zalduendo) que cantó pronto pero no perdió en calidades. El Cid lo entendió y lo apuró, hacia los adentros por naturales de primor. Fue la última oreja, la cuarta llave; las cuatro plumas. El Cid torea con la izquierda