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ABC DOMINGO 24 9 2006 Cultura 57 FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN Carlos Sorín: Hasta yo querría una foto con Maradona Cierra con El camino de San Diego la trilogía de Historias mínimas y El perro b Estrena una película en años pares y la hace coincidir con el Festival de San Sebastián. Cumplió esa regla con sus dos películas anteriores y la respeta este año con El camino de San Diego CARMEN DE CARLOS CORRESPONSAL BUENOS AIRES. No, no... La película no es sobre Maradona. Él es una excusa para plantear creencias, preguntas sin respuesta, ver las dudas de un personaje cándido pero no lo suficiente como para no tener alguna desconfianza antes de emprender el viaje de su vida Sorín, de 62 años y con cinco películas firmadas, explica que la figura de Maradona, el mito gracias al que buena parte de los argentinos hace más llevadera su existencia, se justifica en un país que no encuentra sus necesidades básicas satisfechas. En España, Rafael Nadal o Fernando Alonso serán históricamente recordados pero nunca venerados, la gente no los idolatra, no los sobredimensiona. De todas formas, cualquiera se muere por sacarse una foto con Maradona. Hasta yo querría una El protagonista de la historia es un hombre joven, sin recursos, que corta troncos en la selva del nordeste argentino y conoce al detalle la vida de Maradona. Como una segunda piel, tiene tatuado su rostro y el 10 que le ha hecho inmortal fuera y dentro del campo de juego. Un día de tormenta descubre una raíz enorme en la que aprecia el vivo retrato de su ídolo. A partir de ahí su único empeño será entregársela al pelusa postrado en una clínica de Buenos Aires, en marzo de 2004, después de que sus pulmones y su corazón dijeran: no más a las drogas. El paisaje que reflejo es completamente distinto al de la Patagonia. Éste es más selvático. El norte y el sur del país no tienen nada que ver. Ni siquiera en la forma de hablar Sorín recupera la identidad propia de una geografía donde se impone el color oscuro de la piel y donde se expresan algunos, como único idioma, en guaraní. Sí, es cierto, esta película rescata la identidad latinoamericana de Argentina reflexiona uno de los pocos cineastas que hace gala de esa condición: Podría estar filmada en México, Perú... Hasta en Cuba. Inevitablemente somos latinoamericanos. Creíamos que vivíamos en el primer mundo, en Europa, pero con la crisis de 2001 nos dimos de golpe con la realidad En esa Argentina de la América profunda se instalan las creencias paganas, las adivinadoras del futuro, la consulta a un evangelista y no a un sacerdote, porque, en tiempos de crisis, la Iglesia ha perdido terreno frente a otras confesiones o sectas observa. En ese viaje a la esperanza se cruza un rosario de santuarios en la carretera del Gauchito Gil, un bandido tipo Robin Hood fabricado por el fervor popular Como en sus anteriores cintas, Sorín prescinde de los actores profesiones. Cuando encuentro a los personajes que busco, adapto mi historia a su realidad. Les hago un traje a medida. A veces, ni siquiera les doy un guión, les dejo que se expresen como lo hacen a diario Realismo mágico con sello argentino, aclara, La gente que sale en la película existe, el pueblo, Tati- -el protagonista- -y su mujer embarazada existen de verdad Únicamente tuvo problemas con el elenco de espontáneos en una ocasión: La actriz de Historias Mínimas que gana una máquina de coser en un programa de televisión, nos acompañó a San Sebastián. Se volvió loca... la alfombra roja, las entrevistas, el champán en la habitación... Todo eso la deslumbró y no había manera de convencerla de que regresara a Argentina. Prácticamente la tuvimos que traer a rastras. Su marido estaba desesperado Con El camino de San Diego el cineasta anuncia su despedida de los roads movies El próximo proyecto tratará sobre el traductor de Bukowski; será un viaje no físico, pero sí a los infiernos, porque en la vida siempre hay viajes Carlos Sorín (a la izquierda) con el actor Ignacio Benítez y el músico Nicolás Sorín, ayer en San Sebastián TELEPRESS Fernán- Gómez, en su silla y los demás, en el reclinatorio E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. El cine tiene ciertos recortes e inconvenientes con respecto a la vida real, sí, pero también en ocasiones ofrece grandes ventajas. Y la película La silla de Fernando es una de ellas, un auténtico chollo: se puede estar en el medio de una conversación (en realidad, un monólogo) de Fernando FernánGómez sin correr el riesgo de ser el blanco de su ira, y disfrutar, reírse, reflexionar y hasta discrepar sin temor al venablo de su mirada o al arpón de su lengua; se le puede, incluso, admirar sin que él lo note, pues, como es sabido, tiene auténtica aversión a que le anden admirando a su alrededor. La película no es, como se podría pensar por su título, sobre la silla de Fernán- Gómez, aunque sí es cierto que mientras lucubra y ofrece vivaces y atornasoladas respuestas a los directores de La silla... Luis Alegre y David Trueba, él no mueve más músculos que los de su cara y los del recuerdo. Los monólogos de Fernán- Gómez sólo se interrumpen por un gesto levísimo en su boca prieta parecido a la Chunga y por unos intercalados flamencos la hora y media vuela entre las risas de uno y las disquisiciones de él, que, tras la obligada cita con eso tan actual que es la memoria histórica se centran en asuntos fabulosos y de los que tiene las ideas sumamente confusas, como las mujeres salir con ellas) la noche, la belleza, el alcohol (el whisky, en realidad) el lujo... el lujo es realmente asistir sin el peligro de la cercanía a semejante caudal de ironía, de juicios y regates a lo vulgar, a lo manido, de ideas frescas envueltas en una calculada ingenuidad. La silla de Fernando la conside- ran sus autores una película- conversación pero es en realidad un manual de estilo, el de la lógica mordaz de FernánGómez. Poco hay para otros si está este hombre genial y bien cultivado (aunque él aluda a la fertilidad de Borges) pero hay que señalar que las dos películas a competición que se proyectaron ayer fueron interesantes, la argentina El camino de San Diego de Carlos Sorín, y la titulada Forever de la documentalista peruana Heddy Honigmann. Ambas traían como un relente original, algo que no se suele dar al tiempo que lo cercano y lo humilde (la originalidad y la petulancia suelen ser siameses) Lo de Sorín Historias mínimas Bombón, El perro es un canto a la cordialidad, a la bondad y narra la peripecia de un hombre muy, muy ingenuo y llano que adora a Maradona y emprende un viaje por toda Argentina para irlo a ver a Buenos Aires cuando estuvo a punto de reventar por su pasión por los excesos. El humor más blanco está desparramado por la pelí- cula, e inevitablemente le inocula algo a cualquiera: se sale de El camino de San Diego con mucha menos mezquindad que con la que se entró. Forever es un paseo lleno de buen gusto y excelente acompañamiento musical por el cementerio de Père- Lachaise de París, donde está enterrado Jim Morrison, al que se sobrevuela con cierta sorna y pararse en otros grandes vecinos, Chopin, Proust, Apollinaire, María Callas, Ingres... Al cabo de verla, uno se da cuenta de que ha hecho mucho más que ahorrarse una visita turística al cementerio.