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50 DOMINGO 24 9 2006 ABC Sociedad La central nuclear podría tener los días contados. Mientras unos piden una prórroga, otros esperan su cierre definitivo. Los vecinos, en cambio, se han acostumbrado a ella Garoña, una parte más del paisaje TEXTO: MAR GONZÁLEZ FOTO: FÉLIX ORDÓÑEZ TRESPADERNE (BURGOS) La central nuclear de Santa María de Garoña se construyó en 1971. Los vecinos del entorno se han acostumbrado a vivir a la sombra de esta moderna estructura que se levanta en medio de un paisaje verde cargado de fuerza. Las protestas ecologistas, la posibilidad de un empleo para muchos vecinos del entorno y el presunto riesgo de esta instalación no llaman la atención de los vecinos de la zona, que ni siquiera tienen a Garoña como tema de conversación frecuente. Ahora, después de 35 años, la central podría tener los días contados. Su periodo de vida útil finaliza en 2009. Mientras unos piden una prórroga, otros esperan su cierre definitivo. En la cola del embalse del Sobrón, en un meandro del Río Ebro, entre la localidad burgalesa de Trespaderne y La Rioja, se alza la central nuclear de Santa María de Garoña. Su construcción revolucionó esta zona del norte de la provincia de Burgos. Generó cientos de puestos de trabajo y abrió el debate sobre los beneficios y peligros de la energía nuclear. Poco a poco se fue integrando en el paisaje y convirtiéndose en una cosa más como señala José, vecino de Frías. A unos les toca esto y a otros otra cosa, la vida es así dice quitando importancia a la cercanía de la instalación nuclear. Los orígenes de la central se remontan a los años sesenta. El proyecto se presentó en la Delegación de Industria de Burgos en 1958. En 1963, Nuclenor obtuvo la autorización para la construcción de la primera central nuclear española. Dos años más tarde, en 1965, fue seleccionado, entre las propuestas presentadas al concurso internacional, el proyecto de General Electric. Una central abierta al turismo La central nuclear de Santa María de Garoña cuenta con un centro de información desde el que, entre otras cosas, se organizan visitas guiadas por las instalaciones que reciben una media de 16.000 a 18.000 personas al año. A lo largo de este tiempo se han contabilizado más de 250.000 visitas, la mayoría de Castilla y León pero también del País Vasco, Cantabria o La Rioja. Con estas cifras, y teniendo en cuenta que muchas son fruto de viajes organizados que después visitan la zona, Garoña se presenta como el primer centro receptor de visitas del norte de Burgos. Además, a través de su programa de responsabilidad social, Nuclenor atiende anualmente una media de 150 peticiones de colaboración de toda la comarca, cuyos destinatarios son desde ayuntamientos a asociaciones culturales. Los proyectos subvencionados son de lo más diverso y abarcan desde el mantenimiento de una guardería infantil en el Valle de Tobalina a la publicación de varios libros de rutas turísticas o la colaboración con las asociaciones de amas de casa del entorno. Imagen de la central nuclear de Santa María de Garoña La central es parte del entorno Lo afirma Bonifacio Gómez. A punto de cumplir los 65 años, lleva toda la vida en el Valle de Tobalina, de donde fue alcalde durante más de dos décadas. Conoce las denuncias de los ecologistas sobre la seguridad de Garoña, sabe que de tiempo en tiempo se habla de enfermedades... pero, para él, vivir aquí es como quien coge el coche cada mañana habiendo visto en la tele el número de muertos en las carreteras A pesar de la presencia de la central, la agricultura y la ganadería fue en tiempo la principal fuente de recursos de esta comarca burgalesa cuyos pueblos, como tantos otros, han visto como se iba reduciendo su población. Otra cosa es el verano. El número de habitantes de la zona se multiplica durante varias semanas, sobre todo con antiguos vecinos que vienen del País Vasco y están construyendo y rehabilitando casas en esta zona. Si hubiese mucho miedo- -señala uno de los vecinos de Trespaderne- -la gente no volvería, ¿no? Junto a los vecinos, los grupos ecologistas forman parte también del día a día de la central nuclear de Santa María de Garoña cuyo cierre piden desde tiempo atrás alegando su falta de seguridad. Varias veces al año insisten en que la central está obsoleta y recuerdan que el Consejo de Seguridad Nuclear ya advirtió de la existencia de problemas en los soportes de las barras de control. Aseguran que la central sufre los efectos imprevisibles de la corrosión intergranular y que no se ha cerrado porque económicamente es muy rentable para Nuclenor, la empresa propietaria. Cada año, un grupo de ecologistas participa en la Marcha contra Garoña Hasta eso se ha convertido ya en parte de la rutina de la zona. No tenemos nada contra ellos, pero no viven aquí dice uno de los vecinos de Quitana- Martín Galínez, la localidad más próxima a la central. El futuro pasa por una prórroga La vida útil de Garoña finaliza en 2009. Con esa premisa se concedió a Nuclenor el permiso de explotación. Sin embargo, la única vía para evitar esa sentencia de cierre está abierta. En 2006, la empresa propietaria entregó al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) toda la documentación que avala su solicitud de prórroga. El CSN será también el que elabore la evaluación sobre el estado de Garoña. El informe es preceptivo pero no vinculante para el Ministerio de Industria y, en última instancia, el Consejo de Ministros tendrá la última palabra sobre el futuro de la instalación nuclear. Aún en el caso de que se opte por el cierre, el proceso será largo y generará durante varios años un volumen de contratación superior al que nunca ha tenido la central. Los preparativos para la solicitud de prórroga también han sido largos. Desde la segunda mitad de los años 80 se está llevando en la planta lo que se denomina Plan de Gestión de la Vida útil de la instalación, en el que se integran las actividades de mantenimiento, inspección, reparaciones, control de equi- Cuatro años de construcción Las obras de construcción de la central se iniciaron en septiembre de 1966 y concluyeron en noviembre de 1970. Para construir la mayor central nuclear de su clase en Europa se utilizaron 100.000 metros cúbicos de hormigón, 600.000 metros de cable y 12.000 toneladas de acero. Además, se puso en marcha el mayor dispositivo de transporte pesado del continente para trasladar la vasija del reactor desde Bilbao a Santa María de Garoña. El 2 de marzo de 1971 la central burgalesa se acopló al sistema eléctrico nacional, logrando la plena potencia 27 días después con 460.000 kilovatios eléctricos brutos, que corresponden a 1.381.000 kilovatios térmicos. Era la ma- yor instalada hasta ese momento en Europa. En la actualidad, produce cada año 4.000 millones de kWh, el equivalente al 30 por ciento del consumo eléctrico de Castilla y León y el 20 por ciento del total de la electricidad de origen eólico que se generó en España en 2005. En los diferentes procesos de construcción de la central trabajaron unas 3.500 personas de 150 empresas. A lo largo de todos estos años se calcula que Garoña ha empleado a unos 20.000 trabajadores entre directos e indirectos. La plantilla actual supera las 300 personas. No hay nadie en el entorno de Garoña que no haya trabajado allí o conozca a alguien, un familiar o un amigo que lo haya hecho. Y eso marca. Lo reconocen los propios vecinos que se muestran recelosos de opinar ante los periodistas.