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ABC DOMINGO 24 9 2006 Internacional 37 A pesar de los esfuerzos de la ONU para enviar una fuerza de pacificación de casi 20.000 soldados a la región sudanesa de Darfur, el Gobierno de Jartum opone una tenaz resistencia y trata de ganar tiempo para debilitar la decisión de la comunidad internacional EL SILENCIO DE LOS ULEMAS FRANCISCO DE ANDRÉS Darfur prolonga su agonía TEXTO: CARLOS CAPUZ MADRID. Las dimensiones del conflicto de Darfur han alcanzado unas cifras inimaginables (200.000 muertos y en torno a dos millones de desplazados) que lo convierten en la peor crisis humana del siglo XXI. Y todavía puede empeorar, según alertan los responsables humanitarios. La remota región de Darfur se extiende al oeste de Sudán (el país más grande de África) tiene una superficie comparable a la de Francia y hace frontera con dos países que también viven en guerra. Chad ha tenido que hacer frente a la llegada de unos 200.000 refugiados sudaneses venidos desde Darfur, a lo que se añade el hecho de que unos 50.000 chadianos también han tenido que abandonar sus hogares por los enfrentamientos en el interior de su país (15.000 de los cuales han huido, precisamente, a Darfur) La situación en la República Centroafricana tampoco es ajena, ya que alrededor de 46.000 centroafricanos, por su parte, se encuentran refugiados en el sur de Chad. Los soldados de la Unión Africana (UA) que llevan ya dos años en Darfur, tenían previsto abandonar la región el próximo 30 de septiembre, pero el Consejo de Paz y Seguridad de la UA decidió esta semana prolongar su mandato hasta finales de año. Una medida que replica la última resolución sobre Darfur del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el pasado 31 de agosto, que proponía sustituir los 7.000 soldados de la UA por 17.300 cascos azules de la ONU. Omar al Bashir, jefe árabe del Gobierno sudanés, rechazó enseguida la resolución de la ONU alegando que el despliegue propuesto es un intento de Gran Bretaña por volver a colonizar Sudán. Sin embargo, otros analistas opinan que Bashir teme la llegada de semejante contingente porque podría destapar alguna de las muchas masacres que se han venido cometiendo en Darfur desde el principio de la guerra, en febrero de 2003. Aunque se han firmado varios acuerdos de paz (el último, en mayo) ninguno ha conseguido aglutinar al Gobierno sudanés y a todas las nuevas facciones rebeldes surgidas, ni establecer una paz duradera. Las organizaciones humanitarias han denunciado la impotencia de las fuerzas de la UA ante las violaciones de los derechos humanos cometidas por los grupos rebeldes y, en especial, por las milicias árabes Janjaweed, que actúan amparadas por el Gobierno sudanés. Hace más de tres años se levantaron los rebeldes en Darfur como resultado de factores complejos, entre los que cabe destacar la política represiva del Estado árabe hacia la población negra, la crisis de la administración local (acusada de no repartir bien las riquezas) la falta de medios para garantizar los servicios básicos o las tensiones sociales ligadas a la degradación del ecosistema. Entonces, el Gobierno de Jartum y el Movimiento de Liberación de los Pueblos de Sudán (el MPLS, liderado por el negro John Garang, que murió el año pasado en accidente de helicóptero) ya se encontraban inmersos en otras negociaciones internas destinadas a pacificar un conflicto que enfrentaba al sur cristiano y al norte musulmán, desde que se impuso la ley islámica en todo el país, en 1983. Un litigio que, por extensión, planteaba la cuestión del estatus otorgado por parte del Estado a las regiones periféricas e implicaba una lucha por controlar los recursos petrolíferos del sur y del oeste. Los intereses de China Aunque parte de Sudán la forman sólo planícies y desiertos, también posee amplias áreas de tierra cultivable, mi- Las dimensiones del drama sudanés hablan por sí solas: 200.000 muertos y dos millones de desplazados nas de oro y grandes reservas petrolíferas, algunas de ellas sin explotar, tanto en el sur como en el oeste, en Darfur. Dentro del país hay peleas por el control de su extracción, pero las grandes potencias también tienen mucho que decir. Se sabe que China está firmando acuerdos de cooperación con Sudán y podría convertirse en un serio competidor estratégico de Occidente. Hace casi dos años, la estatal Corporación Petrolera Nacional China invirtió 300 millones de dólares en la expansión de la refinería más grande de Sudán, duplicando su producción. Otra empresa china construyó un oleoducto de más de 1.600 kilómetros desde el sur de Sudán hasta la ciudad costera de Port Sudán, a orillas del Mar Rojo, desde donde los buques cisterna transportan el crudo hasta las costas de China que, en la actualidad, compra alrededor de las dos terceras partes del petróleo que produce Sudán. El Consejo de Seguridad de la ONU, por iniciativa de EE. UU. y Gran Bretaña, considera la posibilidad de imponer sanciones económicas al régimen sudanés si este sigue rechazando toda cooperación con la ONU, una medida que China podría vetar. Los intereses bloquean cualquier salida mientras se avecina un agravamiento de la crisis humana en Darfur. urante los tres años largos de guerra civil entre los rebeldes de la región de Darfur y el Gobierno islamista de Jartum, con la ayuda de sus milicias árabes, nadie ha osado hablar de guerra santa, ni en el ámbito del islam ni en Occidente. Con razón. El conflicto es groseramente económico- -el Gobierno central no quiere perder los nuevos yacimientos encontrados en el oeste- -y racial. Es, en gran medida, una lucha de árabes contra negros, aunque se dé la circunstancia de que ambas comunidades son mayoritariamente musulmanas de religión. Un conflicto similar en Occidente habría despertado la alerta inmediata del Papa y de las jerarquías protestantes. Hombres de una misma fe, ciudadanos de un mismo país, empleados en una guerra de exterminio y de limpieza étnica. Porque tal es el propósito de fondo del régimen de Jartum. ¿Dónde están las voces de alarma y protesta de los dirigentes musulmanes sudaneses? ¿En qué emplean sus esfuerzos los consejos de sabios islámicos, tan sensibles a lo que se publica en Europa? ¿Qué papel- -o más bien, papelón- -ha jugado la Liga Árabe desde que trascendió el drama humano de Darfur? D Niños sudaneses participan en clase, a cielo abierto, en un campamento de desplazados cercano a Nyala, al sur de Darfur AFP