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ABC DOMINGO 24 9 2006 Internacional 35 Papá Estado inicia las rebajas A. S. SOLÍS BUDAPEST. Con la gente ya echada a la calle exigiendo la dimisión de Gyurcsany, el presidente del país, László Sólyom, acusó al primer ministro de ahondar en la crisis moral que vive el país. Pero lo cierto, es que a lo que Hungría se enfrenta es a una crisis económica que durante mucho tiempo todos los partidos se empeñaron en esconder. A la caída del régimen comunista, Hungría destacaba entre sus vecinos centroeuropeos por su fuerte economía. Pero los crecimientos anuales de entre el 3 y el 5 por ciento estaban sobre todo basados en un fuerte gasto público. Los salarios mínimos se doblaron, se añadió una paga extra a los pensionistas y la política fiscal ha sido indulgente. Así, hasta que el déficit se ha disparado. Ahora, el millonario primer ministro socialdemócrata defiende que ha llegado el momento de acabar con las generosas políticas de gobiernos ante la cercanía de elecciones o para cumplir sus promesas electorales y de replantearse el papel del Estado. Así lo ve también Sebestyén Gorka, director de Itdis, un centro de estudios políticos con sede en Budapest, que argumenta que Hungría está sufriendo las consecuencias de 16 años de continuismo en los que ningún gobierno se atrevió a transformar el sistema paternalista heredado de la época soviética. Manifestantes con camisetas contra el primer ministro, Ferenc Gyurcsanyi, se concentran frente al Parlamento en Budapest AFP Entre 15.000 y 20.000 personas volvieron a manifestarse ayer por la noche ante el Parlamento de Budapest para exigir la dimisión del Gobierno socialista de Gyurcsany. La crisis húngara tuvo su chispa esta semana, pero se remonta a los comicios de abril Hungría: la crisis que nadie ha querido ver ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS ENVIADO ESPECIAL BUDAPEST. Obviamente, hemos mentido los dos últimos años. Está claro que lo que decíamos no era la verdad. No puedo citar ni un solo paso político del que podamos estar orgullosos, aparte de haber sacado al gobierno fuera de la mierda Estas declaraciones del primer ministro húngaro, Gyurcsany, grabadas en mayo y filtradas a la prensa el pasado domingo, han convulsionado el país magiar. Miles de manifestantes en las calles; enfrentamientos con la Policía que se han saldado con 214 heridos y 200 detenidos; cuantiosos daños materiales; y un Gobierno puesto en entredicho tras sólo seis meses en el poder. Pero ¿han sido sólo estas duras palabras las causantes de los peores disturbios en Hungría desde la revolución de 1956? Lo cierto es que el enfado de la población viene de lejos. Tras las elecciones de abril, ganadas por los socialdemócratas después de prometer recortes fiscales y mejoras sociales, el Gobierno dio la vuelta al programa y aprobó un paquete de medidas para sanear la maltrecha economía nacional. Más impuestos y menos subvenciones para combatir un déficit que llega- rá este año al 10,1 por ciento del PIB húngaro. Al hablar con algunos de los manifestantes que, desde hace una semana, se concentran frente al Parlamento de Budapest para pedir la dimisión de Gyurcsany, la sensación es que la famosa cinta con la grabación apenas es una anécdota. Attila, estudiante, aseguró a ABC que la cinta ha sido sólo la gota que ha colmado el vaso Judith, pensionista, culpa al Gobierno de la caída en la calidad de vida Hallbir, autónomo, asegura que las palabras de Gyurcsany reconociendo sus mentiras no han sido una sorpresa aunque sí una ofensa Tres testimonios que reflejan el resentimiento de una sociedad a la que el Gobierno ha abierto los ojos sobre la grave situación económica a base de apretarle el cinturón. Los universitarios tendrán que pagar tasas; los im- puestos a pequeños empresarios suben del 15 al 25 por ciento y hay planes para subir las tasas sanitarias. Pero lo que más daño ha hecho ha sido la subida del IVA del 15 al 20 por ciento, que ha provocado un encarecimiento de los productos de primera necesidad. En la vecina Austria, la leche se vende a 1 euro el litro. En Hungría, con salarios tres veces más bajos, el precio es el mismo. Con pensiones de apenas 250 euros y sueldos medios de 400, sólo llenar la cesta de la compra está poniendo en apuros a muchas familias, que ven cómo el 36 por ciento de sus ingresos se dedican a algo tan básico como la alimentación. Pero también el transporte, la calefacción (el gas sube un 30 por ciento) y la vivienda se han encarecido. Imprescindible austeridad La famosa grabación en la que el primer ministro admite que ha mentido es apenas una anécdota Desde el Gobierno se insiste en que esta política de austeridad es imprescindible para reorientar la economía del país, que se aleja cada vez más de los criterios europeos. En la grabación llega a decir: Ha sido la divina providencia, la abundancia de efectivo en la economía mundial y cientos de trucos los que nos han ayudado a sobrevivir hasta ahora Gyurcsany se ha justificado diciendo que sólo quería disuadir a su partido de la necesidad de las reformas. Incluso se rumorea que fue él quien filtró la cinta para convencer a la población de la necesidad de esa política de austeridad. En cualquier caso, la situación no es nueva. Un déficit presupuestario del 10,1 por ciento de PIB, una deuda pública que supone ya el 67,9 y un IPC del 3,7 (3, 60 y 2 por ciento son los máximos que Maastricht exige para entrar en la moneda única) no surgen de la noche a la mañana. La Unión Europea lleva ya tiempo advirtiendo a Hungría, al igual que a otros de los nuevos socios como República Checa y Polonia, de la mala situación de sus cuentas públicas. En mayo de 2004, la Comisión Europea ya expedientó a Budapest, aunque sin aplicar sanciones, por su déficit del 5,9 por ciento. En 2005, volvió a llamar la atención del Gobierno magiar. Ahora, con la situación descontrolada, la nueva política de ahorro pretende reducir el déficit hasta el 3,2 por ciento en 2009 y permitir así la entrada en la Zona Euro en 2011 ó 2012. La República Checa y Polonia tampoco asumirán el euro antes de 2010.