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24 Nacional DOMINGO 24 9 2006 ABC El norte de Guinea Bissau no parece un lugar para que se queden ni sus propios vecinos. Marcados por la diferencia económica con Senegal y las incursiones de los guerrilleros, hasta las misioneras entienden a los que desean irse Los del sueño europeo tienen razón TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA ENVIADO ESPECIAL SUZANA (GUINEA BISSAU) Cincuenta kilómetros en seis horas. El asfalto, ni en pintura. Cuando más, doscientos o trescientos metros de tierra medio asentada por la lluvia. Casi siempre, enormes charcos y fango. Mucho fango. Una camioneta de museo hace las veces de transporte público. Una veintena de pasajeros apiñados unos sobre otros o en la baca. Un cerdo, una cabra, media docena de gallos y gallinas. Cesárea Evora sonando a ratos en un radiocassete al ritmo de los baches. Y entre las piernas la motocicleta pinchada con la que este corresponsal y un compañero intentaron retar a la carretera (viene incluso en el mapa) que transcurre por el norte de Guinea Bissau entre San Domingos y Varela, en paralelo a la frontera de Senegal. Este es el territorio elegido no sólo por los guerrilleros independistas de la vecina región senegalesa de Casamance. También, desde hace algunos meses, están sacando partido de él los mafiosos senegaleses que están derivando la salida hacia Canarias de cayucos con emigrantes clandestinos más hacia el sur aún, donde cualquier parecido con la vigilancia es pura coincidencia. La tierra se ve fértil y el paisaje es digno de catálogo de agencia de viajes. Pero no. Los pocos miles de personas que habitan en esta zona del país apenas tienen para sobrevivir. Los que se dedican a la pesca casi se pueden contar con los dedos de una mano y aquellos que se atreven a cultivar no consiguen superar las leyes del mercado. Primero, las leyes que marcan los vecinos senegaleses, donde los salarios son cinco o seis veces más altos. Y después, los países ricos. Pese al aguacero, las mujeres de Varela (de donde salen cayucos) siguen con sus labores ¿Están abusando o no? Esta es la teoría de Rafael García, un sevillano que lleva tres décadas por distintos países del continente africano, quien explica en San Domingos que el precio del kilo de anacardo se llega a multiplicar por 200. Hasta a 50 francos se ha llegado a pagar este año el kilo para los cultivadores guineanos mientras en España es fácil encontrarlo a 15 euros (10.000 francos) ¿Están abusando o no? se queja este ingeniero. A una decena de kilómetros de San Domingos, poco después de que nos ofrecieran un mono asado por la ventanilla desde uno de los poblados con casas de adobe y paja, una camioneta azul aparece a la vera del camino como si hubiera sufrido un accidente. Sobre una cruz blanca se lee: La guerra mata. Sólo la paz hace la vida. 16 de marzo de 2006 La hermana Ruth Inés Bustinza, peruana, recuerda aquel día con amargor. Los guerrilleros senegaleses tendieron una emboscada a una furgoneta de transporte público. Hablan de la explosión de una mina y de posteriores intercambios de disparos con fuerzas guineanas. Catorce vecinos de Varela y Suzana murieron. Y ahí sigue el vehículo malparado seis meses después. Entre bote y bote de la camioneta que nos transporta vamos conociendo a nuestros compañeros de viaje entre las quejas de las gallinas y de la cabra- -que ocupa una plaza preferente en la baca con el cerdo- Rodilla con rodilla y brazo con brazo está el joven Bassana, de 25 años. Yo quiero ir a España a buscar trabajo, pero no en piragua, que es muy peligroso. Yo en avión Hay muchos jóvenes que desean irse en cayuco, pero, como explica un periodista local, en Guinea ni siquiera pueden reunir el dinero necesario para pagar el pasaje, que controlan los senegaleses. En el comedor de la misión católica de Suzana, la hermana Yanina Cisneros, también peruana, describe la situación. Aquí todos tienen el sueño europeo. Y si una analiza bien la situación, ve que tienen razón