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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE Atrevida ropa íntima en tiendas especializadas para mujeres veladas y tapadas de pies a cabeza, pero soñadoras en el interior Musulmanas Lencería secreta Mujeres musulmanas, con velo y ensabanadas, compran en París ropa interior atrevida, en rojo o negro, con transparencias y bordados. Signo quizás de una turbadora revolución cultural TEXTO Y FOTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO Haussmann, cita clásica de toda turista con prisas. Desde hace algún tiempo, en los alrededores de los Campos Elíseos han aparecido tiendas especializadas donde se ofrecen a la clientela musulmana más selecta artículos escogidos. En la misma calle donde vivió Azorín, en la plaza de la Estrella, cerca de los grandes hoteles de lujo de la avenida George V, hay una pequeña tienda con tres escaparates que recibe casi diariamente a una variopinta clientela musulmana. Algunos de los grandes hoteles de la avenida George V pertenecen a grandes fortunas árabes. Y los propietarios musulmanes viajan a París acompañados de esposas, amistades, hijas. consumidoras todas de lencería de muy distintas calidades. Las musulmanas ricas viajan con chofer y guardaespaldas. Las musulmanas que forman parte del séquito también pueden liberarse a su manera, comprando braguitas, tangas, bodys bustiers a precios de ganga. La musulmana joven, tocada con velo y sábana negra, del más estricto rigor islámico, se inclina con frecuencia, cuando puede pagárselo, por los modelos más atrevidos, en rojo o negro, con muchas transparencias, bordados en nido de abeja y brocados de lo más barroco en la pureza íntima. En los grandes almacenes, las más importantes firmas incluso han creado líneas más o menos especiales intentando seducir a una clientela exigente Junto a Baroja y Azorín En la plaza de la Estrella, a trescientos metros escasos de uno de los domicilios donde Azorín recibía a don Pío Baroja para interrogarse, juntos, por los inciertos rumbos de una España fratricida, una pequeña tienda que hace esquina intenta seducir a todo tipo de clientelas con precios atractivos y modelos de lo más aparente. Ayer vinieron cuatro jóvenes musulmanas, con velo, y compraron culottes de colores por valor de 2.500 euros me comenta lacónica una vendedora joven y desencantada. Entre los fabricantes locales, cerca de la rue du Caire, no es nueva la clientela musulmana. Al contrario. Hubo representantes durante muchos años que hacían la ruta del Líbano y otras capitales árabes, y ganaron mucho dinero vendiendo ropa interior. La novedad es que las jóvenes musulmanas, oficialmente vestidas de negro purísimo, de pies, a cabeza, velado el rostro con tupidísimos velos, recorren la calle parisina para gastar cantidades llamativas de dinero en ropa interior. Quizá se trate de una íntima y turbadora revolución cultural. Esperémoslo así. os detallistas de la lencería femenina, clásica o imaginativa han observado un fenómeno significativo: las mujeres musulmanas, con velo y ensabanadas de negro azabache, francesas u orientales, compran ropa interior siempre más atrevida en solitario o en grupo, gastándose cantidades llamativas en confort interior Martine C. vendedora en una tienda especializada en unos grandes almacenes, me cuenta su experiencia: Hace pocos años, algunas mujeres musulmanas se acercaban hasta nosotros con mucho pudor. Compraban cualquier cosa y se marchaban enseguida. Desde no hace mucho, es frecuente que vengan a comprar en grupo mujeres jóvenes, solteras, con velo, con esos trajes que les cubren en negro todo el cuerpo. Discuten entre sí. Se ríen. Algunas incluso L quieren probarse ciertas prendas. Y se marchan dejándose fácilmente mil o dos mil euros en braguitas, sujetadores, tangas, ligueros, bodys... de todo Para Martine C. la visita de un grupo de jóvenes musulmanas ensabanadas es una suerte. Muchas vendedoras de lencería femenina en grandes almacenes (Printemps, Galleries Lafayette) tienen un pequeño sueldo y una discreta comisión. La visita de uno o dos grupos de clientas musulmanas, una semana, puede redondear el sueldo de una vendedora en el Printemps que está frente al Hotel Lutetia. Martine C. lleva casi 20 años vendiendo lencería, y ha observado una evolución de los gustos de las mujeres musulmanas que vienen a París a comprar ropa íntima: Hace años, cualquier braguita de algodón, blanca, se vendía enseguida. Hoy, las musulmanas jóvenes son mucho más exigentes. Para ellas, que son clientas ricas, es importante tener cosas con seda, encajes, colores fuertes y mucha imaginación Les encanta algo subido de tono El mercado creciente de las mujeres musulmanas, con velo y ensabanadas, pero en busca de ropa interior atrevida, está más allá de las tiendas tradicionales en los grandes almacenes del bulevar Mujeres jóvenes, solteras, con velo, vienen en grupo, discuten sobre el material, y se gastan mil o dos mil euros en braguitas, sujetadores, tangas, ligueros, bodys... Hoy, las musulmanas son muy exigentes. Muchas de ellas son clientas ricas para quienes es importante tener artículos de seda, con colores fuertes e imaginación