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23 9 06 GASTRONOMÍA Es la decana de los presidentes de los Consejos Reguladores y lleva veinte años al cargo del de las Rías Baixas. Empezó en el mundo del vino casi por casualidad y hoy controla, aconseja y regula más de 32.000 hectáreas reunidas en unas 19.000 parcelas de 6.300 agricultores. Difícil tarea en estos minufundios gallegos donde la tradición y la testarudez pesan tanto. Pero después de 20 años ha logrado que los vinos de las Rías Baixas estén en el podio de todos los premios internacionales y que el Albariño sea el dios Baco de la Denominación de Origen al que el mundo entero rinde pleitesía Marisol Bueno Los vinos de Rías Baixas son naturales y fáciles de beber POR CARMEN FUENTES Cepas emparradas Casi todos los viñedos gallegos siguen el tradicional sistema del emparrado. Viñas entrelazadas y sujetas con soportes de piedra tallada por canteros. La mejor forma de evitar la humedad del suelo. Antaño la poda estaba en manos de los hombres mientras las mujeres iban detrás cavaban la tierra. Hoy, al igual que la vendimia, están al cuidado femenino Son tiempos de vendimia y los agricultores gallegos miran al cielo. Pero ya no lo hacen tan asustados como tiempo ha, porque la técnica les ha resuelto muchos problemas. Rías Baixas es una D. O. en auge y Marisol Bueno está al frente de ella. Trabajo les ha costado, pero ahora todo son premios. ¿Qué han supuesto 20 años al frente del Consejo Regulador? -Mucho trabajo, pero muy satisfactorio, porque ha habido que hacerlo prácticamente todo. Empezamos en 1986 con cinco bodegas inscritas (cuando prácticamente había una bodega en cada casa) y ahora vamos camino de las 200. ¿La tarea más difícil? -Cambiar la mentalidad del agricultor y convencerle de que había que hacer las cosas bien. Difícil labor porque los agricultores estaban convencidos de que como el vino que hacían ellos y sus padres no había nada. Tuvimos que persuadirles de que se podían hacer unos vinos capaces de competir en todo el mundo y, si poner de acuerdo y mantener unido a cualquier sector es difícil, al gallego más. Cambiar el interés particular por el común, para beneficio de todos, fue lo que más duro. Y en eso estamos, porque no podemos bajar la guardia. -Sin la labor del Consejo Regulador, ¿los vinos de las Rías Baixas serían lo que son hoy? -No. Pero es que el sector vinícola respondió y vimos que había bodegueros que estaban dispuestos a trabajar así, de forma conjunta, y a sacar sus bodegas y sus vinos adelante. El Consejo Regulador marcó las pautas apostando más por la calidad que por la cantidad, pues controlamos la producción de nuestras parcelas. Creo que somos el único Consejo de España que para ver las contraetiquetas catamos envase por envase de cada bodega. Con esto hemos conseguido que la calidad media de las bodegas haya subido un montón. -Poner de acuerdo a dos gallegos es duro, pero a 190 bodegueros debe ser como para suicidarse... -Eso es un poco de leyenda porque la gente del campo es igual en todas las partes. Y los del Consejo también son gallegos. Hace 20 años el Consejo Regulador marcó las pautas apostando más por la calidad que por la cantidad de los vinos. Lo más difícil fue cambiar la mentalidad de los bodegueros En Rías Baixas este año la cosecha es abundantísima, mucho más que la del año pasado y un poco diferente, pues al haber sido año seco las uvas tienen menos acidez ¿Dónde empezó su afición al vino? -En el año 1979, cuando mi marido compró la finca y el Pazo de Señorans. Como él no tenía tiempo para ocuparse lo hice yo. Y empecé un aprendizaje. ¿En qué modelos se fijó? -En los franceses porque la regulación del vino en Francia era una referencia para nosotros bastante interesante. El modelo gallego (minifundista) no era algo exclusivo nuestro sino algo semejante al de la Borgoña, Alsacia o la Cham-