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ABC SÁBADO 23 9 2006 Internacional 35 De la veintena de asonadas militares que ha sufrido Tailandia desde 1932, ésta última ha derivado en una colorista fiesta a la que también se han unido los turistas, encantados de fotografiarse junto a tanques y soldados Tailandia, el golpe de la sonrisa PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL BANGKOK. Tailandia, el país de la sonrisa acaba de inventar un nuevo concepto de revolución: el golpe de la sonrisa Desde que los militares tomaran el poder el martes y derribaran al primer ministro, Thaksin Shinawatra, esta bella nación del Sudeste Asiático ha convertido una grave crisis política en una fiesta. Una vez pasada la incertidumbre inicial, Bangkok ha recuperado su frenético pulso diario a pesar de que todavía se ven algunas patrullas de soldados apostadas en los principales cruces con sus vehículos Humvees De hecho, miles de tailandeses y turistas extranjeros peregrinan cada día hasta la sede del Gobierno, que permanece rodeada por el Ejército, para hacerse fotos con sus móviles delante de los tanques que custodian el recinto. En mi casa estaban preocupados cuando se enteraron del golpe por las noticias, así que le voy a enviar una foto a mi madre para que se quede más tranquila bromeaba Hannah. Haciendo la señal de la victoria, la joven mochilera australiana estaba encantada de posar junto a los soldados, que aún conservan en sus fusiles las cintas amarillas (el color de la venerada Monarquía) y las rosas que se han popularizado como el símbolo de este pacífico pronunciamiento. Más periodistas que manifestantes Que los medios de comunicación construyen la realidad es un hecho innegable que ayer se hizo más patente que nunca en Bangkok. A las seis de la tarde, una asociación estudiantil había convocado en el centro comercial Siam Paragon la, al menos que se sepa, hasta ahora única protesta contra el golpe de Estado en Tailandia. Tras las restricciones al derecho de reunión y a la libertad de expresión impuestas por la junta militar, la expectación era tal que había más periodistas que manifestantes. Como las nuevas normas prohíben los grupos de más cinco personas, los estudiantes leyeron de uno en uno un comunicado a favor de la democracia. Fueron los 15 minutos de fama de los activistas, rodeados por una nube de cámaras y fotógrafos que se movían por inercia, siguiendo a ciegas al enjambre de reporteros más numeroso aunque éstos acompañaran a un policía al retrete. El esperpento llegó hasta tal punto que los plumillas en su lucha cuerpo a cuerpo por los comunicados, destrozaron todas las hojas y se quedaron sin enterarse de lo que decía el panfleto. Cuando una amable ama de casa se prestó a traducirle el escrito a este corresponsal, una batería de cámaras y micrófonos le apuntaron de inmediato. ¿Cuál es su nombre, su cargo y por qué ha acudido a la protesta? Pero si yo sólo he venido de compras respondió la mujer. Normalidad absoluta Mientras tanto, las tiendas, oficinas, colegios, fábricas, bares, espectáculos de strip- tease y locales de masajes han vuelto a abrir sus puertas y la normalidad era absoluta ayer en esta caótica megalópolis de diez millones de habitantes. Asusta la fragilidad de la memoria histórica de los risueños tailandeses, que en sólo tres días han olvidado al ya ex primer ministro Thaksin Shinawatra. Como por arte de magia, este ex policía convertido en magnate de las telecomunicaciones ha pasado de ser el favorito en las elecciones previstas para noviembre a caer en el olvido para la mayoría de la población. Al menos en las grandes ciudades, donde la sociedad apoya en masa la asonada dirigida por el general Sondhi Boonyaratkalin. No hay problema. Somos un pueblo pacífico y nos gusta ser felices, por lo que confiamos en que no haya disturbios y se resuelva la crisis explicaba Ramchida, quien trabaja en un hotel internacional. Tras la jornada festiva del miércoles impuesta por los golpistas para evitar incidentes, esta exultante joven volvía al enorme y abarrotado centro comercial Siam Paragom para dedicarse a una de sus mayores aficiones: comprar en las tiendas de Mango o Zara, sus marcas favoritas. A la fuerza, el carácter extrovertido y jovial de los tailandeses tenía que notarse también en el último levanta- El jefe del golpe, general Boonyaratglin, jura lealtad ante un retrato del rey miento que ha sacudido al convulso país. Desde 1932, cuando otro pronunciamiento militar incruento convirtió la monarquía absoluta en un régimen constitucional, Tailandia ha tenido 20 primeros ministros y 16 cartas magnas y ha vivido una veintena de golpes de Estado, la mayoría entre los años 70 y 80. Los más graves ocurrieron el 14 de EPA En sólo tres días, los tailandeses han olvidado al ya ex primer ministro Thaksin Shinawatra octubre de 1973, cuando las balas de los soldados acabaron con la vida de 77 personas, y el 6 de octubre de 1976, que se cobró 300 muertos. El último tuvo lugar en 1991, cuando el Ejército depuso al primer ministro electo Chatichai Choonhava con una relativa calma que acabó estallando en el Mayo Negro de 1992. Ese mes, los estudiantes volvieron a echarse a las calles y los militares reprimieron una vez más con violencia las protestas, que dejaron un saldo de 48 fallecidos y 44 desaparecidos y obligaron al Rey Bhumibol Adulyadej a tomar cartas en el asunto para restaurar la democracia. Desde entonces, la sombra de la inestabilidad política se cierne sobre el turismo en Tailandia, lastrado también por el tsunami de diciembre de 2004 y la gripe aviar. Todos estos gravísimos problemas amenazan a esta potente industria nacional, que recibe cada año 11 millones de visitantes, genera 1 de cada 10 empleos nacionales y aporta el 6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) llegando hasta el 14 por ciento si se incluyen los sectores beneficiados indirectamente. Pero, a tenor de lo presenciado estos días, parece que hasta los pronunciamientos militares pueden derivar en una atracción turística. Por eso, no sería extraño ver muy pronto los tanques de los soldados junto a los puestos de hippies los hostales de mochileros y las prostitutas de la legendaria calle Khao San Road.