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ABC SÁBADO 23 9 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA CATALÁN POR NARICES P CANDIDATOS CONTRA GALLARDÓN L folletín de la elección del candidato socialista para la Alcaldía de Madrid empieza a adquirir sus ribetes de astracanada o sainete. La espantada protagonizada por relevantes prohombres de la facción gobernante, aferraditos como lapas a sinecuras suculentas, nos ha deparado algunos episodios deliciosamente chuscos. Diríase que los socialistas más talluditos le hubiesen encontrado el gustirrinín al dolce far niente o al circuito de las conferencias, que están mejor pagadas y son más agradecidas que los mítines de campaña. A la estampida de los prohombres se ha sucedido luego la irrupción de los maletillas, como ese Zerolo que no aparece en ninguna quiniela, salvo en las que él mismo confecciona y luego buzonea de matute, a ver si pica algúnincauto. Pero Gallardón, tan movedizo y proteico, parece haber encontrado la fórmula magistral para inutilizar cualquier candidatura socialista, que consiste en incorporar, redoblados, a JUAN MANUEL su currículum los méritos que el hipoDE PRADA tético adversario se propone presentar. Si se trata de enfrentarlo a un candidato heterodoxo, ¿quién más heterodoxo que Gallardón? Si se pretende recuperar a un prohombre de probada experiencia, ¿quién puede aportar una biografía política más ajetreada que la de Gallardón, que cuando se destetó ya concurría a las elecciones? Ni siquiera el pobre Zerolo puede aportar ya novedad o pintoresquismo alguno, fuera de la melena escarolada, desde que Gallardón celebrara una boda de homosexuales. Y aun sospecho que, puesto a dejarse melena, Gallardón luciríabucles más serpentinos y cachondones que el propio Zerolo. Así no hay manera de competir. Pero ya Pepiño Blanco nos anticipó que no nos esforzáramos en buscar al contrincante de Gallardón en las filas de la política, sino entre las huestes de quienes destacan en el desempeño de su actividad profesional. Aquí encontramos a unos cuantos candidatos pintiparados. Hace unos días, por ejemplo, la facción munici- E pal socialista denunciaba, lupa en mano, que las calles de Madrid todavía exhiben tropecientos símbolos o distintivos franquistas que Gallardón no se había molestado en remover, atareado en obras públicas de mayor fuste faraónico. Víctor Manuel sería el hombre idóneo para capitanear una candidatura que arrumbara para siempre la memoria del dictador, como ya probara aquella noche gloriosa en que fuera removida de la Castellana su estatua ecuestre, compareciendo en el lugar de los hechos; también podría emprender Víctor Manuel una persecución contra la piratería de canciones en internet, aunque sólo fuera porque dejase de circular esa tonadilla tan oprobiosa y babeante que dedicó en su juventud al inquilino de El Pardo. Y así, de una tacada, se borraría la memoria del dictador y el tráfico ilícito de la propiedad intelectual. Otra candidatura que podría hacerle pupa a Gallardón sería la que formasen conjuntamente los teatreros Pepe Rubianes y aquel cuñado o primo de Esperanza Aguirre que alcanzó celebridad estrenando cierta obra subvencionada de contenido escatológico o blasfemo: el primero podría encabezar un movimiento de resistencia contra la censura y la yihad hispánica, mientras el segundo podría descargar de trabajo a su cuñada o prima, que así ya no tendría que ocuparse de lanzar periódicas pullitas a su conmilitón. Pero si estuviese de mi mano elegir un candidato que pudiera afrontar el desalojo de Gallardón con garantías de éxito me inclinaría por Tita Cervera, cuyo programa podría ofrecer zonas verdes a mansalva y operaciones de bótox por la patilla, sufragadas por la Seguridad Social; si, además, Tita Cervera incorpora a su equipo municipal a las vírgenes vestales o bestiales de las rosas blancas por la paz, la derrota de Gallardón adquiriría tintes deshonrosos. Basta un poco de imaginación para acabar con el mito de la imbatibilidad del alcalde madrileño. Claro que, a medida que se suceden las espantadas en la facción socialista, la imaginación exige aderezos rocambolescos. ¿Y qué tal si recuperamos a Trini y la disfrazamos de Elsa Pataky, a ver si cuela? ERO qué pesados son los nacionalistas. Qué cargantes, qué insufribles, qué plastas. Nunca se cansan de dar la matraca, jamás se toman un respiro en su cantinela excluyente ni sienten desmayo en su insistente porfía. No conocen el sentido del ridículo ni del pudor; siempre tienen un demonio que agitar, un fantasma que perseguir, un agravio del que dolerse. Ahí radica su éxito, en esa inagotable constancia para percutir con su sectarismo en cualquier ámbito de la existencia, incluso allá donde los demás, por mucha conciencia política y cívica que poseamos, llega un momento en que sentimos la necesidad imperativa de cultivar una cierta privacidad alejada dedogmatismosy de bronIGNACIO ca. Para el nacionalismo CAMACHO no hay espacios de tregua. Los nacionalistas ejercen de la mañana a la noche, veinticuatro horas sobre veinticuatro, dando la tabarra en el trabajo, en la escuela, en la calle, en el amor, en la familia, en los sentimientos, en el cine, en el ocio, en el deporte. Qué pesadilla. Estos días, en la flamante Cataluña estatutaria, se ha visto cómo las gastan los tíos del ceño fruncido, eternamente cabreados con un mundo hostil que tiene el defecto incorregible de no ser catalán. Reforzados moralmente por la victoria política del Estatuto y su consagración del catalán como lengua propia se han lanzado con su habitual contumacia expansiva a la imposición práctica de un monolingüismo inverso. En los detalles, porque en lo esencial ya lo han logrado. Pero no se les escapa ni una brizna, por simbólica que sea. Con esa obstinación suya tan exhaustiva, se han inventado en un anuncio victimista la paranoia de que España coacciona y frustra a sus deportistas al impedirles el supuesto sueño de militar en una selección catalana, y simultáneamente han cargado contra la escritora Elvira Lindo por dar el pregón de la Mercé en castellano, y hasta contra los futbolistas extranjeros del Barça por no expresarse en la nueva lengua obligatoria. A hacer puñetas el cosmopolitismo, el seny, la apertura de miras. Fuera máscaras. Esta vez ya no se trata de que los catalanes, o los que viven en Cataluña, hablen en catalán; la carga va también contra los que están de paso. El mensaje es nítido: el que vaya por allí tiene que hablar, por narices, como a ellos les dé la gana. Y si no, Puerta, Camino y Viti. Les da igual una escritora gaditana que un futbolista camerunés, un funcionario extremeño que un fontanero polaco, un profesor andaluz que un camarero argentino. Ya se pueden enterar todos de que, en la Barcelona que fuera la avanzadilla europeísta, el melting pot de la sociedad abierta, hay unos tíos muy hoscos que se suben por las paredes si oyen hablar en castellano, y están dispuestos a meter sin descanso toda la presión posible, que es mucha: coacción, boicot, desprestigio, extorsión y, si es menester, violencia escuadrista. Así las gastan, y sin cortarse un pelo. Esto es lo que hay. Mejor dicho, esto es lo que hemos permitido. Y con rango de ley orgánica, por cierto.