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ABC VIERNES 22 9 2006 Espectáculos 63 LOS SECRETOS DE... Byambasuren Davaa Directora de cine Se están perdiendo los valores tradicionales JOSÉ EDUARDO ARENAS Una escena de El perro mongol ABC El perro mongol Byambasuren Davaa nació en Mongolia en 1971, estudió Derecho Internacional y, posteriormente, Audiovisual en la Academia de Cine Munich. La historia del camello que llora precedió en España a El perro mongol Nos adelanta que ahora me tocaba contar la historia de los nómadas mongoles de la parte noroccidental de Mongolia, parte de mi vida y de la de mis madres -Usted muestra cómo los mayores cuentan a los niños de sus país el ciclo de la reencarnación, ante la mirada sin temor de las criaturas. -Todos morimos, pero nadie está muerto. Esta es una sabia leyenda que mi abuela me contó. El perro también tiene un simbolismo: el alma deambula de un cuerpo a otro, de una planta a un animal hasta que llega a un perro y posteriormente a un ser humano... -El paisaje, bellísimo, lo verá roto el espectador ante la presencia de una sola motocicleta... -La calidad de vida de esa gente era maravillosa, la vida de los niños... Cuando me trasladé a Munich no iba en busca de una vida mejor, sino de la posibilidad de hacer otras cosas. Con la distancia, mi mundo tomaba la importancia real de lo que tenía antes. -Entristece que esa calidad de vida esté desapareciendo. -Como directora no puedo utilizar la palabra tristeza, sería como decir que algo es bueno o es malo. Sí es cierto que se están perdiendo los valores tradicionales. Los viajes de los nómadas se hacían antes en camellos, pero como no eran rentables los vendieron. Ahora compran cabras, porque el cachemir se vende muy bien. Mongolia vive la entrada del capitalismo. Lo de si es bueno o es malo, queda en la opinión del espectador. -El eterno ciclo pierde su equilibrio. -Los nómadas dejan a sus perros, éstos se juntan con los lobos, que a su vez se comen a las ovejas... Cómo clavar un grano de arroz en una aguja Alemania, Mongolia, 95 m. Directora: Byambasuren Davaa Intérpretes: No profesionales JAVIER CORTIJO P raderas donde poder tumbarte y escuchar su respiración, nítida como un riachuelo recién duchado. Críos con gesto de no haber roto un sueño, aunque sí varios platos. Una anciana narrando fábulas en prime time a la luz de una llama que mueve la boca como el muñeco de un ventrílocuo. Pájaros en un cubilete a punto de echar a volar... El mejor filme de ciencia- ficción del año no lo ha dirigido ningún tejano con camisa de leñador sino una joven mongola que ya nos dejó el sistema nervioso central desencajado con su ópera prima, La historia del camello que llora un prodigio de ficción antropológica cuyo planeo final nos hacía volver a creer en esa estupidez llamada magia del cine Pues bien, Byambasuren Davaa sigue empeñada en practicar doble tirabuzón sin red y, por si fuera poco, sin tirarse el pisto cultureta y hamelinesco de encandilar con tres acordes legiones famélicas de cinéfilos ornitorrincos que aplauden todo lo que huela a ojos rasgados. No. El perro mongol (aunque acaricia mucho mejor su título original, The Cave of the Yellow Dog algo así como La cueva del perro amarillo es demasiado bello y puro como para recibir falsas y fariseas acusaciones. No hay ningún doblez ni cartón en su metraje (quizá alguno se pensó que el camello de su anterior película sobreactuaba con lágrimas de cocodrilo) Solamente la osadía de narrar una historia mínima sobre una familia de nómadas que, paradójicamente, tiene los cimientos fuertemente anclados, aunque la llegada de un inofensivo cachorrillo amenace con tambalearlos. Una cerilla argumental que basta para prender la pira de imágenes y sensaciones que conforman el cine de Davaa: lealtad, sorpresa, superstición, respeto ancestral y valores espirituales entroncados directamente con el jainismo. Cosas tan viejas como cuando Plutón era un planeta, en fin. Tan solo al final la cineasta desliza una referencia actual casi autoparódica. No importa: el bien ya está hecho. Allá cada cual con sus iluminaciones. Gracias por fumar Los pajaritos tiran a las escopetas EE. UU. 2005. 92 m. Director: Jason Reitman Actores: A. Eckhart, M. Bello JOSÉ MANUEL CUÉLLAR I nteresante idea. En estos tiempos en los que la cruzada antitabaco tiene rodeados a los fumadores, metidos en guetos y señalados con el dedo como consecuencia de la moda saludable, a Reitman se le ocurrió dar la vuelta al calcetín y hacer que los pájaros disparasen a las escopetas; es decir, contar las peripecias del relaciones públicas de una tabacalera enfrentado a los mil ángeles sociales que le quieren excomulgar. La vida de este talento acuciado por el mundo, acosado por la ley y los poderes fácticos, cómo lucha, cómo sufre y cómo sobrevive, es la historia que cuenta esta película. Y lo hace con un tono brillante, sin caer en sensibilerías y sin difuminar los colores. La película logra que el hombre, que sale a flote por la única vía que le han dejado libre, la de la opción del individuo a elegir, aparezca transformado: de todo el demonio que debería ser a todo el ángel que le permite su trabajo. Y en medio, casi como si fuese norma de vida, que lo es, la corrupción, la falta de ideales y el poder del dinero, que todo lo puede y todo lo compra. Estamos pues ante un ejercicio de la vida en sí, pero desde el punto de vista original de los diablos, metidos en tantos apuros que ni diablos parecen, y las almas cándidas, que tampoco lo son, haciendo un poco de Lucifer.