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ABC VIERNES 22 9 2006 Espectáculos 61 entrevista a GUILLERMO ARRIAGA guionista de Babel En mis libros apelo a la carnalidad del ser humano No le gusta que le cataloguen como guionista. Es, sobre todo, escritor. Un escritor de estilo carnal y subversivo: frases escuetas queman en la garganta como un encuentro carnal en un motel de carretera. La locura y el suicidio azuzan El búfalo de la noche SERGI DORIA AFP BARCELONA. Guillermo Arriaga, 48 años. Escritor y guionista. Sus poderes: Amores perros 21 gramos Los tres entierros de Melquíades Estrada y Babel Crecido en un barrio bravo de Ciudad de México, asegura que perdió el olfato a los 13 años por pelearse con los chavos Aprendió a meter las manos y quiso ser boxeador, futbolista y jugador de básquet, pero la ley de la calle le dejó varado en los partidos callejeros. La escritura le sacó de la dispersión con tres novelas Escuadrón Guillotina Un dulce olor a muerte y El búfalo de la noche (Belacqua) Datada en 1999, ve ahora la luz en España y revela un escritor que refleja el rumor de la muerte con un estilo seco e hipnótico de oscuro motel de carretera. -Decía Josep Pla que escribir sirve para poner orden en el caos que llevamos dentro... ¿Es su caso? -A mí, sobre todo, me ayudó a conquistar mujeres. Era más fácil mandarles cartas que hablarles a la cara. Con 11 años le envié una carta a una muchacha: Lo escrito permanece le decía. -Escritor antes que guionista. Sus novelas son anteriores a las películas. ¿Cómo contempla la traslación a imágenes de sus historias? -Mi criterio para desarrollar una his- toria en novela o en guión es el siguiente: Si quieres resaltar el universo interior del personaje escribes una novela. Si pretendes expresar acciones, mejor lo llevas al cine. -Adaptar una novela al cine siempre genera controversia entre el autor y el director... -Está claro que la literatura y el cine son lenguajes diferentes... Lo triste es cuando se traiciona el espíritu de la novela. Yo lo padecí en la versión cinematográfica de Un dulce olor a muerte que no pude controlar. Más que la traición narrativa, lo que más me preocupa es la traición ética. -Con González Iñárritu se produjo una simbiosis creativa... -Trabajaba con alguien que tenía mis gustos y mi obra está regida por idénticas preocupaciones estéticas y éticas... Toda estética conlleva ética. Alejandro tenía el mismo interés que yo en contar una historia más allá de lo visualmente hermoso. La poética de la narrativa estaba por encima de la poética de los decorados. Fue una etapa fértil. Ahora cada uno seguirá su propio camino. -Se sitúa en una tradición literaria más preocupada por la condición humana que por las palabras... -Hay autores que no tienen nada que decir: por eso son barrocos. Si sólo te preocupa el lenguaje es que tienes la vi- da resuelta, la literatura como mero pasatiempo burgués... eso no me interesa: la escritura es transgresión. -La mayor de todas, el suicidio. El búfalo de la noche acaba con una frase escueta: Es la muerte, lo sé -El protagonista es como una oveja que amanece con su compañera de rebaño muerta y desde ese momento deduce que el lobo anda cerca... Pero, al final, descubre que el lobo es ella. Esa lobedad desvela el poder de destrucción humano y la violencia asociada a Thanatos. Cuando un amigo veinteañero se sucicida descubres de golpe la finitud. -Como Delibes, se presenta usted como un cazador que escribe -La caza me sirve para reencontrarme con una naturaleza de la que estamos separados. Vivimos cada vez más enajenados y el mundo se nos va haciendo inexplicable. Mi función como novelista es devolver la carnalidad al lector, esa animalidad que subyace en nosotros y que negamos. Nuestra cultura niega la muerte y siente horror al cuerpo, a quedarse calvos, a tener celulitis... -Una escritura de la calle, la carne tatuada y las cicatrices... -De alguien preocupado por la naturaleza humana con sus contradicciones. Y no hablo de una versión angélical de la humanidad, sino de una especie que está sentada sobre un trono de sangre... distinto, entre otras cosas porque se apoya en uno de esos guiones elaboradísimos de Arriaga entre los que se podría quedar a vivir un experto en atar cabos. Babel toca sólo de un modo tangencial esa sensación de no ser, no estar, no tener, no... aunque su auténtica raíz o esencia se refiere al terrible estribillo de la música del azar, en cómo las existencias se cruzan al olor de la fatalidad y cuánto de cierto hay en esos tópicos de que alguien se constipa en Japón y yo estornudo en mi casa... Como es habitual en el cine de Iñárritu, la película no se absorbe de forma lineal, sino que todo está deconstruido y mareado hasta tal punto que el espectador necesita agarrarse a la narración con uñas y dientes para no escurrirse película abajo. Naturalmente, el encaje es de bolillo y el magnífico puzzle se revela con toda su grandeza y sentido en un final absolutamente griego. Tal vez a otros no le ocurra, pero a uno el cine de Iñárritu se le viene encima como un camión. Y siempre me atropella. Diario gráfico de un rodaje El rodaje de Babel llevado a cabo en Marruecos, México y Japón, es el argumento visual del libro que, con el título de la película, firman el propio Alejandro González Iñárritu y los fotógrafos Mary Ellen Mark, Patrick Bard, Graciela Itúrbide y Miguel Río Branco. En el volumen, editado por Taschen, participan también con sus textos Eliseo Alberto y Rodrigo García. El libro recoge las historias ocurridas en torno al rodaje de la película, y viaja a través de los ojos de los distintos fotógrafos por el universo del cineasta mexicano, que ganó con esta película el premio al mejor director en el Festival de Cannes Brad Pitt, fotografiado en Marruecos por Mary Ellen Mark ABC