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ABC VIERNES 22 9 2006 Cultura 59 El nacionalismo moderado no se ha distanciado del que aprieta el gatillo Aramburu recuerda a las víctimas de ETA en Los peces de la amargura b El escritor vasco traza en diez relatos humanos un retrato de los años de plomo y sangre padecidos en el País Vasco y se une al dolor y trauma de las víctimas ANTONIO ASTORGA MADRID. Nacido en San Sebastián y licenciado en Filología Hispánica, Fernando Aramburu enseña español en Lippstadt (Alemania) Premio Ramón Gómez de la Serna 1997 y Euskadi 2001, este otoño literario se estrena la película Bajo las estrellas basada en su novela El trompetista del Utopía Y ahora publica Los peces de la amargura (Tusquets) que tiene como unidad el dolor de las víctimas de ETA y la manera cómo se truncan las vida de los familiares de asesinados o heridos, física, psicológica y socialmente: Rechazo toda violencia. Hay una violencia de tipo instintivo que compartimos con los animales y que consiste en lograr cosas imponiéndose al resto. Y hay violencias basadas en deficiencias psicológicas... la violencia que se asume y luego se proyecta. Es un fenómeno inherente al ser humano, pero deberíamos seguir insistiendo en el aspecto cultural A los 25 años conoció a su mujer y se instaló en Alemania, pero nunca se ha sentido al margen de la vida política y cultural del País Vasco: Basta que alguien sea asesinado o se haya tenido que ir de allí para mostrar mi solidaridad absoluta con ese ser humano e identificarme plenamente con las víctimas y sus seres queridos. Antes de mi pensamiento filosófico político está mi solidaridad con el que sufre. Algo que siempre me ha alejado del nacionalismo- -subraya- -es que el nacionalismo brutal genera sufrimiento y que el nacionalismo moderado no ha sabido distanciarse claramente de este otro nacionalismo que apretaba el gatillo. Y en ese sentido siempre me he mantendio a una gran distancia no sólo ideológica sino emocional, desde jovencito. Y lo vuelco en mi literatura Los peces de la amargura es un libro de solidaridad emocional hacia las víctimas del terrorismo: Si este libro es políticamente incorrecto para el nacionalismo es algo que no me preocupa, porque yo nunca he contraído el nacionalismo. Mis relatos no contienen teoría política. Son historias que han sucedido de una manera muy similar a como las he descrito. Yo no tengo en cuenta el nacionalismo cuando escribo. No está en mi órbita mental. Tampoco siento que el nacionalismo vasco se haya tomado la molestia de convencerme. Es como una religión: o ya la tienes desde el principio o en algún mo- El nacionalismo vasco es como una religión: o ya la tienes o sufres una iluminación. Pero yo no valgo para patriota. Nunca he valido. Renuncio a ese oficio mento uno sufre una iluminación y entra. No valgo para patriota. Nunca he valido. Renuncio a ese oficio El asesinato, la soledad, la marginación social, el exilio, el trauma- del que se habla poco, pero hay muchas personas con una herida interna que no se cierra con palabras más o menos bondadosas -recorren los relatos de Aramburu: Es un drama que perdurará. Ver cómo asesinan a tus seres queridos, a tus amigos... Y ese trauma se hace más doloroso cuando uno se entera de que al terrorista que asesinó a tu ser querido se le llama preso político como si no hubiera cometido un crimen, como mucho un error Eso es muy doloroso y mantiene el trauma A Aramburu le emociona la serenidad de las víctimas, que las engrandece: Por contra, ¿qué paraíso social se puede esperar de terroristas que amenazan y propinan patadas delante del juez? Yo no pondría en manos de tipos así el futuro de la sociedad en que vivo La lentitud del sufrimiento y de la soledad está reflejada en su libro. Los peces de la amargura aluden al sufrimiento durante años y años de las víctimas de ETA. Aramburu aspira a una paz humana, una paz basada en el abrazo. No creo capaz a la generación actual de vascos de conseguir semejante cosa y practico una sana desconfianza. Creo que deberíamos mirar con lupa a la clase política. Y no olvidar lo que los políticos dicen un día y lo que dicen al siguiente. Me gustaría vivir en una sociedad democrática VÍCTOR INCHAUSTI Fernando Aramburu, durante la entrevista con ABC ayer Francisco Ayala relata su vida en la Biblioteca Nacional en una exposición sobre su siglo A. A. MADRID. Nunca existirán palabras suficientes para agradecer a don Francisco Ayala la generosidad que vuelca en todos los actos relacionados con su centenario. Ayer lo demostró sacando fuerzas de flaqueza para inaugurar, en la Biblioteca Nacional, la exposición Ayala, el escritor en su siglo que ya se exhibió en su tierra granadina Del brazo derecho de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, a quien le une una entrañable amistad, y del izquierdo de la ministra de Cultura, Carmen Calvo, la conciencia liberal sin dogmatismos que representa Ayala entregó su siglo a la Biblioteca. Flanqueado por su mujer, Carolyn Richmond, el escritor decidió ausentarse pronto para dejar que sus admiradores disfrutaran de la exhibición que ha coordinado Luis García Montero y ha organizado la Sociedad Ayala, ayer, abrazado por la vicepresidenta y por la ministra de Cultura VÍCTOR INCHAUSTI Estatal de Conmemoraciones Culturales. Esta muestra atesora cuadros de sus amigos pintores, retratos de sus familiares, fotografías, imágenes, libros, objetos y documentos de sus épocas y arranca con su nacimiento, en la granadina calle de San Agustín, número 8, Segundo, el día 16 de marzo de 1906, a la una y diez de la mañana. Además de en sus memorias, Ayala ha dejado testimonio de la admiración que sintió por su abuelo, heredada de su madre, don Eduardo García Duarte, prestigioso médico y rector de la Universidad de Granada, que murió un año antes de que él viniera al mundo. En las labores preparatorias de la exposición se han encontrado materiales desconocidos de gran valor, desde sus colaboraciones en Prensa en los años 20 hasta documentos relacionados con su carrera profesional como profesor universitario en la República.