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ABC JUEVES 21 9 2006 61 Toros FERIA DE LOGROÑO El Cid torea en romance antes de la cita más intensa de su vida Plaza de toros de La Ribera. Miércoles, 20 de septiembre de 2006. Cuarta corrida. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Joselito y Martín Arranz, de juego desigual; destacaron 2 5 y 6 1 y 4 deslucidos, y un sobrero de Torrealta (3 bis) con complicaciones. El Juli, de berenjena y oro. Estocada desprendida (petición y saludos) En el cuarto, estocada desprendida (saludos) El Cid, de caldero y oro. Estocada perpendicular caída y dos descabellos (silencio) En el quinto, estocada (oreja) Eduardo Gallo, de verde y oro. Pinchazo y estocada baja (silencio) En el sexto, estocada corta caída (silencio) RENOVAR O MORIR BAJO EL SOL ZABALA DE LA SERNA É ROSARIO PÉREZ LOGROÑO. La cuenta atrás ha comenzado. Sevilla lo aguarda dentro de tres amaneceres. Y al tercer día deberá resucitar su mejor toreo. Es su cita más intensa de la temporada y la más especial de su vida. El Cid mantendrá seis diálogos seis frente al Guadalquivir, envuelto en el aroma a manzanilla para conquistar en letras principescas su tierra. Ayer, en una plaza bautizada con el mejor vino, se llevó de calle a la afición logroñesa. Y para ello habló en romance, esto es, claro y sin rodeos, por verónicas, derechazos y naturales, que dicen los entendidos que ése es el toreo. Aunque la variedad también se agradece de vez en cuando; será necesaria a la vuelta de la esquina, cuando se las verá con media docena de toros. El de Salteras, al que correspondió el mejor lote de la desigual corrida de Joselito, cortó la única oreja al quinto, un toro con calidades al que supo medir los tiempos y las distancias. Centró la primera parte sobre la diestra: una tanda ofreciendo el medio pecho brilló con luz propia entre alguna intermitencia. También con la izquierda jugó de modo estupendo la muñeca en naturales hondos, rematados con un soberbio pase de pecho. Se sentía a gusto el torero. Faltó un cierre a la altura de la notable faena, pues los ayudados que ensayó no resultaron lucidos. El Cid vacía, echándose todo el toro por delante, un pase de pecho Echó la pata p alante en las verónicas del saludo, rematado con lánguida media, al segundo. Lo citó luego desde el platillo, y el ejemplar acudió pronto, con transmisión. Sobre la derecha desgranó Cid dos vibrantes rondas; bajó el tono en la siguiente y por el zurdo a punto estuvo de colársele. Decidido, aguantó varias miradas con valor y ardor. Aun así, su actuación fue a menos, al igual que el toro. La gente estaba con él, pero la defectuosa estocada disipó cualquier posibilidad de premio. Si El Cid disfrutó del favor del público, los tendidos se dividieron en la faena inaugural de El Juli. Unos parecían tener un prisma de color rosa delante de los ojos; otros, en cambio, debían de llevar gafas con cristales ahumados. Se vio en un brete el director de la banda: si tocaba, protestaban; y si los instrumentos silenciaba, la bronca también llegaba. Al final, la música sonó mediada la labor de Julián López, quien evidenció EFE su raza y se hizo con un rival justo de fuerzas ante el que arrancó a izquierdas una entregada actuación. La estocada hasta la empuñadura desató una pañolada insuficiente. Cuidó en el caballo al jabonero cuarto, atacado de kilos. Buscó el triunfo con ahínco y brindó a los espectadores. Esta vez cimentó la obra a derechas. En los medios, buscó la templanza en las series, pero el toro cabeceó y los enganchones brotaron. Valiente y tesonero, se metió en el epílogo entre los pitones y trazó un circular invertido para prender otro efectivo espadazo. Ahora que Eduardo Gallo lucha por remontar posiciones su actitud de ayer no parece propia de un torero joven con ambiciones. Vale que el sobrero de Torrealta fue complicado e incluso se metía por dentro, pero de ahí a mostrarse con esa espesura de ideas e incompetencia va un trecho. Se resarció en parte en el sexto, con el que encontró el temple por momentos. ramos una fila de cien personas al sol del mediodía, la cola de una lagartija con cabeza de euros, la proyección de lo que para la empresa Taurovent significa su clientela. Frente a las taquillas de Las Ventas los abonados esperábamos turno con treinta y algún grados en la azotea para renovar (o morir) y pagar religiosamente la sin par feria de Otoño. Escríbelo mañana, escríbelo, Zabala y aquí estamos, dispuestos a defender a los sufridores, que no digo lectores porque sería pretencioso, y uno, como Juan Manuel de Prada, no aspira a superar el número de cuatro lectoras, incluida mi madre. La sociedad de Martínez- Uranga, Fidel San Román y Ramón Calderón prometió en su oferta modernidad, facilidades y comodidad- ¡prometió tantas cosas! acabar en definitiva con una etapa anacrónica y obsoleta. Pero, dos años después, para no perder los abonos hay que ponerse en fila india, en una desierta explanada (normalmente en horario laboral, que los domingos de toros no se renovarán abonos aunque en función de las necesidades de los abonados también podría renovarse en estos días no vale reírse) llueva, nieve o caiga el infierno a chorros, como ayer, entre los bronces (fundidos) de Antonio Bienvenida y El Yiyo. En Valencia o en San Sebastián, por ejemplos prácticos, el abono lo domicilias en la cuenta bancaria y te lo envían a casa, como hace el Real Madrid, donde Calderón se ha debido de llevar la modernidad y los zepelines que traerían la sombra a los tendidos de la solanera. Alguien avistó a Kaká montando en globo. Qué chicharrera, qué sofoco, Ramón.