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32 Internacional GOLPE DE ESTADO EN TAILANDIA JUEVES 21 9 2006 ABC La junta militar deroga la Carta Magna tailandesa y designará una Asamblea Constituyente El gobernador del Banco Central, Pridayadhorn Devakula, se perfila como nuevo primer ministro b Tranquilidad en Bangkok, toma- Recomendaciones en España El Ministerio de Exteriores aconseja en su página web- -www. maec. es- -y a través del telefóno de consulta 902 20 30 52: A quienes tengan previsto viajar a Tailandia en los próximos días se les sugiere posponer el viaje en espera de que la situación se defina Y a los españoles que se encuentren allí se les recomienda cautela evitando las manifestaciones o concentraciones de personas. Para aquellos que quieran más información sobre la situación en el país se pueden dirigir a la Dirección General de Asuntos Consulares. mado tras el pronunciamiento, denominado Consejo para la Reforma Administrativa, no tiene intención de gobernar, sino de devolver el poder al pueblo lo antes posible En este sentido, el máximo responsable del ejército confió en restaurar la democracia y celebrar elecciones el próximo año, al tiempo que culpó de la crisis al primer ministro Thaksin. Ha causado un daño sin precedentes a la sociedad, extendido la corrupción, practicado el nepotismo e interferido en las agencias independientes hasta tal punto que han dejado de funcionar criticó el general, que justificó la asonada porque era necesario hacerse con el poder para controlar la situación y restaurar la normalidad Además, el jefe del ejército se atribuyó en exclusiva la autoría del alzamiento y negó que el rey Bhumibol estuvie- da por el ejército y donde la población se ha echado a la calle para celebrar la caída del cuestionado primer ministro Thaksin PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL BANGKOK. Al estilo de la revolución naranja de Ucrania, Asia ya cuenta con un movimiento popular igual de colorista. Como no podía ser de otra forma en este continente, esta nueva revolución pacífica es amarilla, la tonalidad con la que, además, se identifica a la reverenciada monarquía del antiguo reino de Siam. Ese es el color que predominaba ayer en las calles de Bangkok, tomadas por los seguidores de los militares que protagonizaron un incruento golpe de estado el martes por la noche. Sin pegar un tiro, los hombres del general Sondhi Boonyaratkalin derrocaron al primer ministro, Thaksin Shinawatra, mientras éste participaba en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Tras las primeras horas bajo la ley marcial, el ejército declaró festivo el día de ayer, por lo que las calles permanecían extrañamente poco congestionadas. Con las oficinas cerradas y las galerías comerciales desiertas, la principal atracción de la jornada consistió en peregrinar hasta la sede del gobierno, rodeada por tanques y custodiada por numerosas patrullas de soldados. Niños tailandeses reparten rosas amarillas entre los soldados de ejército ra involucrado. Una explicación difícil de creer no sólo porque el soberano de Tailandia, se reunió con los cabecillas del golpe horas antes del cuartelazo sino también por su papel indispensable en la sociedad tailandesa y por su enfrentamiento con Thaksin. Acusado de lucrarse a costa de su cargo y de no pagar impuestos en la venta de parte de su imperio de las telecomunicaciones por 1.577 millones de euros, a Thaksin le aguarda un negro futuro mientras intentaba reunirse EPA ayer con su familia en Londres, donde estudia su hija y posee una lujosa mansión. Por su parte, la comunidad internacional reaccionaba con cautela y cierta sorpresa al golpe de Estado en Tailandia. Mientras la ONU condenaba el golpe, la Unión Europea reclamaba una vuelta a la normalidad democrática y numerosos países, desde España a EE. UU. y China, pedían a sus ciudadanos que pospusieran sus vacaciones en el país de la sonrisa El color de la monarquía Vistiendo camisetas amarillas para demostrar su lealtad al querido y respetado Bhumibol Adulyadej, los habitantes de Bangkok repartían lazos del mismo color, rosas y comida entre los militares, que aceptaban encantados los regalos e incluso permitían tomar fotografías de los tanques. A pocos metros de donde se celebraba esta fiesta popular, el líder de los golpistas, el general Sondhi Boonyaratkalin, comparecía ante los medios de comunicación. Una Constitución provisional empezará redactarse dentro de dos semanas, cuando se nombrará una nueva Asamblea Nacional explicó el militar, que indicó que la Carta Magna, el Senado, la Cámara de Representantes, el Ejecutivo y el Tribunal Constitucional han sido suprimidos Aunque el gobernador del Banco Central de Tailandia, Pridayadhorn Devakula, ya se perfila como primer ministro, el general Sondhi insistió en que el nuevo órgano de gobierno for- Un magnate derrotado por la revolución amarilla P. M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL BANGKOK. Hace sólo tres años, el primer ministro de Tailandia, Thaksin Shinawatra, gozaba de tanto prestigio como el venerado Rey Bhumibol. Convertido en uno de los hombres más ricos del país gracias a sus empresas de telecomunicaciones e informática, Thaksin representaba la imagen en la que quería reflejarse la sociedad tailandesa tras la crisis asiática de 1997, originada por el desplome de su moneda. Nacido el 26 de julio de 1949 en Chiang Mai, este magnate criado en el seno de una rica familia que comerciaba con seda, se hizo policía en 1973. En los 80 empezó su fulgurante carrera empresarial en las telecomunicaciones, que le reportó millonarios contratos estatales gracias a los monopolios que regían en Tailandia. A mediados de los 90, entró en política y ocupó puestos de responsabilidad, pero no ganó sus primeras elecciones hasta 2001, cuando su partido Thai Rak Thai (Los tailandeses aman lo tailandés) arrasó en la votación. A pesar de la muerte de 2.500 personas en la guerra sucia contra el narcotráfico emprendida en el Triángulo Dorado en la frontera del norte con Laos y Birmania, Thaksin resultó reelegido en 2005 con otra victoria aplastante. Eran los días de gloria para quien ha sido definido como el Berlusconi asiático por su carácter populista, que le lleva a entregar dinero en los mítines. Tras intentar convertirse en un líder asiático, su declive comenzó con el recrudecimiento de la insurgencia musulmana en el sur de Tailandia, que se ha cobrado 1.700 vidas. A este conflicto hay que sumar el escándalo que estalló en enero por la venta de parte de su imperio de las telecomunicaciones por 1.755 millones de euros, que quedaron libres de impuestos por ciertos vacíos legales. La sociedad tailandesa piensa que se ha aferrado al poder para llevarse su fortuna a Inglaterra, donde podría exiliarse si no quiere que las nuevas autoridades militares lo juzguen al regresar.