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28 Internacional JUEVES 21 9 2006 ABC MEMOS PELIGROSOS E n España no cabe un tonto más. Si albergan alguna duda, abandonen por unos minutos sus fuentes de información habituales y naveguen por el dial de la radio, la parrilla de televisión y las páginas de los periódicos. Se quedarán pasmados. Y no ante la furia de los fanáticos musulmanes, sino ante la estupidez de los progres occidentales. En particular la de los españoles, que- -una vez más- -se han lanzado en tropel a vituperar al Papa y a defender a capa y espada el derecho a la ira de los islámicos. Se trata de una faceta más de la mamarrachada general. Si un ex miALFONSO nistro del Gobierno de ROJO España, natural de Córdoba y candidato socialista a la presidencia de Generalitat afirma sin estar bebido que Rubianes es parte de la cultura catalana y que hay que exportarlo, cómo no va a aparecer en la Cadena SER un tipo de voz engolada asegurando que la yihad es el equivalente mahometano de la Teología de la Liberación cristiana. Eso o que el verdadero peligro es monseñor Cañizares y despropósitos mayores. Y no son oyentes coñazo los que sueltan semejantes sandeces, sino periodistas de relumbrón, profesores de universidad, políticos de peso y artistas de renombre. Es como si el personal hubiera perdido el sentido común. Aunque sólo fuera por su bien, a algunos y algunas, habría que recordarles que regímenes fieles cumplidores de ese credo que les parece tan auténtico y pacífico, ahorcan a los homosexuales y lapidan a las adúlteras. Y no es algo que hagan a escondidas. En internet, en esas webs que sirven de pantalla a Al Qaida y replican televisiones como Al Yasira, hay colgado un texto que dice: Romperemos la cruz y derramaremos el vino... Alá ayudará a los musulmanes a conquistar Roma... Nos hará capaces de cortar el cuello... a los infieles y déspotas Benedicto XVI tenía más razón que un santo y soltó una verdad como un templo, cuando citó a Mahoma en la Universidad de Ratisbona y concluyó que la difusión de la fe religiosa mediante la violencia es algo irracional. Dicho esto, es inevitable preguntarse la razón por la que proliferan los claudicantes los que olvidan que vivimos en el seno de una civilización que garantiza la libertad, intenta proteger al desvalido, no discrimina por razones de sexo o raza y genera progreso, para respaldar a facinerosos que amenazan al Vaticano, degüellan rehenes, asesinan monjas y tratan a la mujer peor que al burro. Lo único que se me ocurre, para explicar la proclividad musulmana de la izquierda europea, es que percibe el islamismo como una fuerza antisistema y por tanto como un engorro para Estados Unidos. Eso y que hay mucho tonto. Un manifestante salta sobre un coche de la Policía en medio del caos, el pasado martes por la noche en Budapest EPA Los manifestantes siguen pidiendo la dimisión del primer ministro húngaro Acusan al propio jefe del Gobierno de haber filtrado la polémica cinta b Mientras continuaban las protestas, Ferenc Gyurcsany insistió ayer en que no tolerará más violencia y aseguró que no piensa dimitir de su cargo ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS ENVIADO ESPECIAL BUDAPEST. Budapest anocheció ayer por cuarto día con la gente en la calle para exigir la renuncia del primer ministro socialdemócrata, Ferenc Gyurcsany. Unas diez mil personas se concentraron en la explanada frente al imponente edificio del Parlamento indignados por la grabación en la que el jefe de Gobierno reconocía haber mentido sobre la economía del país para ganar las elecciones del pasado abril. Unas protestas que, en la madrugada del martes, derivaron de nuevo en enfrentamientos con la Policía, cuando un grupo de 400 personas, muchos vinculados a grupos radicales de hinchas de fútbol y cabezas rapadas, trataron de asaltar la sede del Partido Socialdemócrata y fueron dispersados por los antidisturbios tras horas de enfrentamiento. La batalla dejó 57 heridos y un reguero de coches calcinados, aunque fue menos violenta que la del lunes, cuando asaltaron la sede de la televisión estatal. Pero aparte de estos disturbios, las protestas discurren pacíficamente. Varios centenares de personas se concentraban ayer ante el Parlamento, donde un ataúd con la foto de Gyurcsany anunciaba su muerte política. Entre el mar de banderas húngaras que enarbolan los manifestantes, muchas tienen un agujero en la franja central: un símbolo que recuerda la malograda revolución de octubre de 1956 contra el dominio soviético, cuando los húngaros recortaban la estrella de cinco puntas de su bandera nacional. Y es que los manifestantes insisten en comparar aquella revolución con las actuales protestas. Ex presos políticos La plataforma de intelectuales creada ayer para coordinar las manifestaciones cuenta entre sus filas con varios ex presos políticos de las cárceles comunistas. En el discurso de este grupo, la palabra revolución fue la más empleada para definir lo que estos días está pasando en Budapest e incluso se alabó a los asaltantes de la televisión. Y mientras la protesta seguía en la calle, Gyurcsany insistía en que no tolerará más violencia y aseguraba que no dimitirá. El Gobierno se mantendrá firme en el único camino posible: la política de reformas para asegurar el desarrollo y la Que diga que ha mentido no es una sorpresa. Ya lo sabíamos. Pero si lo admite públicamente, tiene que dimitir estabilidad económica aseguró, al tiempo que acusaba a la oposición de alimentar los disturbios. El primer ministro Gyurcsany dejó claro que no habrá marcha atrás en los recortes de subvenciones y la subida de impuestos decidida poco después de su reelección, lograda en parte por su promesas de, precisamente recorte fiscales. Unas promesas que han chocado con la triste realidad de un déficit galopante que se quiere atajar apretando el cinturón al país. Por eso, la famosa cinta con el primer ministro reconociendo sus mentiras ha sido sólo la gota que colmó el vaso de paciencia de muchos húngaros. Attila y Daniel, dos de los miles de manifestantes que aseguran seguirán protestando hasta que el Gobierno caiga, lo explicaban así a ABC; Que diga que ha mentido, no es una sorpresa. Ya lo sabíamos. Pero si lo admite públicamente, tiene que dimitir Sobre el origen de la cinta corren distintas versiones. Por un lado, la filtración a la prensa vendría de sectores contrarios a Gyurcsany dentro del propio Partido Socialdemócrata. Pero más sorprendente el rumor de que el propio primer ministro autorizó la difusión de la cinta para poner las cartas de la comatosa situación económica sobre la mesa y justificar sus reformas. De ser así y si la protesta no se diluye, la jugada puede costarle caro al primer ministro, cuya popularidad ha bajado al 20 por ciento a diez días de los comicios locales.