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ABC JUEVES 21 9 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA IBARRA, DEL OSCURO AL CLARO S LOS GENERALES ISRAELÍES SABEN L buscado enfrentamiento entre Benedicto XVI y una parte del islam podrá borrarse, quizás en pocos meses, tras las aclaraciones del Papa alemán. Parece como si las palabras de Joseph Ratzinger, conservador en materias de fe, inequívocamente abierto al desarrollo científico, hubieran sido cazadas a lazo. Quizá la cita de Manuel II Paleólogo, emperador bizantino de finales del siglo XIV, fuera una imprudencia formal (el islam de los siglos VII y VIII impuesto por la espada) Nuestros lectores, no obstante, deberían ver el texto integro, disponible en www. vatican. va. Benedicto XVI fue claro en Ratisbona: No actuar según la razón, según el logos, es contrario a la naturaleza de Dios. Es a ese gran logos al que invitamos a nuestros interlocutores en el diálogo de las culturas. Es la gran misión de la universidad No creemos que las réplicas, dispersas, constituyan una fabricación. Pero no deberían confundirse las distintas DARÍO voces. Recordamos cómo muchos pueVALCÁRCEL blos árabes o islámicos sienten un creciente malestar hacia democracias ricas, Estados Unidos y la Unión Europea en particular. En algunos casos hay una muralla de odio hacia el western world, el mundo occidental. El apoyo de Estados Unidos a Israel, cuantificable en armas y dinero, es una bofetada para millones de árabes. La invasión de Irak, donde una guerra civil larvada ha hecho ya 100.000 muertos, añade inevitables agravios. Millones de espectadores árabes se encuentran ahora con una fuerza expedicionaria en Líbano, compuesta sobre todo por tropas francesas, italianas, alemanas y españolas. El logos les invitaría a entender la presencia europea como acto de amistad hacia el mundo árabe: apoyo al sistema de Naciones Unidas, que aspira a respaldar a los árabes en sus demandas. En Washington, en el Congreso, empiezan a levantarse voces contra las cárceles secretas de Bush desde el Partido Republicano. Los senadores McCain, Warner y Lindsey Graham se han alzado contra la Casa Blanca E por su comportamiento inmoral y dañino- -son sus palabras- -para el prestigio de Estados Unidos, mientras el anterior secretario de Estado Colin L. Powell sale en defensa de las convenciones de Ginebra, frente al presidente Bush. El mundo comienza a dudar- -escribe Powell- -de las bases morales de nuestra lucha contra el terrorismo Bush ha reaccionado de inmediato en defensa de la legislación que cubre reglas especiales de interrogatorio a los sospechosos (contrarias a las convenciones de Ginebra) y ha recurrido a un argumento predilecto, el enemigo quiere atacarnos de nuevo. El origen musulmán de los 600 detenidos en Guantánamo explica también la hostilidad del islam. No es equivocado proponer el diálogo frente al choque de civilizaciones, como acaba de hacer el Papa. Alguien ha recordado una frase de José Fouché, ministro de Policía de Bonaparte. Dadme una frase aislable de su contexto y haré pagar al autor con la horca Benedicto XVI ha repetido un mensaje que comparte la mayor parte de los israelíes y palestinos: el arma del odio no admite ya más odio. Sólo el diálogo puede salvar el abismo que musulmanes y cristianos tienen ante sí. La cultura de la negociación, afirmada por Grecia hace 3.000 años, debe seguir su curso. Sin olvidar que en el último siglo el hombre ha encontrado armas capaces de liquidar la vida a escala planetaria. Quizá la sociedad iraní- -si se le consultara alguna vez- -no mostrara excesivo interés hacia el armamento atómico (aunque deba reconocerse su derecho a enriquecer uranio) Este verano hemos visto una muestra en miniatura: una entidad no estatal, Hizbollá, apoyada por dos potencias regionales, ha traído en jaque a uno de los buenos ejércitos del mundo, el israelí, imposibilitado de reducir los enclaves terroristas del sur de Líbano. Quizás arrasando el territorio libanés, o incluso con el arma nuclear, se hubiera conseguido (Israel tiene 128 bombas) Los generales israelíes saben, sin embargo, que un ataque de esta clase dañaría irreparablemente a Israel. Muchos europeos, amigos de Israel, lo creemos también. El logos tiene ahora una oportunidad. ÓLO las pesimistas leyes de Murphy, que enseñan que cualquier mala situación es susceptible de empeoramiento objetivo, pueden explicar la impronta amarga que ha dejado en la vida política nacional la retirada de Rodríguez Ibarra, tantas veces y durante tantos años exponente destemplado de los peores vicios clientelares y demagógicos del felipismo y del guerrismo. Ocurre, sin embargo, que la esperanzadora renovación generacional del PSOE emprendida por Rodríguez Zapatero ha devenido en una nomenclatura tan anodina y gris, y lo que es peor, tan deshabitada de sensatez y tan desarticulada de conceptos que en su mortecino espejo sin azogue se refleja una figura poliédrica y ambigua como la de IbaIGNACIO rra con el perfil hermoseaCAMACHO do de un paradigma ponderado de coherencia y un racional defensor de la cohesión del Estado. En medio del páramo zapaterista, poblado por oportunistas de fortuna, ventajistas sin escrúpulos, algún tahúr felipista y numerosos incompetentes elevados a la enésima potencia del principio de Peter, los veteranos virreyes del clientelismo territorial se habían convertido en el único contrapeso posible de la deriva irresponsable que pulveriza el viejo proyecto nacional del socialismo para sustituirlo por un conglomerado de adanistas republicanos, nacionalistas insolidarios y radicales permisivos, desprovistos de cualquier asomo del modelo homogéneo e igualitario que caracterizaba a la socialdemocracia. Ahora, orillados Paco Vázquez, Bono, Leguina e Ibarra; liquidado Redondo; estigmatizada Rosa Díez; convertido Chaves en un surfista sobre las olas de la coyuntura; neutralizado Guerra en una cómoda disidencia verbal y exportado el propio González al olimpo de las mediaciones internacionales, Zapatero ha dibujado un partido a su medida, poblado de medianías y sometido sin fisuras a su liderazgo. El presidente extremeño, tan excesivo, tan primario, tan despoblado de matices, era al menos un tipo capaz de hablar de España sin complejos en un momento en que la nación anda zarandeada por las corrientes deconstruccionistas del pensamiento débil. Como gobernante de una región pobre, sostenida por transferencias de renta interior y fondos europeos, conoce el grave peligro de desestructuración y fractura que se esconde en el proyecto confederal de los nuevos estatutos, y ha sido lo bastante honesto para denunciarlo en voz alta. Quizá porque, en el fondo, se sabía un elemento arrinconado y terminal en la nueva frontera de esta izquierda sin horizontes. Lleno de claroscuros y contradicciones, Ibarra ha aprovechado la traición de sus cansadas coronarias para tirar la toalla y dejar el campo libre de sus incómodos exabruptos que recordaban a muchos españoles el abandono del ideal de una nación de ciudadanos. Deja una Extremadura razonablemente desarrollada y se va con la conciencia tranquila, aunque nos deje a los demás aún más inquietos ante la que se nos viene encima.