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ABC MIÉRCOLES 20 9 2006 11 La caravana de la muerte de ETA y la del 11- M no tuvieron contacto, según un informe de la Policía Implicados en el caso Malaya atribuyen a distintas herencias el dinero encontrado en sus casas Silencio público de Zapatero mientras Chaves alaba sus convicciones En medio de la catarsis que para el PSOE supone la marcha de uno de sus más emblemáticos veteranos -con el que casi se puede dar por cerrada una etapa del socialismo español- el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, no dejó oír su voz para despedirle, mientras el conjunto de compañeros de partido se deshacían en elogios más o menos sinceros, más o menos sentidos. El presidente del PSOE y de la Junta andaluza, Manuel Chaves- -políticamente coetáneo de Ibarra- alabó de él sus fuertes convicciones así como la pasión a la hora de defenderlas, dentro y fuera del partido Chaves dijo estar convencido de que seguirá al servicio del partido dentro de sus límites pese a su decisión de no repetir como candidato en las próximas autonómicas, que no supone dejar la política informa Ep. Ya de paso, Chaves invitó a no sacar más lecturas de su renuncia que sus problemas de salud. Un símil futbolístico sirvió ayer a Juan Carlos Rodríguez Ibarra para aliñar su adiós después de 23 años al frente de la Junta de Extremadura. Cuando uno tiene ya una tarjeta amarilla- -dijo en lo que no todos interpretaron como alusión a su salud- -le pueden sacar la segunda Me siento como el jugador que ya no puede meter la pierna TEXTO: JOSÉ ENRIQUE PARDO rido un relevo en dos fases, como el llevado a cabo entre José Bono y José María Barreda en Castilla- La Mancha; es decir, que Ibarra se hubiera presentado de nuevo en 2007 y luego, pasado un tiempo, dejara la presidencia a su sucesor. Incertidumbre por el efecto electoral Aunque las declaraciones oficiales hablan de normalidad y tranquilidad algunos dirigentes confesaban ayer en privado cierta inquietud por el impacto electoral que puede tener la retirada de quien ha sido el único presidente autonómico que hasta ahora ha conocido Extremadura, donde Ibarra ganó por seis veces consecutivas las elecciones autonómicas, pero donde el PP derrota al PSOE en las principales poblaciones en las elecciones locales. MÉRIDA. Rodríguez Ibarra apeló ayer a su delicada salud (sufrió un infarto el pasado noviembre) para abandonar la vida política y llegó a decir que, aunque sigue teniendo fuerzas para seguir, teme que eso mismo acabe quebrándole. Para recorrer el camino que le queda por delante a Extremadura hacen falta ganas, fuerza y salud dijo Ibarra, y aunque yo sigo teniendo ganas y fuerza, eso mismo es curiosamente lo que perjudica a mi salud. Ha llegado el momento de que alguien me sustituya La coartada de Ibarra es tan buena que difícilmente se pueden hacer especulaciones acerca de las verdaderas razones que se esconden tras su renuncia, pero hay circunstancias que no se pueden pasar por alto. Las palabras pronunciadas ayer por el presidente extremeño ocultan un doble y ambiguo sentido. Es verdad que el infarto sufrido por el presidente extremeño había mermado mucho su capacidad de cumplir con la vertiginosa agenda a la que tenía acostumbrados a sus colaboradores y a los periodistas, pero no es menos cierto que el rumbo dado por Zapatero al PSOE había descolocado completamente a Ibarra. Siempre había pasado por ser el azote de los nacionalismos periféricos, llegando a plantear incluso una reforma electoral que restase representación parlamentaria a estas formaciones políticas. Un Rodríguez Ibarra que llegó a aceptar, con resignación, la reforma del Estatuto de Cataluña, pero que reconoció más tarde que lo había aprobado por disciplina de partido. El mismo que se había opuesto frontalmente al pacto de gobierno del PSC con Esquerra y que a duras penas había aceptado formalmente (otra cosa es interiormente) los contactos del Gobierno con ETA sin que los terroristas abandonaran las armas. Por todo ello, cuando Ibarra habló ayer de sus problemas de salud como obstáculo para continuar en política y seguir peleando, no todos creyeron que se refería a la pelea regional con el PP, sino a otra mucho más sórdida y dificil: la que el veterano dirigente extremeño llevaba meses librando en su interior, la de la contradicción diaria entre lo que él llevaba defendiendo públicamente durante años y lo que estaba haciendo su partido desde que Zapatero llegó a La Moncloa. Por culpa del estrés En un momento de su intervención de ayer ante los periodistas Ibarra reconoció que el accidente cardiovascular que sufrió en Madrid fue por culpa del estrés y de su forma enérgica de afrontar los problemas. Y utilizó un símil futbolístico para explicar lo que le podría pasar si hubiese decidido seguir: Me sentiría como un jugador de fútbol que no es capaz de me- Ha lidiado la contradicción interna entre sus postulados y las actuaciones del Gobierno de Zapatero Asegura que no se iría si sospechara que el PSOE extremeño puede perder las elecciones sin él ter la pierna porque se la pueden romper, o porque ya tiene una tarjeta amarilla y le pueden sacar la segunda Todo indicaba que en esa comparecencia pública Ibarra deshojaría al fin la margarita de su futuro político, pero pocos esperaban que esa decisión fuese la de abandonar la vida política y renunciar a la reelección como presidente de la Junta. Era tan sólo una posibilidad bastante poco creíble hasta que Ibarra empezó a hablar y dijo que ya no iba a pedir nada a los extremeños y que por eso podía presumir de lo mucho que había avanzado la región en los últimos años En ese momento empezaron a asomar las primeras lágrimas en los ojos de los socialistas presentes en la sede regional del PSOE, donde Ibarra había celebrado hasta seis victorias electorales consecutivas. Sin embargo, Ibarra permaneció impasible pese a la emotividad del momento y siguió desgranando el mensaje que quería lanzar a los extremeños en uno de los momentos más importantes de su vida, asegurando que comunicaba su renuncia con ánimo sereno, sin fatiga pero con realismo y también que lo hacía después de haber superado uno de los mayores dilemas éticos de su vida. Relató que fue el pasado lunes cuando comunicó a Zapatero su intención de renunciar a la reelección, en el transcurso de una comida en Moncloa. Sobre el proceso de elección de su sustituto, manifestó su intención de sentarme en el asiento de atrás y dejar que el partido decida Cuando uno habla- -añadió- -lo único que hace es molestar al conductor y puede provocar accidentes Adujo que no se iría si sospechara que el PSOE extremeño puede perder las elecciones sin él.