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30 Internacional MARTES 19 9 2006 ABC ¿ES TURQUÍA ASIMILABLE? Hace aproximadamente veinte años, cuando comenzaba a plantearse la entrada de Turquía en las instituciones europeas, un entonces joven redactor de ABC, hoy autoridad y yo escribimos un breve reivindicando la identidad cristiana de Europa y, por lo tanto, la necesaria exclusión de Turquía. A ambos nos sorprendió tiempo después la ligereza con la que la Unión Europea recibió la petición turca de incorporación, aceptándola como posible y remitiéndose a cuestiones de homologación para establecer el momento oportuno. La Unión Europea no nació con vocación de globalidad, sino de organismo regional. Como tal requiere de una idenFLORENTINO tidad que le proporcioPORTERO ne cohesión, más aún cuando el proceso de unificación es extremadamente complejo. Y esa identidad sólo la puede proporcionar nuestra historia común, ese formidable legado judeo- cristiano que está en la base de la Ilustración y de todo el proceso jurídico y político posterior. Desde entonces se han barajado argumentos de orden estratégico interesantes para justificar su incorporación. Turquía es un estado musulmán, una democracia algo peculiar, un miembro de la OTAN. Su entrada en la Unión daría más estabilidad a un proceso político difícil, actuaría como ejemplo e imán para otros estados musulmanes, tanto en Oriente Medio como en Asia Central. En Estados Unidos y en Israel son muchos los que apoyan su ingreso, casi tantos como los que en Europa se oponen. ¿Podría la Unión asumir una población de más de sesenta millones de turcos con unos índices económicos y de desarrollo humanos más bajos que la media? ¿Sería Europa viable con un número tan alto de musulmanes en su seno? Pros y contras son sensatos y realistas. Sin embargo, no todos los argumentos tienen una importancia semejante. ¿De qué nos valdría ser capaces de asimilar a una población determinada si perdemos nuestra identidad y, con ella, a medio plazo, nuestros valores, leyes e instituciones? La clave, desde mi punto de vista, está en saber si la sociedad turca está dispuesta, por cultura y por voluntad, a incorporarse plenamente a nuestros valores comunes. O si, por el contrario, realizan una apuesta diplomática para mejorar sus condiciones de vida, sin renunciar a aquellos elementos que son contradictorios con nuestra cultura. Las palabras del presidente Erdogan y de distinguidas figuras de la mayoría parlamentaria turca, a propósito de la intervención de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, dejan bien a las claras hasta qué punto Turquía, a día de hoy, está muy lejos de Europa. Si lo que Su Santidad dijo allí a propósito de la relación entre razón y fe, del diálogo entre religiones y del rechazo al uso de la violencia para imponer la propia fe causa escándalo en aquellas tierras, es evidente que Turquía no está en condiciones de entrar en la Unión. El Vaticano documenta su defensa a los judíos en el nazismo con Pío XI de Papa La Santa Sede abre los archivos de ese periodo (1922- 1939) aportan información inédita e importante sobre la Guerra Civil española, el comunismo, la Italia fascista y la anexión de Austria JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Convencido de que la transparencia es la mejor medicina, el Vaticano abrió ayer a los investigadores los archivos de Pío XI (Achille Ratti) en cuyo Pontificado, de 1922 a 1939, se produjeron acontecimientos como la Guerra Civil española, la resistencia de la Iglesia al nazismo hasta llegar a la encíclica de condena Mit brennender Sorge Con ardiente preocupación de 1937, y el prólogo a la Segunda Guerra Mundial. Los documentos internos del Vaticano en esos 17 años tormentosos suponen 30.000 carpetas que suman millones de páginas y darán trabajo a los historiadores durante varias décadas. El prefecto del Archivo Vaticano, Sergio Pagano, adelantó que los historiadores se encontrarán matices muy importantes, la mayoría de ellos inéditos, sobre la política de la Santa Sede, y podrán clarificar temas muy delicados como las relaciones con el comunismo, el nazismo, el fascismo, las cuestiones raciales y los judíos Tan sólo ayer, en la primera jornada, presentaron sus cartas 60 historiadores, pues la consulta de los fondos documentales no está abierta al público sino a quienes representen universidades o institutos de investigación, con independencia de su línea histórica o ideológica. Algunos especialistas acuden a consultar documentos específicos sobre un tema, como pueden ser las relaciones del Vaticano con la Segunda República española o con el general Franco, por citar dos ejemplos. b Millones de páginas Pío XI luchó contra la ideología racista y pagana del III Reich conocía muy bien el peligro del nazismo, y sus juicios como secretario de Estado eran mucho más severos que los de su sucesor en la nunciatura de Berlín. A diferencia de los protestantes alemanes y de buena parte de los católicos de ese país, la Santa Sede vio el tremendo peligro que se avecinaba. Aun así, negoció con Hitler en 1933 un concordato para proteger a la Iglesia católica alemana en la medida de lo posible. Tras las leyes antisemitas de 1934, los obispos alemanes denunciaron ya con fuerza el régimen de ABC La figura de Pacelli El mayor interés se centra en la actitud de la Santa Sede y sus diplomáticos ante el auge del nazismo en Alemania y, concretamente, en un personaje clave: el cardenal Eugenio Pacelli, nuncio en Alemania de 1917 a 1929 y secretario de Estado desde 1930 hasta 1939, en que fue elegido Papa, tomó el nombre de Pío XII y desarrolló la mayor actividad de ayuda a los judíos perseguidos en los países ocupados por Hitler, como reconocieron las principales organizaciones judías al acabar la guerra. El historiador judío Pinchas Lapide escribió en 1967: La Santa Sede, los nuncios y la Iglesia católica salvaron de la muerte de 740.000 a 850.000 judíos Con 12 años en Alemania, Pacelli Los documentos inéditos del Vaticano darán trabajo a los historiadores durante décadas La encíclica Con ardiente preocupación condenó la ideología nazi ya en 1937 Hitler, y en 1936 pidieron unánimemente al Papa una encíclica sobre el nazismo. Pío XI convocó en Roma a los tres cardenales alemanes y a los dos obispos más combativos para preparar en secreto con el secretario de Estado, Eugenio Pacelli, la encíclica Mit brennender Sorge Con ardiente preocupación que condenó la ideología racista y pagana del Tercer Reich. La encíclica fue llevada en secreto a Alemania e impresa clandestinamente allí, donde fue leída desde los púlpitos. En represalia, Hitler confiscó las imprentas católicas y encarceló a cientos de personas. En 1938, cuando Hitler visitó Roma por invitación de Mussolini, Pío XI se fue a Castelgandolfo para marcar su desacuerdo con él. Algunos documentos inéditos muestran la sensibilidad de Pacelli ante la persecución de los judíos, como su respuesta en menos de una semana a Edith Stein, la profesora judía de filosofía convertida al cristianismo y luego asesinada en Auschwitz. Le informaba de que había trasladado al Papa su carta de abril de 1933, en la que pedía ayuda para su pueblo perseguido.