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ABC MARTES 19 9 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR ANTONIO PAPELL UNA HISTORIA DEL AGUA Naciones Unidas recomendaba prescindir no sólo de los trasvases, sino también de las grandes y aparatosas estructuras, proponiendo su sustitución por otras actuaciones ONOCÍ al ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Manuel Díaz- Marta (1909- 1998) a principios de los noventa. Fue a verme para un asunto que no hace al caso, invocando nuestra común profesión- -que yo ya no ejercía desde muy atrás- e inmediatamente trabamos una fluida amistad, inicialmente espoleada por mi curiosidad periodística. Díaz- Marta, histórico socialista, había sido uno más de nuestros ilustres exiliados y acabó siendo un reputado y alto funcionario de las Naciones Unidas, experto en política hidráulica con sólido prestigio. Retornado a España, el PSOE fue sensible a su sacrificio político y a sus méritos intelectuales y lo presentó al Senado en 1979 y en 1982; fue parlamentario entre 1979 y 1986. Díaz- Marta ha dejado algunas publicaciones sobre su especialidad y, más concretamente, sobre la evolución de la política hidráulica española desde la Ilustración hasta nuestros días, con recomendaciones acerca de cuál debería ser el rumbo futuro de dicha política a la luz de las grandes tendencias internacionales. Sus tesis son evidentemente anteriores al debate suscitado después, y que todavía está en pleno fragor, sobre la pertinencia o no del gran trasvase del Ebro hacia las cuencas del sureste peninsular. Y por ello me parece interesante referir siquiera en escorzo la opinión del ilustre científico desaparecido. Ha explicado Díaz- Marta brillantemente en sus escritos de la citada especialidad el arranque de las primeras grandes realizaciones borbónicas en el XVIII- -el Canal de Castilla y la Acequia del Ebro, después Canal Imperial- el frecuente arbitrismo de las distintas iniciativas de aquella centuria; el mayor rigor científico del XIX (en 1802 se creó la Escuela de Caminos, aunque suspendida durante la guerra de la Independencia y la reacción fernandina hasta 1835) y los avances, ya mucho más pragmáticos, en aquel siglo de las obras de regadío, por las que tanto pelearon Joaquín Costa y los regeneracionistas. Pero lo realmente interesante de su obra es el relato crítico de lo ocurrido en el siglo XX. Desde 1900 a 1936, se desarrolló una gran actividad: las empresas hidroeléctricas construyeron incontables represas y saltos de agua y el Estado acometió la ejecución de numerosos embalses y canales de riego; en aquella etapa se afirmó la idea de interdependencia de los elementos hidráulicos y económicos de una cuenca, y en 1926 se creó la Confederación Hidrográfica del Ebro, que sirvió de modelo en Estados Unidos y otros países adelantados. El plan Gasset de 1902 y las iniciativas del conde de Guadalhorce durante la dictadura de Primo de Rivera fueron los grandes soportes planificadores de aquel desarrollo. Pero fue Indalecio Prieto quien, durante su ministerio (1931- 1933) marcó los vectores de la política hidráulica moderna mediante el Primer Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933. En él se recogían los viejos anhelos de Costa y las recomendaciones de los hidrólogos de embalsar nuestros ríos para corregir su extraordinaria irregularidad. El franquismo siguió a pies juntillas, y con encomiable afán, los designios sembrados por Costa primeramente- -ha escrito Díaz- Marta- -los ejemplares C del Plan de Prieto fueron arrojados a las llamas. Poco después, los que quedaron fueron considerados como la Biblia para lo que quedaba por hacer Durante la etapa republicana, la capacidad de los embalses aumentó a razón de 420 hectómetros cúbicos anuales; tras la guerra aquel incremento se redujo a 183 (el 44 por ciento) pero entre 1955 y 1967 el esfuerzo fue tan ímprobo como sorprendente: la capacidad de almacenamiento pasó de 6.700 hectómetros cúbicos a 25.400... Con todo- -pensaba y escribía Díaz- Marta- -el apego incondicional al Plan de Prieto de 1933 provocó un gran estancamiento conceptual: se seguía planificando y actuando con criterios antiguos cuando las grandes tendencias de la política hidráulica ya iban por otros derroteros. El plan mencionaba, ciertamente, aunque con cautelas, los trasvases de aguas superficiales entre cuencas, y, como es conocido, en los sesenta se acometieron grandes infraestructuras para detraer el agua del Tajo y de otros ríos para transferirla a los litorales mediterráneos. Y ya en aquel momento, Díaz- Marta, a la sazón consultor e inspector de proyectos de ingeniería hidráulica del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se opuso a aquellos designios, aunque sin encontrar, como es natural, eco alguno en el interior. Naciones Unidas creó por entonces una importante Comisión encabezada por el arquitecto y urbanista griego Dioxades, que se pronunció abiertamente en contra de la política de trasvases: Transferir el agua de una comarca a otra es transferir su porvenir Debemos pensar en términos de reciclar todo para reducir el despilfarro y la contaminación. Pensamos solamente en términos unidireccionales en lugar de concentrarnos en sistemas circulares en los cuales reconvirtamos los desechos en productos útiles... En definitiva, Naciones Unidas recomendaba prescindir no sólo de los trasvases, sino también de las grandes y aparatosas estructuras, proponiendo su sustitución por otras actuaciones, principalmente: a) captar las aguas subterráneas y aprovechar los acuíferos como embalses regulables y utilizables; b) economizar agua en los regadíos; c) depurar y reutilizar las aguas residuales de los centros urbanos e industriales y de los cultivos; d) desalar, potabilizar y utilizar las aguas salobres y marítimas en los litorales. Es evidente que el actual Gobierno socialista, cuyos miembros ni siquiera saben seguramente quién fue Díaz- Marta, está siguiendo estas pautas. Aunque reconocido relativamente por su retorno del exilio, Díaz- Marta fue muy crítico con sus conmilitones hasta su muerte, y no sólo en materia de política hidráulica. De cualquier modo, éstas sus ideas son evidentemente anteriores al debate actual. Y quizá podrían servir de base a una nueva discusión más técnica que política, más basada en la racionalidad que en la vehemencia de las rivalidades regionales, la enemistad política o la superficialidad de las simples apariencias. Escritor REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO EXÉGESIS DEL PAPA Y DEL 11- M Ya se trate de Benedicto XVI o del futuro de España, la exégesis perversa de la palabra y la información puede precipitar trágicos descarríos. Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) publica un largo y matizado análisis de Paul Ingendaay sobre las controversias periodísticas relacionadas con las presumidas conspiraciones sobre el 11- M, temiendo que alguien esté mintiendo y preguntándose: ¿Quién? FAZ describe una situación altamente confusa, fomentada con revelaciones y ocultaciones siempre más complejas, difícilmente verificables, cuando no rocambolescas. FAZ espera que puedan despejarse los fantasmas del pasado para evitar el riesgo de caer en tentaciones más o menos fanáticas. La controversia musulmana contra Benedicto XVI, atizando las amenazas terroristas, también suscita llamamientos a la razón. En Beirut, L Orient Le Jour teme llamaradas trágicas: Si la crisis no tuviese un epílogo rápido, los cristianos del Líbano y de todo Oriente Medio se encontrarían en una posición muy delicada púdica alusión a los riesgos de violencias físicas propiciadas por los partidarios del proselitismo musulmán violento En Londres, el Telegraph se pregunta. ¿Cuándo han pedido disculpas las jerarquías musulmanas por las atrocidades criminales cometidas recientemente en nombre de Alá? Y agrega: Los hombres de Iglesia debieran enseñar a sus colegas musulmanes cómo aceptar las críticas En un comentario titulado Por qué el Papa lleva razón William Rees- Mogg escribe en el Times londinense: Benedicto XVI habrá hecho un gran favor al islam si consigue que los musulmanes acepten el debate público Sin embargo, Rees- Mogg recuerda que, en verdad, una parte significativa de la comunidad islámica está convencida de que los suicidas que ponen bombas son mártires que cumplen un deber religioso En Bruselas, EUObserver publica una larga crónica afirmando que la Comisión, órgano ejecutivo de la UE, defiende la libertad de expresión del Papa En Londres, Guardian, Times, Independent y Financial Times, consagran mucho espacio al acuerdo sobre Gilbraltar, pero nadie cree que se haya resuelto el problema de fondo sobre la soberanía del Peñón. Por su parte, Financial Times continúa su melancólico goteo sobre la burbuja inmobiliaria española, anunciando, una vez más, un enfriamiento suave del mercado, sin que se descarte nunca una corrección brutal si se precipitasen crisis imprevisibles. A corto plazo, Financial anuncia precios estables o a la baja e hipotecas a la alza.