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ABC MARTES 19 9 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA SANTA IRA UANDO algún fiero ayatoláh o algún líder espiritual musulmán lamente en público que unas palabras suyas hayan podido herir a otros creyentes, como ha hecho el Papa, quizá podamos empezar a creer en la igualdad moral de las civilizaciones y demás utopías del pensamiento políticamente correcto. -Oiga, yo es que estoy hecho un lío. ¿Me puede usted aclarar qué es lo que ha dicho el Papa para que se arme tanto jaleo? -Pues, en resumidas cuentas, y dentro de un discurso muy complejo sobre la razón y la fe, citando a cierto emperador bizantino, vino a decir BenedictoXVI queel islam tiende a imponer sus creencias mediante la guerra santa... ¿Y no es verdad eso? -Claro que es verdad. Como también lo es que la IGNACIO Iglesia Católica, que en CAMACHO otro tiempo utilizó la violencia y la represión para afirmar su doctrina, sí ha evolucionado y pedido perdón por sus errores históricos. Pese a lo cual, y sabiendo que llevaba razón, Benedicto XVI ha preferido plegar un poco las velas ante la santa ira musulmana para no entorpecer el diálogo religioso, y para no echar leña a un fuego que ya está bastante caliente. -Ya. Igualitoque ciertos imanes que predican por ahí... -Pues eso. He ahí un gesto de generosidad moral que no va a ser reconocido, no ya porel mundoislámico, cuyasvoces moderadas se oyen cada vez menos en medio de la crecida fundamentalista, sino en el propio mundo occidental, donde en seguida han surgido las habituales críticas de inoportunidad política contra el Pontífice. ¿Pero no se supone que los occidentales creemos en la libertad de expresión? -Sí, sí, ya. Libertad de expresión para combatir la libertad de expresión. Como en el caso de las caricaturas danesas. Y uno de los que han salido exigiendo disculpas para rebajar la tensión junto a reconocidos tolerantes como el rey de Marruecos, ha sido el ministro español de Exteriores... -Vaya por Dios. Cómo íbamos a faltar nosotros en ese lío. ¿Y de las barbaridades de los iraníes y otros colegas ha dicho algo el señor Moratinos? -No, hombre. A ésos más vale no incomodarlos mucho, no se vayan a enfadar. Esos no crean tensión... ¿Pues sabe usted qué le digo? Que no me parece del todo bien que Benedicto XVI se haya echado atrás. -Bueno, no vamos a enmendarle la plana al Papa, ¿no? Que además no se ha echado atrás, sino que se ha declarado consternado por el revuelo de los radicales. Él sí es un hombre de paz. Está convencido de que su misión es acercar, y no dividir, y debe andar perplejo ante este escándalo ficticio y desproporcionado. Por eso le decía que se echa de menos que el islamismo moderado y no violento, cada vez más débil, dé alguna señal de vida. Sólo se han oído las amenazas furibundas de los extremistas y la protesta de los teócratas, un clamor de intolerancia que no hace sino ratificar lo dicho por el Pontífice. Y ni siquiera se han conformado con la aclaración, como era de esperar. O sea, el doble rasero de siempre... C ISLAM Y LIBERTAD RELIGIOSA L extremismo religioso alcanza la magnitud de una amenaza global con estrategias de movilización y manipulaciones de la verdad que en sus momentos más álgidos- -véase la reacción ante la conferencia de Benedicto XVI en Ratisbona- -dan la razón a quienes temieron un choque de civilizaciones. Entre los países con índice más elevado de represión religiosa están Birmania, China, Eritrea, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudí, Sudán y Vietnam, según el informe anual del Departamento de Estado norteamericano. Aquella vieja libertad religiosa que el secularismo considera una antigualla puede costarle la vida a quien quiera disfrutarla. Otros países son Turkmenistán, Pakistán y Uzbekistán. Tal coerción a la libertad religiosa se está produciendo precisamente cuando- -como dice el profesor Huntington- -tiene su lógica que los procesos de globalización acaben provoVALENTÍ cando que entidades más amplias, coPUIG mo la religión o la civilización, adquieran una mayor importancia para los individuos y los pueblos. En las diferentes formas de respeto a las minorías religiosas estriba- -por ejemplo- -una clara distinción entre Occidente y el islam, sin garantía de reciprocidad. Todo tiene su vínculo con la libertad de expresión y la libertad de conciencia, como se ve en los países con regímenes autoritarios, netamente totalitarios o de naturaleza tan mixta como indefinida, según lo constatamos en Vietnam o China. La ley garantiza la libertad religiosa en un Estado que, como Afganistán, tiene por religión el islam, pero la realidad del día a día es muy distinta, como sabe la minoría hindú. En Brunei se restringe la expansión de otras religiones que no sean el islam. En Birmania el régimen impone su versión del budismo. El budismo tibetano, el culto islámico y las iglesias cristianas están padeciendo drásticas formas de persecución y control en China. Cuba es manifiestamente hostil a la E expresión de la libertad religiosa en los templos católicos. En Egipto, por ejemplo, el Estado- -amenazado a su vez por el fundamentalismo- -obstaculiza la conversión del islam a la cristiandad. En el caso de Irán, la situación ha empeorado, especialmente desde la llegada del presidente Ahmadinejad: los ataques contra ciudadanos de fe cristiana han ido en aumento. De Corea del Norte se tiene noticia de acoso a la práctica cristiana, bajo pena de trabajos forzados. Arabia Saudí no reconoce otra religión que el islam y la práctica pública de otras religiones está prohibida. Esos son sólo unos ejemplos. De acuerdo con el apartado concerniente a libertad religiosa en el informe anual de Freedom House (2005) el número de países considerados libres era de 98; los no libres eran 45. En general, los observadores hablan de mejora paulatina, pero lo cierto es que toda represión de la libertad religiosa a inicios del siglo XXI, con internet y la televisión por satélite, es un siniestro vestigio de fosos y mazmorras, de intolerancia y de sistemas políticos al margen de la separación entre Iglesia y Estado. Así fue como la libertad religiosa, en no pocos aspectos, fue la primera de las libertades. No le valen eufemismos a la hora de denunciar cualquier violación de esa primera libertad. Ortega y Gasset decía que la fe mahometana consiste, ante todo, en creer que los demás no tienen derecho a creer lo que nosotros no creemos. Sin duda el islam de hoy es mucho más diverso y evolutivo, pero a la vez percibimos un inquietante desequilibrio entre las minorías radicales y la mayoría moderada. En los últimos tiempos, quienes determinan cada vez más el tono del islam son los fundamentalistas y no las gentes de la moderación. Ese es un problema para el islam, pero también para el resto del mundo, y especialmente para quienes quieran ejercer la libertad religiosa en tierras hegemónicas del islamismo más inflexible. Ese islam moderado que iba a ser la solución está tardando mucho en dejar oír su voz. vpuig abc. es