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ABC LUNES 18 9 2006 Deportes 101 Vinokourov y Kivilev descubrieron el ciclismo para su país, una enorme estepa llamada Kazajistán, que ahora cuenta con un equipo profesional, el Astaná EL PODIO DE LA RONDA 2006 El clan de los kazajos TEXTO J. GÓMEZ PEÑA MADRID. No somos muchos, pero estamos muy unidos Kazajistán es una estepa. Un mar vacío. Quince millones de habitantes desperdigados por un territorio que multiplica por seis a España. Un país reciente: hace una década que se soltó de la vieja Rusia. Quizá por eso hay un lazo que une a los kazajos. Al menos, a sus ciclistas. Son como una hermandad. En 1996, a Kivilev y a Vinokourov le ofrecieron un billete al pelotón profesional, con el equipo Roslotto ruso. Les pusieron una condición: conservar el pasaporte ruso. Se negaron. Querían formar su propia tropa. Vinokourov, un alumno de Biología y Educación Física, se había formado en la escuela ciclista del Ejército, en el CSKA. Y había cumplido el servicio militar en el Dynamo, el equipo de la policía. Educación castrense. Pero querían ser sólo kazajos. Años después, un martes de marzo de 2003, Kivilev se partió la cabeza en la París- Niza. Murió esa noche. Tres días más tarde, Vinokourov levantó su retrato en la cima del Mont Faron. Ganó por él. He sentido su fuerza Su cara, hermética, se bañó en ese recuerdo. Un maillot, un pañuelo. Fue un momento. Se rehizo y se ocupó de la familia del caído. Ahora se encarga de Kashechkin y de los kazajos que vienen. El nudo oriental. No nos importa si corremos en dis- tintos equipos. Cuando gana uno de los nuestros, gana Kazajistán. A mí me llaman el general, Kivilev era mi lugarteniente y los jóvenes, nuestra armada confesaba Vinokourov hace tres años en L Equipe Eran los precursores. Hubo un pionero, Nikolay Golovatenko, el primer kazajo profesional: en 1989, en el Alfa Lum. Luego le siguieron Teteriouk y Shefer. Exploradores. Migas de pan en el camino. Vinokourov aún era un chaval con el póster de Soukhoroutchenkov, el mito del ciclismo soviético, en la habitación. Un joven serio de Petropavlovsk, una ciudad de 300.000 vecinos al norte de Kazajistán. Inviernos bajo cero: hasta menos treinta grados. Apenas unos meses para andar en bicicleta. A Vino le gustaba el baloncesto. Pero no daba la talla: apenas 1,74. Le consoló un amigo, el que le prestó una bicicleta artesanal. Hecha a mano. Así descubrió su vocación. Creció en un ciclismo de supervivencia. Por cada victoria, le daban una pieza para la bici. Pronto completó el puzzle: manillar, frenos, ruedas... Con 12 años le llevaron a Almati, entonces capital del país. A competir en el velódromo. Por cada triunfo le daban una nueva corona de piñones. Enseguida tuvo de sobra. Kazajistán era y es un país devoto de los deportes de contacto: la lucha, el boxeo, el judo. Rudos. Así son sus ciclistas. Hechos a la con- Vinokourov, ganador Valverde, segundo Kashechkin, tercero Egoi Martínez, montaña Hushovd, regularidad Bertrán, Discovery Erik Zabel ganó una etapa que se paseó por Madrid EFE tra. Ni siquiera sus padres veían bien su idilio con la bicicleta, ese extraño deporte. Eso sí, tuvieron que trampear una antena para robar imágenes de Eurosport, escenas del Tour, de las clásicas. Un nuevo mundo. Vinokourov ya sabía el camino. Lo inició en la Vuelta a Malasia 1997. A Gilles Mas, ojeador del equipo Casino francés, le habían hablado de un par de kazajos: Kivilev y Vinokourov, dos chicos que crecían juntos desde los trece años. Dos hermanos. Decían que eran buenos. Más que buenos. El técnico no lo dudó: les ofreció Francia, el pelotón amateur galo. A la maleta. Llegaron sin nada a Sorbiers, al lado de Saint Etienne. Dos ciclistas y sus esposas. Los cuatro en el mismo apartamento. Familia. A Vinokourov lo fichó el Casino. A Kivilev, el Festina. Pero siempre unidos. En el Tour de 2001, en aquella etapa camino de Pontarlier marcada por una fuga bidón Kivilev se puso al frente de la general. Ese día, Vinokourov también iba en la escapada, pero pinchó y se dejó coger. Con él en el grupo, la aventura no hubiera llegado. Hasta el destino favorecía su solidaridad. Vino ya era un icono nacional. Por su medalla de plata en los Juegos de Sidney, tras Ullrich y por delante de Kloden. Recibió la medalla al Mérito, entró en ese coto de menos de 150 héroes kazajos. Y más aún cuando acabó tercero en el Tour 2003. Un jinete salvaje, un ciclista que siempre ataca. Indómito. En el Galibier, camino de Gap en la etapa que tumbó a Beloki, y hasta en el Campos Elíseos de París. Un símbolo. Una bandera. A veces, todavía busco a Kivilev en el pelotón De la misma edad, nacidos en el mismo mes, septiembre; en el mismo año, 1973; en el mismo país, Kazajistán. Dos en uno hasta que un descenso dividió sus biografías. Ahora, Vinokourov continúa la misión. En memoria del amigo. Con el relevo a su lado, con otro Andrei, Kashechkin, con Basayev, con Yakovlev... Con un equipo bautizado igual que la capital de su país, Astaná. Con pasaporte kazajo. El tatuaje del clan de Vinokourov. OFICINA DEL CENSO ELECTORAL DELEGACIÓN PROVINCIAL DE MADRID Ley Orgánica 5 1995 del Tribunal del Jurado SORTEO DE CANDIDATOS A JURADOS En cumplimiento de lo dispuesto en el Art. 13.2 de la Ley Orgánica 5 1995, de 22 de Mayo, del Tribunal del Jurado y del Real Decreto 1398 1995, de 4 de Agosto por el que se regula el sorteo para la formación de listas de candidatos a jurados, esta Delegación informa que dicho acto tendrá lugar a las 12 horas del día 25 de Septiembre de 2006 en la SALA DE VISTAS CERO de la Audiencia Provincial (c Santiago de Compostela, 96, planta baja) lo que se comunica para general conocimiento. Madrid, 18 de Septiembre de 2006 EL DELEGADO PROVINCIAL DE LA OFICINA DEL CENSO ELECTORAL