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ABC LUNES 18 9 2006 Deportes CAMPEONATO DEL MUNDO DE MOTOCICLISMO GRAN PREMIO DE AUSTRALIA 97 PERFIL Hay genes predestinados. Nació para esto. A los tres años montó en moto y ya no se bajó. Campeón de minimotos a los diez, Puig vio su potencial, pero tuvo que llegar arriba solo El piloto perfecto T. GONZÁLEZ- MARTÍN Bautista celebra su título en el podio con la camiseta de campeón del mundo REUTERS Pelo tieso, engominado el flequillo sujeto hacia arriba. Quiere ser él mismo y su originalidad se plasma en su imagen y en su maestría sobre la moto. Desea ser distinto y, en efecto, en la pista no se parece a nadie. Así ha sido siempre. Es una rara avis en este duro deporte. Posee ese toque de distinción que diferencia a los buenos pilotos de los rápidos. Los veloces suelen caerse. El manchego no es el que más corre ni es el más agresivo. Pero es el mejor, porque es el más completo. Confiado en una técnica monumental, frena más tarde que nadie, adelanta por sitios insospechados para adquirir el primer puesto y alberga ese poder de los líderes que le permite marcar un ritmo y escaparse para exprimir la máquina y su capacidad humana hasta conocer su límite. Más quisiera Hayden tener esa varita mágica para imponerse un tope. Este chaval la exhibe sin complejos. Ya la enseñaba en 1993, con ocho años, cuando fue segundo en el campeonato de minimotos de Madrid. Era su primera demostración pública de un arte que le conquistó desde que, a los tres años, se subió a su primera moto. En ese momento descubrió que estaba destinado para esta locura. Su debut en Madrid fue el preludio de su explosión. Campeón de minimotos en 1994 y en 1996, ascendió a la Copa Aprilia. Empezó así su carrera hacia el más allá, ayudado desde el más acá por el sacrificio de sus padres. Una progresión constante Quinto en 1997, tercero en 1998, en la campaña siguiente comenzó a jugársela en los exámenes finales Se presentó ante Alberto Puig, junto a centenares de chavales, para ser seleccionado en la Copa Movistar. Fue quinto, superado por Lorenzo y Olivé. Octavo en el 2000, Puig le tuvo como piloto suplente. No podía quedarse así, en la reserva. En 2001 corrió con el team Belart y la falta de medios le dejó al borde de la retirada. Compitió en el Jarama con una última condición: si lo hacía mal, lo dejaba. Iba a ser tercero cuando un rival le tiró. Ya meditaba el adiós, una vida normal, y recibió la llamada del BQR, que le ofrecía moto y mecánicos si él pagaba. La familia pagó y comenzó su ascenso hacia el estrellato. Segundo en el Campeonato de España 2002, afrontó el Mundial en 2003. Vigésimo, repitió su título español. Y en 2003 se produjo su progresión internacional. Séptimo, Aspar ya le quiso cazar. El desastre del Honda Seedorf en 2005 le permitió fichar con Jorge y tocar el cielo.