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64 Toros LUNES 18 9 2006 ABC BARCELONA FERIA DE LOGROÑO El Cid se recrea con la derecha y con la espada para abrir la puerta grande Monumental de Barcelona. Domingo, 17 de septiembre de 2006. Casi media entrada. Toros de Valdefresno, correctos de presentación, aunque de desiguales cabezas. Mansos y nobles, destacaron 1 y el 5 El 6 peligroso. Finito de Córdoba, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada trasera y tendida. Aviso (palmas) En el cuarto, cinco pinchazos y descabello. Aviso (pitos) El Cid, de azul pavo y oro. Dos pinchazos y estocada (ovación) En el quinto, estocada (dos orejas) Salió a hombros. César Jiménez, de blanco y plata. Cuatro pinchazos y descabello. Aviso (palmas) En el sexto, nueve pinchazos, media y dos descabellos. Aviso (silencio) Valiente Bolívar con los cebadas Plaza de toros de La Ribera. Domingo, 17 de septiembre de 2006. Primera corrida. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Cebada Gago, bien presentados y de juego desigual; destacó el 1 por el derecho. Luis Miguel Encabo, de verde esperanza y oro. Metisaca y estocada desprendida y tendida. (silencio) En el cuarto, pinchazo hondo y dos descabellos (silencio) López Chaves, de verde botella y oro. Estocada baja y dos descabellos (silencio) En el quinto, dos pinchazos, otro hondo y descabello (silencio) Luis Bolívar, de blanco y plata. Pinchazo y estocada caída (vuelta tras petición) En el sexto, estocada desprendida (palmas de despedida) ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD BARCELONA. El Cid, que ha escrito su historia toreando al natural y jalonando de borrones con los aceros toda su carrera, ayer abrió la puerta grande de la Monumental a base de un excelente toreo con la mano derecha y una contundente espada. Lo que son las cosas. El Cid con vitola de figura, triunfador de Sevilla y Madrid, con no sé cuántas salidas a hombros por la Puerta del Príncipe y Las Ventas, llegó a sustituir a El Cordobés, herido de gravedad hace unas fechas. No se le cayeron los anillos a la hora de coger una sustitución que, cuando menos, resultaba chocante, y más teniendo en cuenta el fuerte compromiso que dentro de una semana tiene en la Maestranza con el gesto de matar una corrida en solitario. Bien está lo que bien acaba, y El Cid toreó de forma espléndida al quinto de la tarde, uno de los dos buenos toros de la mansa corrida de Valdefresno. Se le vio muy dispuesto ya con el segundo- -reconfortante la competencia en quites con César Jiménez- pero lo mejor llegó en ese quinto, acapachado de cuerna y noble, al que cuajó con la mano derecha. Una serie a cámara lenta, muy metido con el toro, firme, con la mano baja, dejando siempre la muleta en la cara, ligada y rematada con un inmenso pase de pecho, fue el punto culminante de una faena que al natural no tuvo la misma continuidad porque el toro por el pitón izquierdo amagaba con rajarse. Los ayudados por bajo, algún trincherazo o airosos molinetes, fueron el aderezo al toreo fundamental. Y esta vez se tiró tras la espada y amarró el triunfo con un estoconazo arriba que desató el entusiasmo del que se contagió el presidente, que no se lo pensó mucho a la hora de conceder el doble trofeo. Finito se dejó ir el mejor toro, el primero, y lo peor fue que lo intentó. Para olvidar. Y César Jiménez, muy arrebatado con el tercero, dio un mitin con la espada en el sexto. ROSARIO PÉREZ LOGROÑO. Abandonó las Américas para labrarse una carrera en España. A Madrid llegó de novillero e impresionaron sus modos. Nunca caminó por senderos de pétalos: Luis Bolívar se lo ganó todo con su entrega. Su incipiente carrera de matador tuvo el bache de una cornada en el pecho el día de su alternativa, pero esta temporada ha empezado a oírse de nuevo el rugido del torero de Colombia. Llegó ayer a San Mateo con un objetivo claro: triunfar, con la colaboración del ganado o sin ella. A punto estuvo de hacerlo con el tercero de Cebada Gago, que lidió una corrida desigual y con algunos ma- Bolívar salió indemne de este terrorífico trance y dio una vuelta al ruedo tices interesantes. El mencionado toro desarrolló su guasa y no fue tarea sencilla hacerse con él. El colombiano le dio la bienvenida con un cóctel de verónicas, chicuelinas y media. Con un par de pases del péndulo principió un va- EFE liente Bolívar, que andaba ayer con la sangre caliente, como se vislumbró ya en las ceñidísimas gaoneras que ejecutó en su turno de quites. Al iniciar la segunda serie diestra el animal se lo llevó por delante en segundos angustiosos, pero todo quedó en un susto. Luego desgranó naturales de buen tono; la última ronda disparó los oles más sentidos. Se volcó con fe en la estocada, pero pinchó y no lo cazó hasta la segunda intentona, algo caída. El toro rodó como una pelota y la gente pidió con más voces que pañuelos la oreja, denegada por el usía. Dio una aclamada vuelta al ruedo. No se quería ir de vacío y salió a por todas en el sexto, al que saludó con una larga cambiada de hinojos. Firmó un torero inicio y midió tiempos y distancias. Los deslucidos viajes no acompañaban y Bolívar recurrió a las cercanías, pero el rival hizo por él y ofreció pocas opciones. Esta vez la espada se hundió a la primera. A Encabo le correspondió el mejor cebada. Transmitía y repetía; eso sí, con cierta brusquedad. En banderillas dejó un arriesgado par por los adentros. Anduvo con torería en los inicios hasta que el ejemplar se arrancó a los medios por el derecho, el pitón bueno. Muleta por delante, y la plaza bramó. No fue lo mismo el izquierdo, por donde se quedaba más corto y se metía por dentro. Encabo se adornó con un molinete y ensayó el circular para terminar de elevar la temperatura, pero el metisaca previo a la estocada enfrió los ánimos. Más soso resultó el cuarto, frente al que lo intentó con denuedo. Dos largas de rodillas recetó López Chaves al segundo, un hueso duro de roer. El valeroso salmantino, muy firme, tuvo el detalle de buscar el pitón contrario por naturales. Semejante elemento no merecía tanto. Cierto es que faltó limpieza, pero aquellos cabezazos no eran sencillos de domeñar. Con el quinto, un manso huidizo sin maldad, enjaretó muletazos de mérito.