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62 Cultura LUNES 18 9 2006 ABC TEATRO Ritter, Dene, Voss Autor: Thomas Bernhard. Traducción: Miguel Sáenz. Dirección: Rosario Ruiz Rodgers. Escenografía: Alejandro Andújar. Vestuario: Carmen Mancebo. Iluminación: Eduardo Vizuete. Música: Juan Manuel Artero. Intérpretes: Ana Caleya, Rosa Savoini y Carlos Domingo. Lugar: Círculo de Bellas Artes. Madrid. DANZA Sabores Dirección, coreografía y vestuario: Sara Baras. Música: J. M. Bandera, J. C. Gómez, M. Montoya, M. de la Tolea, S. Quirós. Iluminación y escenografía: Fernando Martín y S. Baras. Bailarines: Sara Baras, José Serrano, Luis Ortega y Compañía. Dirección musical: José María Bandera. Lugar: Teatro Nuevo Apolo, Madrid ESCENAS DE FAMILIA J. I G. G. EL SABROSO BAILE DE SARA BARAS JULIO BRAVO l lúcido y vitriólico gruñón que fue Thomas Bernhard (1931- 1989) siempre fascinado por el teatro como deja traslucir en sus obras, escribió esta pieza en 1984 para Ilse Ritter, Kirsten Dene y Pert Voss, tres actores inteligentes según consideración del exigente autor, que tituló expresamente su trabajo con los apellidos de esos intérpretes austriacos, habituales en el reparto de los montajes de sus obras en su país natal. Un texto, pues, para lucimiento de los actores, con largos y peliagudos parlamentos llenos de matices e inflexiones. Bernhard los situó como protagonistas de un cuadro asfixiante de tensiones familiares en el que se transparentan viejos fantasmas y bajo el que late una sorda atmósfera de sensualidad incestuosa levemente pespunteada en la trama; una suerte de metáfora de la vieja Europa, rica, culta, agotada, derrochadora, prisionera como los Worringer en un laberinto de odios y afectos. Dos hermanas actrices esperan en el solemne domicilio familiar la llegada de su hermano, recién salido de un sanatorio psiquiátrico. La mayor, Dene, ha realizado las gestiones necesarias para que el enfermo abandone la clínica, lo que ya ha ocurrido en otras ocasiones y que no parece entusiasmar a la menor, Ritter, que lee despreocupadamente el periódico mientras la otra se afana en detalles domésticos en tanto que llega Voss, el tercer vértice del triángulo fraterno. Éste, del que se comenta su dedicación a la filosofía, es un joven narcisista entregado a un nihilismo mordaz teñido de vago misticismo, que parece disfrutar hostigando a sus hermanas. Un personaje bajo el que se adivinan los trazos del filósofo Ludwig Wittgenstein, brillante, suspicaz, atormentado, en guerra contra la mediocridad. Ritter, Dene, Voss es una pieza discursiva y un tanto retórica, que probablemente demandara una dramaturgia más vigorosa; en su cuidado lenguaje se adivina la mano del gran traductor de Bernhard al español, Miguel Sáenz. Rosario Ruiz Rodgers la ha dirigido con sensible pulso y los intérpretes se ajustan bien a la piel de sus personajes, con especial mención al trabajo de Carlos Domingo. Estupenda también la iluminación de Eduardo Vizuete. E H a llegado a Madrid, tras su estreno parisino en diciembre pasado y una gira nacional e internacional, el nuevo espectáculo de Sara Baras. La bailarina gaditana es sin duda una de las grandes damas del baile español actual, y una de las artistas españolas con mayor clase y magnetismo dentro de los escenarios. Su simpatía natural la han convertido, además, en una de las favoritas del público. Sabores es el título de su nueva propuesta. En sus dos anteriores trabajos, Juana la Loca y Mariana Pineda Sara Baras había dado un giro a su carrera y había apostado por la danza dramática; el salto de calidad que dio con ellas- -especialmente Mariana Pineda en la que contó con la música de Manolo Sanlúcar y la dirección escénica de Lluís Pasqual- -fue extraordinario. Ahora la gaditana ha querido volver a ser Sara Baras sobre el escenario, y a disfrutar del baile por el baile; ha querido, además, rendir homenaje a su madre, Concha Baras, una mujer de constante presencia en la ca- Sara Baras, durante un momento de su espectáculo Sabores rrera de su hija, a la que sigue con absoluta fidelidad por todo el mundo. El resultado es Sabores un espectáculo donde no hay otro argumento que el gusto por el baile y en el que Sara ha cocinado con técnicas modernas platos y recetas de sabor antiguo; así son su taranto o su bulería, y así son también la seguiriya que baila el siempre elegante Luis Ortega- -para la que recupera los olvidados palillos- -o las alegrías del bizarro José Serrano, ata- ÁNGEL DE ANTONIO viado con un sombrero cordobés, y que baila al son de letras antiguas. Todo es sencillo; no hay la grandeza que había en Mariana Pineda ni en la coreografía ni en la producción, pero Sara Baras sigue aportando su extraordinaria luz al escenario. Su baile posee distinción, empaque, nobleza. Poseedora de un inverosímil taconeo, no abusa de él, y asoman sin embargo con mayor fuerza la gentileza de sus brazos y la sal de sus caderas. TEATRO Dónde pongo la cabeza Autora: Yolanda García Serrano. Dirección: Tamzin Towsend. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Vestuario: Javier Zapardiel. Iluminación: José Manuel Guerra. Música: Mariano Marín. Intérpretes: María Pujalte, Jorge Bosch, Charo Zapardiel, Beatriz Santana y Cecilia Solaguren. Lugar: Teatro Maravillas. Madrid. GOLPE A GOLPE JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN or el asunto que trata y cómo lo hace puede augurarse que esta comedia de Yolanda García Serrano permanecerá bastante tiempo en cartel. Aborda con crudeza la violencia doméstica, esa trágica y repulsiva realidad social convertida en cáncer de un inquietante número de hogares y en negativo síntoma de la salud moral del tiempo en que vivimos. Un obra de teatro en carne viva, en el sentido literal de la expresión. Reputada guionista cinematográfica y televisiva, y también directora, García Serrano se enfrentó al mismo tema en su cor- P María Pujalte, en una escena de la obra to Si es usted una mujer maltratada marque 1 (2004) que parece haberle inspirado una de las mejores escenas de esta pieza. Si en el plano de la denuncia social Dónde pongo la cabeza es una iniciativa contundente, aunque no añade realmente ningún argumento original al debate, en el plano escénico el texto hace aguas. Da la impresión de que la autora, que sin duda se ha documentado a fondo sobre casos de maltrato, ha amalgamado diversos testimonios reales para construir los parlamentos de Eva, la protagonista, y Óscar, el violento marido, amén de los de la psicóloga y la abogada que aparecen en la obra, añadiendo un tono de sarcasmo y dolorosa ironía para aproximarse al tremendo proceso de degradación de la convivencia conyugal que retrata. Hay escenas, sí, que tienen el efecto de golpes en la boca del estómago por más que las risas, femeninas sobre todo, acompañen su desarrollo. Dónde pongo la cabeza desgrana situaciones vibrantes de vida real, aunque deficitarias en verdad teatral. No hay tensión dramática, la comedia es lineal, sin nervio y hasta previsible. Con una dirección más bien aséptica, hay, desde luego, un buen trabajo interpretativo general, en el que destaca Jorge Bosch, impresionante en los momentos en los que se debate entre el temblor furioso de su comportamiento irracional y la angustia que le provoca el remordimiento. El público del día del estreno aplaudió calurosa y emocionadamente a los intérpretes y a los equipos artístico y técnico.