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56 Cultura DOMINGO 17 9 2006 ABC Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer dice el adagio popular. En el caso de Sigmund Freud, su mujer, Martha, quien le entregó su vida hasta el punto de ignorar la suya. Así lo cuenta Nicolle Rosen en su novela Martha La abnegación de Martha Freud POR TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Para los detractores del creador de la supercélebre teoría del psicoanálisis (en 1886 creó el término) Sigmund Freud es, ante todo, un cocainómano Pero, drogas aparte, ha pasado a la historia como un revolucionario por sus estudios e investigaciones sobre la mente humana: la parcela más compleja y desconocida de la persona. Su nombre se hizo célebre primero, en Viena; luego, internacionalmente. Corría el año 1900 cuando el profesor publicó su libro sobre los sueños, aunque ya había divulgado sus teorías sobre la sexualidad infantil y el complejo de Edipo, algo que bien pudo estudiar en sí mismo tras la muerte de su padre, una desaparición que habría deseado en su infancia y adolescencia, con el fin de convertirse en el único ser adorado por su madre. Hay que citar, también, su convicción de que la neurosis tenía en su origen un problema de índole sexual. A finales del XIX abandonó la hipnosis para entregarse a la regla de la asociación de ideas. A pesar de su celebridad fue perdiendo amigos, entre ellos y quizá el que más le dolió, Carl- Gustav Jung. Alejó, también, a Joseph Breuer y a Wilhelm Fliess, aunque parece que el afecto y la admiración se trocaban en odio en el alma de Freud. No había dudas: tenía que ser el primero. No consentía disidencias. Este era el hombre público, pero cómo era el Freud íntimo, el esposo, el padre de 6 hijos. no evitaba que en 1881, con 20 años, la joven tuviera que encontrar marido. Lo encontró en Sigmund a quien entregó su vida hasta el punto de ignorar la suya. Antes que sus seis hijos: Mathilde, Martin, Ernst, Oliver, Sophie y Anna, siempre estuvo él y las labores que exigía. Sigi estaba considerado como el sol de aquel hogar. Siguiendo lo que ella marcaba, los hijos también se miraban en él. Alguno, como Ernst, se alejó para que la intensa luz no lo cegara. Mi querida vieja Martha siempre permaneció atenta a que nada le faltase a su marido, pero el hombre que había sido amante se convirtió en un hermano que, siendo ella aún joven, la llamaba mi querida vieja Ella se sintió como la gobernanta de su casa de modo su ánimo se fue minando. Freud le recetaba tila y en 1900, cuando la aspirina llegó a las farmacias, estas pastillas. No olvidó recetarle cocaína, pero ella siempre le tuvo miedo y nunca la probó. El profesor comenzó a hacerlo cuando, aún soltero, trabajó en el servicio de neurología del doctor Meynert. Para Freud, la cocaína atenuaba el sufrimiento cotidiano. Fue el doctor Koller, quien divulgó sus virtudes anestésicas, llevándose la gloria, mientras que él fue despreciado por el mundo médico vienés que lo llamaba agitador judío. El nazismo, aunque bromeó cuando sus libros fueron quemados en Berlín, fue la causa de que abandonara Viena, junto con su familia, el 4 de junio de 1938. La Gestapo visitó su hogar para ir con él a la Casa del Psicoanálisis, pero su hija Anna se ofreció para sustituirlo. Estuvo detenida todo el día y fue liberada gracias a la intervención de la embajada de Estados Unidos. El fumador empedernido estaba sufriendo un cáncer letal. Sufría de un modo inhumano por aquel tumor que corroía su boca. Según su mujer, olía tan mal que hasta su perro se alejaba de él. La enfermedad le fue detectada en 1923, pero sus médicos, dado que había comentado a uno de ellos que le ayudara a desaparecer con decencia, aludiendo, también, a lo mal que su madre llevaría su muerte, decidieron callar la verdad durante un año. A pesar de los pesares, siguió trabajando y recibiendo pacientes y amigos como la princesa Bonaparte, que regaló la urna que recibieron las cenizas del genio. Freud mostró su ateísmo al pedir ser incinerado, aunque siempre se declaró judío. En el mundo quedaban sus descendientes y una viuda que sabía, desde hacía mucho tiempo, que no formaba parte de la felicidad del difunto y con la convicción de que no había tenido una existencia propia. Tuvo la certeza de que sólo se es feliz en la espera de la dicha. Murió en 1951. Noviazgo y boda Un libro, Martha F. (Circe) de Nicolle Rosen novela esa zona en sombras. A pesar de que la autora haya elegido la forma novelada, la apabullante y magnífica bibliografía en la que se basa, amén de un epílogo en el que detalla la escasa o nula importancia dada a la esposa de Freud en las biografías a él dedicadas, e incluso el modo hagiográfico en el que Katia Behling habla del creador del psicoanálisis en una biografía dedicada a Martha en 2002 y que aún no se ha traducido del alemán. Rosen, por el contrario, ha dibujado el retrato de una mujer eclipsada por Sigmund Schlomo Freud, a quién ella llamó Sigi. La boda se celebró el 14 de septiembre de 1886, tras un largo noviazgo en el que los enamorados se cruzaron centenares de cartas. El matrimonio se mantuvo durante 53 años, hasta que el esposo murió de un terrible cáncer. Con respecto a la boda- -a pesar de confesarse judío, Freud era ateo- hubo sus más y sus menos, porque Sigi quería una ceremonia civil para la que eligió Wandsbeck (Alemania) ya que en Austria el matrimonio religioso era obligatorio, pero tampoco reconocería una unión civil. El novio acabó en una sinagoga con una kipá en la cabeza y el Martha y Sigmund Freud llegan a París huyendo de los nazis de Viena chal de orar sobre los hombros. Según Martha, nunca volvió a verlo vestido así. Para ella, la boda religiosa sí era muy importante, aunque supo que su marido incluso pensó en convertirse al protestantismo para evitar el ritual judío. En este terreno, todo le quedó claro a la esposa cuando, al regreso de su luna de miel, encendió las velas para celebrar el sabbat, pero Sigi retiró los candelabros y le prohibió volver a hacer tal cosa. Ella lloró. Quizá intuyó que aquello era el principio de la esposa eclipsada que fue hasta llegar a hablar de la mediocridad de su existencia. Era una mujer culta, pero Freud tenía muy claro cuál era el papel de una esposa y madre. Porque de lo que no se le puede tachar es de misógino, ya que a otras mujeres como a Minna, hermana de Martha y ¿su enemiga íntima? habló de sus teorías y viajaron solos, sin provocar celos en Martha, pero sí la humillación del alejamiento. Otra mujer literalmente idolatrada por Freud fue su hija Anna, la compañera inseparable, la heredera de la obra del padre. Por cierto que Sigi fue muy celo- ABC so y durante el noviazgo prohibió a Martha patinar para que no la rozara nadie. Lo que sí destaca la esposa es el ardor inalterable que Freud sintió por el trabajo. Dado que no le gustaban ni el teatro, ni la música, vivía en su mente Algo que sí tuvo que agradecerle al marido es la seguridad que le dio al casarse con ella. La soltería femenina suponía un desdoro. A Freud le precedió otro pretendiente, Hugo Kadish, viudo, con dos hijos y muy rico, pero la madre de la muchacha no quiso que sustituyera el dinero por el amor. Eso Rosen ha dibujado el retrato de una mujer eclipsada por Freud, a quién ella llamó Sigi Martha era una mujer culta, pero él tenía muy claro cuál era el papel de una esposa y madre