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ABC DOMINGO 17 9 2006 13 Si no nos van a defender, que se vayan afirman los libaneses al recibir a las tropas españolas Su relato de los hechos presenta incompatibilidades insalvables, no siendo factible Las Fuerzas de Seguridad aseguran que nunca se colocó una bolsa con explosivos en el portal de su casa A partir de ahí, el análisis del Departamento de Balística y Trazas Instrumentales de la Guardia Civil arroja un resumen argumentado. A la vista de la reconstrucción en 3 D de los hechos y planteada como hipótesis cierta la sucesión de hechos narrada por Lavandera, presenta incompatibilidades insalvables, no siendo factible Lavandera, que alertó a la Policía de la existencia de la trama de dinamita en Asturias, vuelve a primer plano de la actualidad con sus denuncias sobre amenazas Un testigo protegido en el escaparate TEXTO: A. S. L. A. R. Posible apertura de expediente Los informes de las Fuerzas de Seguridad vienen además a desmentir otra de las aseveraciones de Lavandera, que afirmó que tras la muerte de su mujer halló en su portal una bolsa que contenía un artefacto explosivo. La intervención policial, por contra, comprobó que era tan sólo una bolsa de basura con azucarillos y envoltorios de galletas El conjunto de las investigaciones continúa abierto de forma que no se descarta la posibilidad de que puedan abrirse resoluciones administrativas o de otro orden contra Lavandera. El nombre de ese testigo protegido saltó a los medios de comunicación- -a través de El Mundo -ocho meses después del 11- M. En una cinta magnetofónica, encontrada casualmente en el cuartelillo de la Guardia Civil de la localidad asturiana de Cancienes, se escuchaba su voz con claridad. Su interlocutor era un agente de Información de la Benemérita- -Jesús Campillo- -que, al parecer, le había grabado la conversación sin que él se diera cuenta. En la cinta, Lavandera advertía supuestamente a las autoridades de que Antonio Toro y sus amigos buscaban a alguien que supiera fabricar detonadores para bombas con teléfonos móviles GIJÓN. De la noche a la mañana se ha convertido en un personaje público. Aquel hombre enigmático cuya única imagen conocida le presentaba con una serpiente al cuello forma parte del pasado. El testigo protegido sin nombre, pero con la voz registrada en la grabadora de un guardia civil, que pasó de ser confidente a informante y de Lavandero a Lavandera, fue adquiriendo poco a poco una identidad pública. Pasó de vigilante jurado amante de los ofidios, a denunciar la existencia de un entramado de venta ilegal de dinamita en Asturias y, después, a perder a su mujer en un ahogamiento difícil de entender en la playa de San Lorenzo y a plena luz del día. Hoy esa situación ha cambiado. Francisco Javier Lavandera Villazón revela en un libro titulado A tumba abierta de la editorial La Esfera de los Libros, y destinado a adquirir gran difusión, numerosos detalles de su biografía, muestra fotografías de sus familiares más cercanos y reconoce su tendencia a fantasear Ahora su aparición en la prensa es cotidiana. Asegura que actúa de ese modo porque quiere contarlo todo antes de que me maten La Policía afirma que incurre en contradicciones cuando denuncia a quienes le amenazan. En sus distintas declaraciones ha acusado indistintamente a las Fuerzas de Seguridad y al círculo de Trashorras. De hecho, desde que perdió su condición de testigo protegido del juez Juan del Olmo ha protagonizado varios capítulos en los que denuncia presiones, e incluso que fue tiroteado cuando se dirigía en coche a su finca de Deva. El hombre que en 2001 ya había denunciado a Trashorras y Toro por vender explosivos ha pasado de ofre- Lavandera y el agente Campillo, en el primer aniversario del 11- M cer la imagen cívica de quien intentó desvelar una trama criminal a entrar en una dinámica de denuncias y desmentidos que da argumentos a quienes nunca confiaron en él. Más aún cuando las Fuerzas de Seguridad del Estado acaban de poner en entredicho su versión sobre el atentado del que supuestamente fue víctima el pasado 5 de julio en un camino en Deva. Su declaración presenta incompatibilidades dice un informe. De hecho ni siquiera tiene permiso de conducir. No es la primera vez que las investigaciones cuestionan su versión. La última tuvo que ver con las fotografías de la autopsia de su esposa, la brasileña Elizángela Barbosa, Lorena fallecida por ahogamiento en la playa, que, según dijo, le fueron enviadas por un anónimo. Lavandera arrojó las pruebas a la basura y la Policía confirmó que la descripción P. UCHA que hizo de las imágenes no coincidía con la verdadera autopsia efectuada al cadáver. Lavandera aseguró que en las imágenes la mujer aparecía con el cráneo abierto, mientras que la Policía dice que los forenses sólo se limitaron a examinar sus pulmones, dado que murió ahogada Una de las causas por las que el juez Del Olmo le retiró la condición de testigo protegido fue precisamente la ostentación que siempre hizo de esa condición. A ello se suma, como él mismo ha reconocido, la renuncia a un puesto de trabajo que le ofrecieron en Bilbao como vigilante jurado. No quería convertirme en diana de ETA llegó a asegurar. En busca de una pretendida protección que parece haberle sido negada por la Justicia, Lavandera busca salir a marchas forzadas del anonimato. El testigo protegido se encuentra ahora en el escaparate.