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ABC DOMINGO 17 9 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA ZAPATERA N CAYUCOS: ¡QUE SALGA EL AUTOR! A Historia es siempre una película que vuelven a proyectar con guión cambiado. Tras la Guerra Civil, los cautivos y derrotados soldados del Ejército republicano fueron confinados en campos de concentración de Francia. Los más duros e inhumanos carceleros de aquellos como presidios medievales de alambradas y arena de la playa eran los soldados senegaleses del Ejército francés. Cambio de guión en la película. Ahora los españoles somos los humanísimos protectores de los nietos de los crueles senegaleses que les hicieron pasar las duquelas negras (vamos, las duquelas subsaharianas) a los rojos en Argeles o Saint Cyprien. Recordado lo cual, porque a memoria histórica no hay quien me gane, supongo que los nietos de los carceleros senegaleses de Argeles tienen sobre España la misma idea que Manuel Chaves acerca del Líbano. Me tiraba de risa antier noche, cuando JaiANTONIO me González divulgaba en La espueBURGOS la de Radio Intereconomía lo que en la recién estrenada Telezapatero dice Chaves acerca de la presencia del Tercio de Armada (y de la que se va a armar) en el Líbano. Sostiene Chaves que estamos en el Líbano porque el Líbano es un país mediterráneo, y como España está a orillas en el Mediterráneo... ¡la gallina! Los senegaleses de los cayucos dirán como Chaves: que como Senegal es un país atlántico y España también, no tienen más remedio que venir. En un ParísDakar en contramano: un Dakar- Canarias. Y con una capacidad operativa tan sorprendente y efectiva, que me río yo del JEMAD, del AJEMA, del JEME, del JIJÍ y del JAJÁ. Ruégoles consideren la comparación que les ofrezco. Para poner 500 infantes de Marina, 500, en la playa de Tiro, España ha necesitado, apunta, nene: una comisión de inspección previa del terreno, con treinta tíos de Estado Mayor con setenta ordenadores portáti- L les; la avanzadilla de una compañía de operaciones especiales en plan de comité de recepción; los buques de transporte Pizarro y Galicia el buque de desembarco Patiño y la fragata Almirante Juan de Borbón (q. s. G. g. Todo para 500 soldados. Sin tanta tontería, 500 senegaleses los meten en Canarias los nuevos negreros de Dakar en un plis, plas, en tres cuyucos y en medio día. ¿Cuánto hubiéramos necesitado nosotros para llevar 25.000 soldados a ese Líbano que, como El Rocío de Carmen Calvo, es según Chaves la explosión de luz del Mediterráneo Calculen. Pues 25.000 africanos, a cayuco pelado, sin darle la menor importancia al operativo, en un prodigio de logística, son los que ya llevan metidos en Canarias en lo que va de año los traficantes negreros de las mafias de Dakar. En cayucos de mala muerte, y nunca mejor dicho. Como el que fue a Lepe y vio que las calles estaban vacías porque todos los leperos estaban en los chistes, pronto Dakar estará desierta, porque todos los senegaleses se habrán venido a Canarias con el cayuco. De lo que debemos sacar beneficios. Como en el estreno de una obra teatral de éxito se pide que salga el autor para aplaudirlo, yo reclamo que salga el traficante de carne humana que ha montado este puente Dakar- Canarias. Para sacarle provecho. Este tío tiene que ser un genio de la logística y del márquetin. No vende los pasajes precisamente a precios low cost ni incluye alojamiento, media pensión y gestión de visado, y, ya ven, los africanos le quitan los billetes de la mano y dan su vida y su hacienda por conseguirlos. Halcón y Viajes El Corte Inglés están perdiendo el tiempo sin contratarlo. Yo lo pondría en más altas misiones. Si es capaz de llevar 25.000 africanos en cayucos a más de 2.000 kilómetros, ¿se imaginan la que liaría como presidente de Renfe o de Iberia? Con este tío en Iberia no habría más colapso del Prat. Con este tío de presidente de Renfe, aquí no descarrilaba más un tren. ¡Qué ministro de Transportes nos estamos perdiendo, desaprovechando la alianza de civilizaciones! O consta si a la aludida le sienta bien o mal, pero hace tiempo que a Ségolène Royal, la candidata presidencial socialista, le colgaron en Francia el mote de Zapatera. Al margen de cómo lo tome la interesada, se trata de una comparación venenosa: alude a la superficialidad política, al buen rollito, a la suplantación de la ideología por el talante, al pensamiento débil, a la ausencia de rigor, a una acomodaticia y elástica vacuidad de conceptos, al reformismo sin programa, al marketing como sucedáneo de la estrategia. A un producto político artificial, de diseño, trivial como las nuevas sociedades del confort, descomprometido a la medida de un electorado reticente a las firmezas exigentes de los Aznar o los Sarkozy. IGNACIO Pero el apodo conlleva CAMACHO también un envés vitriólico. Quienes asimilan a la elegante y atractiva Ségolène con el presidente español recelan de la cara oculta que se esconde tras su perfil de Gioconda sonriente. Ambición, dureza, sectarismo y rencor. Ese doble retrato de apariencias sugestivas que se ofrecen al mercado electoral y de cortantes aristas interiores que se revelan en el ejercicio del poder. Los más críticos han trocado el remoquete con una vuelta de tuerca semántica: Zapa Terror. Quizá ni ellos mismos sepan bien hasta qué punto pueden estar acertados. Porque este tipo de políticos dúctiles por fuera suelen ser por dentro, como ya hemos empezado a aprender en España, de una metálica frialdad, de un hermetismo cortante y despiadado. Ocurre que este lado oscuro sólo se aprecia cuando logran sentarse en el sillón de mando. Antes, en las campañas, en la tarea de ganarse el favor ciudadano, se muestran abiertos, encantadores, novedosos, tolerantes, acogedores, transigentes. Son la estampa de escaparate que demanda un mercado esponjoso, propicio a las éticas indoloras, refractario a las exigencias antipáticas y a los compromisos colectivos. Pero el poder y su descarnada soledad afloran los demonios shakespearianos del arbitrio, la obcecación, la malicia y el dominio. Y tras la fachada de sonrisas surgen los gestos secos, los dientes apretados, las miradas de acero, y también las agendas ocultas, las liquidaciones feroces, los consensos aplastados. Los franceses ven hoy en su rutilante Zapatera una mujer moderna y decidida que se fotografía en biquini, proyecta frescura, elude los conflictos y llena su discurso de conceptos ambiguos que huyen de toda apelación a la responsabilidad, la obligación o el deber. Una candidata que seduce porque pide ideas y reniega de las imposiciones frente al programa de rigores, urgencias y compromisos que propone su rival del centroderecha. El porvenir de la fotocopia está por ver; nosotros ya hemos comprobado- ni una mala palabra, ni una buena acción -cómo degeneran los atractivos colores del original. Claro que en Francia, con su potente y orgullosa tradición política e institucional, jamás permitirían a nadie aplicarse a desguazar el Estado.