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4 Opinión DOMINGO 17 9 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LA OCDE Y EL SISTEMA EDUCATIVO E LA CONSPIRACIÓN SE EVAPORA L pasado 5 de julio, Francisco Javier Lavandera, testigo en el sumario del 11- M, denunció que había sido tiroteado cuando circulaba en su coche. Lavandera, al igual que Emilio Suárez Trashorras, constituye un testigo de autoridad de las estrafalarias teorías conspirativas que ha propalado el diario El Mundo con la cooperación del periodista y director del programa La mañana de la cadena Cope, Federico Jiménez. Y también será igual la suerte que corra el crédito de Lavandera después de que dos informes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, de los que hoy da cuenta ABC, hayan llegado a la conclusión de que el relato sobre el tiroteo en cuestión presenta incompatibilidades insalvables, no siendo factible Tan falsa, pues, esta denuncia como la que Lavandera presentó por una supuesta bomba hallada en los bajos de su coche, bomba que resultó ser una bolsa de basura con azucarillos y envoltorios de galletas según el informe policial. Ahora bien, no cabe esperar que se disculpen quienes desde micrófonos y crónicas escritas aprovecharon estos delitos inexistentes- -lo que permitiría acusar a Lavandera de una simulación de delito- -para clamar contra las tramas negras de la Policía que querían ocultar la verdad de los atentados del 11- M. Pero el castillo de naipes se está desmoronando. La mendacidad de este testimonio desacredita tanto a quien lo prestó, el tal Lavandera, como a quienes decidieron contar con él para poner en solfa a las instituciones del Estado y urdir una fabulación periodística de indudable rentabilidad para cuantos participan en ella. Pues, como no podía ser menos, Lavandera también ha decidido contar su apasionante biografía en un libro, A tumba abierta que acaba de salir al mercado, coincidiendo oportuna- E mente con la información sobre la denuncia del tiroteo, publicado por la editorial La Esfera de los Libros, vinculada a la empresa editora del diario El Mundo y escrito junto con uno de los periodistas encargados de narrar el folletín. Datos suficientes para que lectores y oyentes perciban cuáles son los verdaderos intereses que animan a quienes se reclaman, con carácter excluyente, la condición de paladines de la verdad y que no hacen sino facturar amarillismo a través de cualquier medio a su alcance. Después de meses anunciando vuelcos en la investigación, reveses definitivos para la versión judicial y otras primicias de no menor trascendencia, no sólo no hay dato que avale la teoría de la autoría etarra o de la conspiración policial, sino que las grandes bazas de Pedro José Ramírez y Federico Jiménez- -y sus entornos inmediatos en el Partido Popular, responsables de trasladar esta grotesca e interesada trama al mismo Parlamento- -se están desinflando día tras día, dejando al descubierto que todo su empeño en mantener el 11- M como una losa sobre la derecha española no tenía otro objetivo que asegurarse una cuota de mercado y atrapar en un laberinto a Mariano Rajoy. Es técnicamente posible- -aunque resulte decepcionante- -no saber qué explosivos estallaron en los trenes. No hay informes policiales que vinculen a ETA con el 11- M (otra cosa serán las relaciones entre etarras e islamistas en las cárceles) Suárez Trashorras se puso en venta, le compraran o no, para contar si hacía falta la Guerra Civil y Lavandera se inventó un intento de asesinato. Ni siquiera Díaz de Mera niega la autoría yihadista, y, por el contrario, avala la corrección de la operación policial en Leganés. A los fabuladores de la conspiración ya no les salen las cuentas. PSOE, PARÁLISIS Y COSMÉTICA ESULTA al menos llamativo que, superada la mitad de la legislatura, el PSOE haya organizado una sofisticada convención política para, según su secretario de Organización, conocer los problemas de los ciudadanos Teniendo en cuenta que el PSOE es el partido en el Gobierno, el interés por conocer ahora qué es lo que preocupa a los ciudadanos parece un tanto extemporáneo. Tampoco una convención política- -presentada más como una feria de alta tecnología- -resulta el modelo adecuado para empaparse de inquietudes ciudadanas si a tal foro sólo asisten los miembros del partido, invitados extranjeros- -como Ségolène Royale, quien se ha declarado más cercana a Blair que a las tesis tradicionales del socialismo continental- -y los artistas habituales en estas lides. Con estas premisas es claro que el objetivo del PSOE, perfectamente legítimo, es la propaganda de partido, la ocupación de portadas y aperturas en los medios de comunicación y un buen lavado de imagen a golpe de internet y puesta en escena futurista. El momento es propicio para hacerlo, después de un terrible agosto que ha rebajado la confianza en el Gobierno y la valoración de sus integrantes. Ha sido suficiente un día para que la novedad de la convención quedara reducida al despliegue de medios técnicos y a la puesta en marcha de una televisión on line En cuanto a los planteamientos políticos, la renovación ha brillado por su ausencia, lo mismo que las iniciativas y las ideas nuevas que, teóricamente, deben alumbrarse en este tipo de actos, justificados por un teórico propósito de em- R patizar con unos ciudadanos que, al final, sólo son la excusa para un ejercicio continuado de autocomplacencia. Así se entiende mejor que la convención socialista esté siendo un acto de precampaña electoral, un intento de atajar el descontento ciudadano y una reparación cosmética urgente para reparar los desperfectos causados por la incompetencia insólita de este Gobierno durante el verano. Estética virtual para un socialismo paralizado, que inauguró y siguió ayer su convención política con los mismos ataques al PP que habría podido hacer cualquier día de la semana. En ocasiones, los partidos se ven obligados a aparentar movimiento aunque no avancen. Esta convención del PSOE es un buen ejemplo. No cabe duda de que los partidos, estén en el Gobierno o en la oposición, deben debatir, abrir sus puertas a la sociedad- -más aún en sistemas democráticos que consagran una perniciosa partitocracia- -y conectar realmente con lo que preocupa a los ciudadanos, aunque los resultados sean, muchas veces, políticamente incorrectos. El PSOE, enfrascado en el pasado tanto como se lo reprocha al PP, sabe bien lo que piensa el ciudadano sobre asuntos esenciales para el balance de su legislatura y, por eso, entre una realidad que ya no es tan cómoda y su responsabilidad como partido en el Gobierno, interpone hoy una feria digital con forma de convención, como antes lo hizo, por ejemplo, con una polémica gratuita sobre la memoria histórica o mañana con cualquier otra excusa que le sirva para velar la decepción de los ciudadanos. L informe de la OCDE sobre el panorama de la educación en 2006 ofrece datos muy significativos en relación con España. Algunos son razonablemente positivos- -las mujeres estudian más que en la mayoría de los países analizados, y aumenta la población que alcanza un título universitario- pero en su mayoría son preocupantes. Así, estamos a la cola del mundo desarrollado en cuanto al porcentaje de alumnos (30 por ciento) que no concluye los estudios de Secundaria, cifra sólo superada por Brasil, Turquía y México. La tasa de fracaso en ese nivel educativo (inexistente en Noruega y mínima en otros estados de la UE) es muy alta en nuestro país, como lo es la cifra de repetidores (28,6 por ciento) Asegura el organismo internacional que es recomendable evitar la repetición de curso, que no beneficia al alumno y representa un gasto suplementario para el Estado. Es un argumento atendible, pero que no presupone el derecho a aprobar sin esfuerzo. Al contrario: evitar el fracaso exige un trabajo permanente de control del rendimiento académico e incluso de la situación social y familiar del alumno. Como es natural, esto conlleva una labor intensa de los profesores y de los responsables de cada centro, incompatible con la baja motivación, la situación laboral incierta y la discreta retribución que perciben muchos docentes. En definitiva, la calidad requiere una fuerte inversión económica, y la pregunta clave es, por tanto, en qué medida los poderes públicos están dispuestos a hacer frente a unos gastos que no siempre ofrecen resultados espectaculares de cara a la opinión pública. En este sentido, la OCDE destaca que durante la última década la inversión nacional en educación ha retrocedido, con un crecimiento inferior al del PIB. Aunque algunos expertos endulzan estos datos con la retórica de queEspaña ha mejorado mucho y ha conseguido una sociedad igualitaria, sería absurdo caer en la complacencia. Sigue pendiente un gran pacto de Estado para evitar que las leyes orientadas por posiciones ideológicas se sucedan unas a otras ante el desconcierto de una comunidad educativa que no termina de asimilar una reforma cuando ya tiene que empezar con la siguiente. El pacto debería afectar, además, a la calidad de la enseñanza, a una razonable homogeneidad de contenidos en las diversascomunidades autónomas y a la formación permanente del profesorado. Llama la atención que los centros privados españoles cuenten con un número de alumnos superior a la media, lo que refleja (además de la fuerte tradición social de los colegios concertados) que las clases medias españolas siguen desconfiando de la enseñanza pública y prefieren hacer frente a gastos muy superiores en busca de la educación que desean para sus hijos. A través de estas y otras variables, la OCDE pone el dedo en la llaga de nuestro sistema educativo: aunque la estadística no sea capaz de explicarlo todo, hay demasiados adolescentesabandonados a su suerte en una etapa crucial para su formación.