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52 SÁBADO 16 9 2006 ABC Cultura y espectáculos Italia despide a Oriana Fallaci, la dama de hierro del periodismo La combativa periodista falleció ayer víctima de un cáncer en Florencia, ciudad en cuyo cementerio protestante reposará, vestida para entrevistar b Oriana Fallaci se convirtió en uno de los grandes referentes del periodismo internacional, y por ello fue galardonada por ABC en 2005 con el premio Luca de Tena JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Entrevista con la eternidad podría ser el ultimo título de la autora de Entrevistas con la historia fallecida durante la noche del jueves en un hospital de su amada Florencia, la ciudad a la que volvió para pasar sus últimos días en el escenario de su niñez. Por decisión de la periodista más famosa de Italia, su cuerpo ha sido vestido con un traje chaqueta y su muñeca lleva un reloj militar, como si fuese a realizar una de sus grandes entrevistas. Siguiendo sus deseos, la ceremonia de despedida será estrictamente privada, y sus restos descansarán en la tumba de la familia, situada en el cementerio protestante de Florencia. La noticia del fallecimiento, aunque temida, sorprendió ayer a Italia, pues su hermana Paola y su médico de cabecera habían conseguido mantener una discreción total en torno a su último viaje a Florencia y a su hospitalizacion en una clínica que respetaba su deseo de anonimato hasta el punto de que su nombre no figuraba en análisis ni diagnósticos. La periodista, en una imagen de 1957 AFP La valentía y el orgullo TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Valiente hasta ignorar el riesgo; rebelde hasta despreciar la opinión de otros; amante de las palabras hasta el final, Oriana Fallaci (Florencia, 1930) es la gran mujer que fascinó a muchas abriendo caminos antes imposibles para ellas. Murió ayer en Florencia víctima de un cáncer contra el que luchó años interminables. Acertó de pleno ABC, en 2005, cuando le concedió el Luca de Tena, un galardón entregado este año, en un acto al que no pudo acudir, impelida quizá por la enfermedad y la misantropía en la que acabó por instalarse. Las dos ciudades que anidaban en su alma eran Florencia y Nueva York, elegida ésta tras confesar que los ideales de Italia yacían en la basura Vivía ya entre sus libros, con la pasión de escribir que nunca la abandonó, hasta que el 11 de septiembre de 2001, el horror de las Torres Gemelas la condujo al odio ciego, no sólo contra los fanáticos, sino contra el Islam. De ahí nació La rabia y el orgullo en el que figura la siguiente dedicatoria: A mi padre y a mi madre, que me enseñaron a decir la verdad, y a mi tío, Bruno Fallaci, que me enseñó a escribirla Sus raíces seguían estando en Florencia, y allí acudía en silencio más de lo que muchos pensaban. En la traducción al español del citado título colaboró personalmente y añadió referencias a España tras el 11- M en Madrid. A los 17 años empezó a trabajar como reportera de sucesos en Giornale del Mattino A los 20, firmó en L Europeo Sus entrevistas se hicieron célebres. Dominó, desnudó y radiografió a los grandes del mundo, a los dictadores más terribles y necios. De Haile Selassie contó que los pobres que se acercaban a recoger los restos, durante una comida en un prado, eran alejados por soldados con metralletas; sólo comían los perros y los cuervos. Del Negus recogió esta frase: Un Rey es insustituible. Así hemos decidido que sea y así será Fue corresponsal de guerra desde Vietnam a Oriente Medio, y en esa etapa se fechan entrevistas sin concesiones. Era implacable, la firma más cotizada y la más leída y querida según afirmó el rector del Columbia College de Chicago Autora de Penélope en la guerra Inshallah y tantos otros títulos, los últimos fueron La rabia y el orgullo El Apocalipsis (los matrimonios gay acabarán con la Humanidad) y La fuerza de la razón La verdad, su verdad, la esparció siempre a los cuatro vientos, aunque pusiera a la opinión pública patas arriba. Se casó con el revolucionario y poeta Alekos Panagoulis, del que se enamoró durante una entrevista al salir él de la cárcel. Embarazada, el niño se malogró. Oriana era atea, pero creía en la gente, porque está sola y nadie le dice lo que yo le digo Ese amor era su fuerza. El otro Tan sólo los amigos íntimos sabían que había venido a Florencia para dar el último adiós a la ciudad que amaba con todo su corazón de pasionaria del periodismo italiano. Oriana Fallaci tenía 77 años y sabía desde hace varios meses que el episodio final estaba muy cerca. Al principio se había referido a su cáncer como el otro y se enfrentaba al tumor con su típica rabia, pero en esta última etapa prefería la discreción, e incluso que se hablase de una enfermedad incurable sin entrar en los detalles. La gran periodista y escritora forjó un carácter de hierro durante la ocupación alemana, cuando ayudaba a esconder armas y repartía mensajes a los miembros de la resistencia, de la que su padre, Edoardo, era uno de los jefes. De vez en cuando se definía atea cristiana es decir, una persona no creyente pero amante de la identidad cristiana de Europa. Por ese motivo, después de una serie de duras críticas a la actitud de Juan Pablo II respecto al Islam, Oriana Fallaci pidió enseguida audiencia al nuevo Papa, quien la recibió privada- mente en Castelgandolfo el pasado verano. El rector de la Pontificia Universidad Lateranense y obispo auxiliar de Roma, Rino Fisichella, la acompañó en aquel encuentro con Benedicto XVI y fue también una de las pocas personas que pudieron visitarla, el pasado miércoles en la clínica de Florencia desde cuya ventana podía contemplar la hermosa cúpula renacentista de Santa Maria