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12- 13 S 6 LOS SÁBADOS DE go (ancianos y enfermos crónicos, principalmente) y al 68 si sólo se contempla a los mayores de 65 años. Sin embargo, todavía queda margen para mejorar las tasas. Es el caso de los enfermos crónicos que no le dan excesiva importancia a su patología (cardiovasculares y respiratorias, principalmente) que tienen un alto porcentaje de riesgo de contraer la enfermedad y, por lo tanto, de sufrir complicaciones en su principal dolencia. Menos del 40 de enfermos crónicos se vacuna. Los niños son uno de los sectores de población que sufren más la incidencia de la gripe. Los menores de 15 años fueron los más afectados los meses invernales de este año. Recientemente, el Comité Asesor de Inmunizaciones de Estados Unidos ha ampliado la recomendación de vacunar a todos los niños con edades comprendidas entre los seis meses y los cinco años. Con la medida se intenta reducir los focos de gripe, ya que son los niños los que más la diseminan. La Asociación Española de Pediatría comparte la recomendación estadounidense, pero no ha decidido incluir la vacuna contra la gripe en el calendario infantil a la espera de estudios epidemiológicos. Sin embargo, su comité de vacunas, que coordina Enrique Bernaola, considera que cualquier niño mayor de seis meses se puede vacunar cuando los padres lo soliciten, los pediatras lo consideren oportuno, o las circunstancias personales o ambientales en las que se desenvuelve el niño lo hagan recomendable, aunque deberán tener prioridad de acceso a la vacuna los niños de riesgo El parón de vuelos provocado por los atentados terroristas del 11- S retrasó la gripe de 2001 PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. El impacto en términos de salud pública de un mundo cada vez más interconectado ha sido documentado por investigadores de Estados Unidos con un nuevo estudio que establece cómo el parón en la aviación comercial provocado por la ofensiva terrorista del 11- S llegó a ralentizar por lo menos dos semanas el brote de gripe y los contagios de 2001. Frenazo estadounidense que no llegó a traducirse en una merma de la mortalidad por la enfermedad. Esta investigación, realizada por la Universidad de Harvard, resulta de especial interés a la hora de formular una estrategia para combatir la inquietante posibilidad de una pandemia global de gripe. Aunque el retraso registrado hace cinco años es modesto, unas cuantas semanas de maniobra podrían ser decisivas para desarrollar y producir fármacos y vacunas, con la consiguiente merma en víctimas mortales. Según ha explicado Kenneth Mandl, uno de los autores de este estudio publicado por PLoS Medicine, la gran amenaza que representa la gripe es su contagio exponencial, por eso cualquier cosa que se puede hacer al principio puede tener posteriores efectos significativamente positivos Con todo, estas sugerencias sobre la efectividad de limitaciones al libre movimiento de personas no dejan de ser cuestionadas por razones económicas, sociales y logísticas. A juicio de Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Contagiosas de EE. UU. sin querer disminuir la elegancia de este estudio, hay que tener mucho cuidado para interpretarlo La investigación coincide con un clima de multiplicadas preocupaciones ante el riesgo de una pandemia de gripe especialmente virulenta. Amenaza que han inspirado tanto en el marco de la Organización Mundial de la Salud, al igual que dentro de gobiernos individuales como el estadounidense, todo un profundo debate sobre restricciones de viaje y otras formas de cuarentena. El consenso emergente de todas esas discusiones y planes de preparación es que limitar la libertad de movimientos- -medida experimentada recientemente en China ante la amenaza del SARS- -solamente debería ser una estrategia de último recurso. Pero también es difícil cuestionar el valor empírico del estudio de Harvard basa- do en cifras reales frente a existentes modelos de propagación calculados con ayuda de ordenadores. A la vista de las estadísticas de las autoridades sanitarias de EE. UU. los investigadores de Boston han podido comprobar como la temporada de gripe del 2001- 2002 fue una apreciable anomalía comparativa. Mientras que el mayor número de víctimas mortales de la enfermedad suele oscilar todos los años en torno al 17 de febrero, esa fecha se vio retardada hasta el 2 de marzo en la temporada del 11- S. Al mismo tiempo, se ha podido determinar que, tras la ofensiva terrorista contra el Pentágono y las Torres Gemelas, el tiempo durante el que el virus de la gripe suele extenderse por todo el enorme territorio de Estados Unidos fue un 60 más largo de lo habitual: 53 días en lugar de las 33 jornadas habituales. Estadísticas contrastadas con datos similares procedentes de Europa donde tras el 11- S no se registraron las mismas limitaciones del tráfico aéreo que las sufridas por el gigante americano. Ante el impacto sanitario asociado a la reducción de un 20 en el tráfico aéreo sufrida por Estados Unidos tras el 11- S, los investigadores de Harvard apuntan la posibilidad de ganar un mes de tiempo con una reducción del 50 Pero los propios autores del estudio reconocen todas las significativas implicaciones económicas, sociales y legales de esta alternativa paralizadora.