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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO Los nuevos tiempos a soy pensionista me dije. Me dieron las diez de la mañana en la tibia cama del invierno y no sentí ninguna culpa. Conclusión (provisoria, como todas ellas) la vida es tiempo y si te cambian el ritmo de tu tiempo, te cambian la vida. Tras cuarenta y tantos años de trabajo, que reducen el mundo y el día a las marcas de un horario, la vida del pensionista se hace plástica y, en vez de estar sometida al tiempo, lo somete con aires de gran señor. El desayuno cuando los madrugadores han desayunado, en cafés semivacíos con camareros relajados y atentos. El placer de contemplar un atasco por la ventanilla como un turista que estudia una exótica ciudad. Los parques como jardines privados, a la hora en que las familias se han marchado y los novios todavía no acuden. Hasta los insomnios pueden tener su renta de placer. En plena oscuridad, monarca de una ciudad dormida, el pensionista se pone los cascos del walkman y escucha su música favorita, como si el cantante o el instrumentista se hubiera despertado también y actuara para él solo. He descubierto, mesas por medio, a la raza de quienes nunca trabajaron y, rentistas ellos y ellas, se formaron en la cultura del tiempo libre. Esa señora levanta su taza de té con una majestuosa lentitud que parece decir: Nunca he sentido sed Luego desgarra suavemente un pastelito y entonces el mensaje es: No crea usted, jamás he sentido hambre Y aquel señor que despliega cuidadosamente el periódico de la mañana a las seis de la tarde me propone esta confesión: Observe usted con qué distancia considero el mundo y con cuánta pachorra encaro la actualidad Ella y él, de tanto en tanto, cuchichean con el camarero, en esa complicidad confidente de quienes son de toda la vida porque toda la vida puede estar en la mesa de una pastelería. Ciertamente- -y los imitaré hasta el servilismo- -beben aperitivos a deshora, viendo pasar a la multitud productiva que no puede imponerse pausas ni olvidar que está produciendo. Ah, la vida como obra de arte y no como trabajo productivo. Ah, la lentitud como el lujo de las horas. La vida del trabajo identifica lo lento con lo incorrecto. El pensionista descubre la morosa belleza de lo despacioso. Seguramente, hacen falta muchos años para aceptar que se nos abre un nuevo y virgen aprendizaje. Quién me lo iba a decir: jubilarme para aprender Y Blas Matamoro El fundador de Genesis y su loro misántropo. Un hombre hecho de una pasta especial según Peter Gabriel ola verde ya ha pasado allí, pero aquí no ha llegado aún porque la población rural está aún en el primer paso, yéndose a las ciudades. -Si su libro no se hubiera vendido como churros, ¿habría podido vivir del campo? -Con mucha dificultad. Lo hicimos durante los primeros diez años, pero yo tenía que salir a Suecia a esquilar ovejas. También tuvimos una casa de inquilinos. La agricultura pequeña es muy difícil y cada año vemos a un montón de gente que se rinde y se marcha a la ciudad, porque el esfuerzo es muy grande y los precios son muy bajos y con muchos intermediarios. Tenemos naranjos, aceitunas, ovejas... Comemos como dioses y nos gusta vivir en el quinto pino. Pero lo que para nosotros es la gloria para otros sería una pesadilla. -A la vista del precio del cordero lechal una esperaría que vivieran como reyes. ¿A cuánto lo vende? -Un cordero lechal se vende en las tiendas a 50 ó 60 euros y no puedo negar que si fuera así realmente tendría usted razón... La despoblación rural de España y de Europa me da pena, porque en La Alpujarra, por ejemplo, la belleza viene de la combinación de tierra salvaje y cultivos, pero se vuelve un desierto porque no hay gente para mantener las acequias, los frutales se secan, todo se cae porque nadie está interesado en la agricultura y todos lo están en el turismo, pero los turistas dejarán de venir cuando la agricultura se haya muerto definitivamente y todo esto ya no sea tan bonito. -Compró un cortijo en medio de la montaña, sin luz, ni agua, y dijo que la vida no podría ofrecerle nada mejor. Exactamente, ¿qué es para usted vivir bien? -Hay que tener en cuenta que el cortijo tenía una ventaja enorme: era barato. Nadie lo quería, así que lo compramos por menos de 5 millones de pesetas. Tiene 70 hectáreas y tenía dos casas, tenemos agua y frutales... Pues para nosotros era un regalo. El ser humano para vivir feliz sólo necesita una familia y un naranjo. Pero eso del naranjo lo pienso ahora, porque antes pensaba que sólo bastaba una mujer... será la vejez. ¿Es cierta la mística de Las Alpujarras o cree que es camelo? -Exactamente. Ya me conoce. Yo en los años 70 era hippy y así me he quedado, pero soy un poco más pragmático que todos estos que creen en las hadas porque llevo muchos años siendo agricultor. -Disculpe la ignorancia, ¿qué tiene de atractivo esquilar ovejas? -Supongo que parece extraño y se nota que usted no ha esquilado a ninguna. Esto forma parte de la magnífica organización del mundo donde hay un sitio para los que se sienten fascinados por esquilar ovejas y para los que lo están por el periodismo, o el arte... Cuando tenía 21 años no sabía lo que iba a ser de mi vida. Mi padre era un hombre de negocios y yo no podía diferenciar una vaca de una oveja, pero descubrí el campo y me enamoré, aunque siempre lo hice fatal. Y así llevo 30 años siendo un agricultor pésimo, pero vivo encantado.