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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA La segunda juventud a segunda juventud existe. Comienza en ese imperceptible y a la vez conspicuo momento en el que hay que decidir entre el sofá y la televisión, o hacer algo con las horas que se tienen por delante. Las horas, que han aparecido de pronto como esos pájaros que, enzarzados en abigarradas bandadas, vienen a dormir todas las tardes a las camelias de mi casa y cantan desde allí como si fueran, todas las voces, la voz de un solo pájaro, y no se les ve entre las hojas pero se sabe que está la camelia llena de gorriones por el sonido que sale del árbol cuyas flores no huelen, pero cuyas hojas cantan. Han aparecido así estas horas que me quedan libres en bandadas desde que mi hijo mayor, como un príncipe, conduce su propio coche y va a la universidad y me llama madre, ay madre, madre, y me besa en la frente como si yo fuera ya una anciana. Esta sensación de tener un hijo en la universidad es como cuando se quitan los ruedines a la bici y el niño ya va solo y aparecen las horas, el tiempo por delante, y una suerte de juventud, de libertad desconocida, de alivio, de tarea cumplida, de graduación de este extraño doctorado de madre. Ay madre, madre. Ahora mismo estoy sola. Mi marido, trabajando. Y los niños, tan mayores que aún no han empezado las clases, se han ido a la playa, a hacer surf bajo la lluvia, y a salir por la tarde, con lo que por lo menos hasta las nueve, no les espero. Mi cuñado, que es muy pragmático, cuando le conté lo que barrunto para los próximos años de mi vida, me dijo: Está demostrado que todo lo que se emprende más allá de los treinta, está más cerca del fracaso que del éxito Te equivocas, le espeté, acaba de empezar mi segunda juventud. Y se quedó callado. Sé lo que pensaba, lo que piensa cualquiera que esté leyendo esto, pobre mujer, no se da cuenta de que ya es mayor, pero es eso precisamente lo que me pasa, que me doy cuenta de que se está abriendo un paréntesis, un tiempo único y precioso que no voy a desperdiciar. Una segunda juventud que acabará cuando mis hijos, ay madre, madre, regresen, para que cuide de unos niños que me dirán: ay abuela, abuela L Mónica FernándezAceytuno ¿Copa? Chardonnay y moscatel Muy aromático, ligeramente graso, con un final largo que deja un gratísimo recuerdo Esta podría ser la nota de cata del tratamiento de uvas de Oxigen (Bori i Fontestá, 14, Barcelona, 932 00 73 33) Después de un peeling de la cabeza a los pies, con pepitas de uva y micronizado de vid roja, se realiza una envoltura de lodo vinoterapéutico (anti- oxidante y remineralizante) y un masaje reafirmante con aceite de pepita de uva Chardonnay. En el rostro, una mascarilla antiedad de vid roja y agua floral de Neroli (antiflacidez) y se retira masajeando un sérum de aceite virgen de semilla de vid roja, avellana, germen de trigo y rosa mosqueta. Entre 75 minutos y 3 horas (a partir de 110 euros) Chelo Can- denas (Hermosilla, 71, Madrid. 91 435 50 35) apuesta por la uva moscatel para una borrachera de elasticidad y firmeza. Las vitaminas A, C y E que contiene el vino y los polifenoles de la uva devuelven la ter 0 sura, difuminan las arrugas y estrías y fortalecen la microcirculación. ¿El ritual? Masaje de vino, mascarilla de sales lipo- reductoras y masaje reafirmante y reductor (75 minutos, 72 euros)