Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE Toque moderno. Las obras de Giacometti, como esta lámpara, dan una pincelada de glamour a una casa Taburete español en bronce (arriba) muy parecido a los que hay en la casita del Labrador en Aranjuez. Abajo, cómoda del XVIII, del anticuario Jean Marie Rossi El volumen de ventas de la Bienal es enorme y pocos son los anticuarios que nos hablan sin tapujos de los precios de las obras. Parece como si esto fuese lo de menos, como si no tuviera importancia. Jean Marie Rossi, de Aveline, (especialista en mueble del XVIII) se refiere con absoluta normalidad a unos armarios franceses de laca china, del periodo de transición entre Luis XV y Luis XVI que valen 800.000 euros. Rossi es de los que asegura que cuando las piezas son de calidad se pueden mezclar los muebles antiguos con la pintura moderna. Lo último, el arte africano El arte africano está en auge y sus precios, desorbitados. Una escultura de Camerún del siglo XVIII rebasaba los tres millones de euros (unos 50 centímetros) El buen arte africano es difícil de encontrar, pues al ser tallas de madera el clima ha estropeado la mayoría de las grandes piezas. Encontrar una en excelente estado es raro y el precio se dispara. Cada vez hay más compradores del buen arte africano y muchos de sus seguidores lo comparan con la obra de Picasso, encuentran similitudes y se preguntan el porqué o cómo se hacían cosas parecidas en continentes distintos. Picasso fue un gran coleccionista de arte africano. Hoy, otro español, Miguel Barceló ha heredado su afición. El arte precolombino es un boom El director de cine John Huston coleccionó piezas de la cultura Mezcala (México) algunas de ellas como la vasija que hay en la Bienal en forma de perro (55.000 euros) salían en los decorados de sus películas. Las tenía en su casa mexicana de Puerto Vallalta, pero tras su muerte la colección fue vendida. La Bienal tiene varias piezas de la cerámica perteneciente al cineasta, gran aficionado al arte precolombino. Resulta curioso que fueran los Medicis los primeros en interesarse por lo precolombino, pero que el boom de este arte no llegase hasta 1960. Picasso, por ejemplo, no conoció estas piezas que hoy se disputan tantos coleccionistas. Especial mención requiere lo que se conoce como el mobiliario de los arquitectos del siglo XX, que empezó a aparecer en los años 20, con el art nouveau concebido por arquitectos que observaron la evolución de su tiempo. Hacían las casas y también los muebles, con formas muy estudiadas y depuradas, para lugares determinados. Muebles muy funcionales, muy simples, hechos en madera, metal, bambú, plástico, aluminio... Las galerías Down Town y Arc en Seine son especialistas. Esta última tiene piezas maravillosas de Ruhlmann, Dupré- Lafon o Chareau, cuyos precios (la escasez de obra los eleva) no bajan del millón de euros por un sencillo armario o aparador. En el stand de Didier Aarón es donde quizás se hagan las mayores operaciones. Tiene tiendas en Londres, Nueva York y París y clientes por todo el mundo. Está especializado en muebles y cuadros de los siglos XVII y XVIII y en la pasada Bienal su galería fue testigo de uno de las mayores transacciones en torno a un cuadro antiguo Toile du Titien adquirido por 50 millones de dólares por el Museo Getty de Los Ángeles. La nueva clientela rusa El público ruso quiere recuperar su patrimonio y se gasta fortunas en conocidas piezas, que dan a su casa un aspecto refinado, y con las que pueden presumir delante de sus amigos. En Ariane Dandois vimos un interesante mobiliario ruso de finales del XIX, de un estilo indefinido propio de esos muebles cuyos artistas sólo tenían como inspiración su imaginación. También en ese stand había cuatro taburetes españoles de bronce, parecidos a los que hay en la Casita del Labrador (Palacio de Aranjuez) y dos sofás que pertenecieron a Fernando VII. Muebles de marquetería con la técnica boulle (carey y metal) mesas y cofres de piedras duras (la última moda) lámparas de Giacometti, joyas de reinas y cortesanas (también los collares de sus perros) y pintura impresionista y contemporánea (desde Picasso a nuestro Millares) forman ese escaparate de sueños que, para los amantes del arte, es la Bienal de París. El arte precolombino es el último boom del coleccionismo güedades para darse lustre, pero no son los únicos, como puede comprobarse en las residencias de personajes como Edmond de Rothschild o en los apartamentos y propiedades de Yves Saint Laurent en Marrakech, Deauville o París, decorados con muebles y cuadros comprados en otras bienales, lo mismo que el show room de Paloma Picasso en Nueva York, o el salón oficial del Palacio del Elyseo de la capital francesa. El coleccionismo tiene sus seguidores y gracias a él existen los museos Thyssen o Getty, cuyos conservadores acuden a la bienal para adquirir nuevas piezas El mueble clásico, como este reloj estilo Imperio, sigue siendo de los objetos más solicitados