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16 9 06 TENDENCIAS Cita en París La Bienal de Anticuarios París es una fiesta. La que marca el mundo del arte con ocasión de la Bienal del Anticuario, que ayer comenzó y durará hasta el día 24. Es el mejor escaparate del mundo para adquirir esas piezas únicas, cuidadas, perfectas y exclusivas. S 7 se ha dado un paseo por este museo en venta POR CARMEN FUENTES a Bienal de Anticuarios de París es el comienzo de la rentrée cultural en la capital del Sena, al ser la primera cita con el arte tras las vacaciones de verano. Y es también el punto de encuentro de los grandes coleccionistas del mundo, de esos que recorren miles de kilómetros en busca de una nueva pieza, de una nueva joya que añadir a su exquisita y exótica colección. Pero es también cita obligada para los conservadores y directores de los grandes museos o fundaciones privadas que tuvieron su origen, precisamente, en el coleccionismo de sus propietarios. Bastan los ejemplos de los Museos Getty, Thyssen o de las colecciones de Guggenheim o Gulbenkian. La Bienal de París es el mejor mercado para adquirir desde arte antiguo a impresionismo, y desde la escultura greco- romana a la vanguardia de Picasso (el más cotizado) pasando por anónimos y antiguos artistas africanos o precolombinos cuyas obras hoy están muy reconocidas y valoradas. L que después haya pasado por la casa de un conocido lord o de un artista de Hollywood, a que el mueble no tenga pedigrí Los anticuarios han estado buscando y seleccionando durante estos dos años piezas especiales para la ocasión porque la Bienal requiere lo mejor de lo mejor, aquello que, difícilmente, puede encontrarse en otro lugar. La arqueología, las artes decorativas del siglo XX, los cuadros antiguos, modernos y contemporáneos, las esculturas, los dibujos, los muebles y demás objetos de arte del siglo XVI o del XVIII, pasando por la orfebrería, la joyería y el arte primitivo, componen este museo a la venta en el que ver (mejor admirar) no cuesta nada, salvo los 15 euros de la entrada. Presumir de antepasados nobles No solo el todo París sino el todo Nueva York (el 50 por ciento de los clientes son americanos que vienen a comprar en su jet privado) y últimamente el todo Rusia acuden a París, talonario en mano, el mismo día de la inauguración para que nadie les pise su capricho. Porque los expositores avisan con anticipación a sus mejores clientes de las joyas que tienen. Es un mundo donde se conocen todos (vendedores y compradores) y al que hace unos años se ha incorporado el millonario ruso, que quiere dar caché a su casa con pinturas de firma o muebles escogidos. La elite del coleccionismo (que, como la droga, crea dependencia) desfila por París, lupa en mano, buscando el detalle y la Bienal es el mejor escaparate de las tendencias, esas que marcan los decoradores de lujo, cuando montan las casas de los millonarios que vemos luego fotografiadas. Y es que con las antigüedades se puede dar a la casa un toque de glamour y hasta presumir de antepasados nobles. Deportista de elite y financieros de nuevo cuño recurren a las anti- Un marco muy especial Pero la Bienal es también un paseo por lo que fue el mundo del lujo de otras épocas y, tras seis ediciones consecutivas en el Carrusel del Louvre, vuelve a instalarse en el Gran Palais, esa majestuosa obra de la arquitectura del hierro construida para la Exposición Universal de 1900 por Deglane, Louvet, Thomas y Giraul. Su remodelación ha dejado un espléndido edificio de interiores enormes, donde 107 expositores (63 franceses y 43 extranjeros) exhiben sus mejores obras, no sólo valiosas sino con historia propia. Y es que a veces las obras de arte, dependiendo de quiénes fuesen sus propietarios, tienen una biografía paralela que le da a las piezas un valor añadido. No es lo mismo que un mueble fuese hecho por encargo de Napoleón para su palacio, y Perro de John Huston Esta pequeña figurita de barro, perteneciente a la cultura Mezcala, formaba parte de la colección de arte precolombino del cineasta John Huston. Estaba a la venta en la bienal por 50.000 euros Pieza clave del arte africano Esta figurita de una diosa- niña de Camerún realizada en madera en el siglo XIX, cuyo precio ronda los tres millones de euros, ha llegado hasta hoy en perfecto estado