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12 Nacional LA CRISIS DE LOS CAYUCOS SÁBADO 16 9 2006 ABC Un bebé nigeriano cumplió su primer año de vida el miércoles a bordo de una patera b La patrullera de la Guardia Civil que rescató la falúa colisionó poco después con un fondo marino; ninguno de los agentes que prestaban servicio resultó herido E. CALVO LAS PALMAS. Larry y Blasky. Así se llaman los dos últimos bebés llegados a Canarias a bordo de una embarcación clandestina. Lo hicieron el pasado jueves, acompañados de sus madres- -dos mujeres muy jóvenes, ninguna de ellas sobrepasa los veinte años- -y otros 35 subsaharianos. Blasky, la niña, tiene dos añitos y Larry, el más pequeño, sólo uno explicó ayer a ABC Leticia Quintana, directora del centro de acogida de Cruz Roja en la isla majorera. Los dos pequeños nacieron durante el largo trayecto que tuvieron que recorrer sus padres para atravesar África. Pero Larry, además, tuvo un atípico cumpleaños. Celebró su primer año de vida el miércoles, a bordo de la patera que le llevó hasta Fuerteventura Una entrañable historia que contrasta con la del bebé de sólo siete meses que moría el pasado julio justo cuando su falúa llegaba a la isla. Larry y Blasky, y sus madres, se encuentran en muy buen estado de salud, no tienen ni siquiera un poquito de fiebre, y ya les hemos tramitado la tarjeta sanitaria Alcanzaron la isla después de dos días de viaje, -partieron de las costas de Marruecos- y ahora se quedarán con nosotros en el centro de acogida al menos durante unas semanas, luego puede que sean derivados los cuatro a Gran Canaria o Tenerife Actualmente este centro acoge a siete mujeres y cinco niños; en muchos casos se ha procedido al reagrupamiento familiar. Senegaleses repatriados ayer se despiden del avión que los había devuelto a su patria Un grupo de senegaleses despide emocionado al avión que los repatría antes de hundirse en un profundo llanto al comprobar que su sueño europeo ha terminado. Les habían dicho que se iban a Madrid y aterrizaron en San Luis. Pero lo tienen claro: Volveremos a intentarlo ¡Adiós España, viva España! TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIAL Los padres siguen en Marruecos Esta vez no ha podido ser. Como sucede el 90 por ciento de las veces, los padres de Blasky y Larry aún no han partido hacia Canarias; suelen reunir dinero primero para las mujeres y los niños, y luego para ellos En la misma embarcación viajaban otras cuatro mujeres y 31 varones procedentes de Ghana, Sierra Leona, Liberia, Uganda, Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Burkina Fasso, Togo y Zimbawe. A su encuentro salió una patrullera de la Guardia Civil, que una vez finalizado el rescate colisionó con un fondo marino, según informaron a ABC fuentes del Cuerpo. Ninguno de los agentes que se encontraban prestando servicio sufrió daño alguno, aunque el impacto ocasionó una vía de agua en la embarcación. SAN LUIS (SENEGAL) El sueño de una noche de verano- -pisar Canarias tras dos semanas de cayuco- -esfumado en un suspiro- -dos horas de regreso en avión- Así se escribe la historia de los senegaleses que ayer, por segundo día consecutivo, aterrizaban en el aeropuerto de San Luis. El primero de los tres aviones de ayer pisaba el asfalto a las 16.15 hora local (18.15 de Madrid) El ruido de los motores al acercarse a la diminuta terminal se funde con los cuchicheos de los presentes. Algunas autoridades locales, medio centenar de agentes y unos cuantos jóvenes con camisetas de equipos de fútbol- -uniforme por excelencia de la juventud africana- De uno en uno El cielo, aún negro, acababa de dejar de jarrear. En unos minutos fueron saliendo de uno en uno y, según iban pasando lista, se alineaban a unos metros de la escalerilla. La pista mojada era como el patio de un colegio con inmigrantes en vez de alumnos y gendarmes en vez de profesores. Una vez reagrupados ordenadamente los setenta, y sin que nadie aparentemente diera ninguna orden, se volvieron hacia el Boeing 737 de Air Europa y levantando las manos se les escuchó: Adiós España, ¡viva España! Varios policías españoles de paisano que merodeaban entran en el avión y un miembro de la tripulación devuelve los saludos a los senegaleses. Entonces sí, alguien dio la orden y con paso tranquilo se dirigieron hacia la carpa donde pasaron un rápido reconocimiento médico y les intentaron alegrar las mandíbulas con un bocadillo. Algunos, ni por esas. La luz plana y plomiza del atardecer, más que nublado, realzaba el brillo de las lágrimas que descendían desde las mejillas hasta la barbilla de Lamine Sagna. Grande como un castillo, el joven no aguantó la presión de verse devuelto a su patria, de la que se había ido en piragua para vivir mejor. Llora sin parar. Primero en silencio. Después sollozando. Nos dijeron que nos llevaban a Madrid Al lado de Lamine otro hombre se viene abajo. No hay consuelo. Sus compañeros se lo llevan unas sillas más allá. Recoge su rostro con las manos. Pero en la distancia se le sigue escuchando. Los ojos vidriosos se multiplican y unos cuantos acaban rompiéndose. Trece días en una piragua casi sin comer... comenta uno a la media docena de informadores locales y extranjeros que presencian la escena desde detrás de una valla. Como recuerdo mate- rial de su aventura todos vestían los chandals que les entrega la Cruz Roja el día de su llegada a puerto español. Algunos visten camisetas en las que se lee: Bajamar. Punta del Hidalgo. Tranquilo por naturaleza Omar Kounkara pide a uno de los periodistas la botella de agua vacía que tiene en la mano. Otros piden cigarrillos. El buen rollo de unos contrasta con el desconsuelo de otros. España, bien Nos ataron las manos en el centro de internamiento y nos las soltaron un rato después del despegue relata sin ánimo de denuncia Kounkara con un palillo entre sus dientes y una enorme sonrisa. ¿Cómo ha sido el trato? Bien, todo bien responden varios a coro. España bien insisten. Varias furgonetas les esperaban para trasladarlos hasta el centro de San Luis, a una decena de kilómetros. Allí, con 10.000 francos (15 euros) en el bolsillo cortesía de su Gobierno, más lo 50 euros que la Policía española entrega a cada uno de ellos al subir al avión, se tendrán que buscar la vida para regresar a sus lugares de origen. Así ocurrió en la noche del jueves, cuando el primero de los vuelos aterrizó en la ciudad norteña. Volveremos a intentarlo dicen algunos sin importarles la presencia de mandos policiales y de la Gendarmería. Y de fondo, los llantos de Lamine, lejos aún de su casa, en la provincia de Kaolak. Cada repatriado recibe de la Policía española un billete de 50 euros al subir al avión que lo devolverá a Senegal