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ABC VIERNES 15 9 2006 Espectáculos 63 El viento que agita la cebada Ken Loach, el agitador británica Director: Ken Loach Intérpretes: Gillian Murphy, Liam Cunnigham, Pádraic Delany E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Una escena de la película de Ken Loach, que relata los incidentes vividos en la Irlanda de 1920 ABC Cada vez estoy más comprometido con mis ideales de los años sesenta Ken Loach estrena El viento que agita la cebada Palma de Oro en Cannes JOSÉ EDUARDO ARENAS MADRID. Algunos blogs de internet facilitan una serie de datos que sirven a veces para estimular la creación del artista. En ese medio se elogia la tendencia al minimalismo como fórmula con la que combatir lo superfluo de las cosas para ir directos al grano. Así se podría definir el cine didáctico de Ken Loach. Cuenta sus historias con la limpieza del curtido en la dirección, para después despedirse hasta la próxima con la misma fidelidad que le brindan sus seguidores. Con El viento que agita la cebada espera, pese a la polvareda que ha levantado en Gran Bretaña, que el público vea algo más que la temática política que toca, porque habla de experiencias humanas Y lo apunta así, porque a pesar de llevar a su tierra la Palma de Oro de Cannes, algunos sectores de la sociedad han reaccionado malamente ante su estreno. Sin embargo- -apunta él- la película gusta y está recaudando en taquilla lo que nunca en mi cine. Soy partidario de que cuando una herida no cicatriza bien hay que seguir hurgando en ella. El filme se centra en la Irlanda de 1920, en un suceso histórico que desvela los dos grandes secretos del Imperio Británico: siempre se aplicó la violencia, la ex- plotación y la opresión, y fue su política colonial la principal causante de la problemática irlandesa. Mi película intenta introducir al espectador en las proximidades de la ciudad irlandesa de Cork, donde un grupo de campesinos se une para formar un ejército de guerrilleros opositores al régimen británico, que con su ejército reprime las manifestaciones. En el grupo están Damien (Cillian Murphy) que abandona su prometedora ca Las rrera como médico imágenes de por sus ideales, y su hermano Teddy, mi cine (Liam Cunningham) coinciden que luchará por la con la misma causa desde realidad de un punto de vista muy diferente. A parmi vida tir de esta exposición desarrollo la lectura de que los argumentos contrarios no eran débiles en ninguno de los dos bandos, lo que enardeció el drama histórico declara. Aunque considera que no deja de ser su propia mirada, indica que era necesario aclarar ese momento histórico para entender todo el posterior enfrentamiento entre Irlanda e Inglaterra y sumergir al público en el dilema de todos los frentes de resistencia, en los que se cuestiona si tanto sacrificio va- le finalmente la pena. Por lo tanto, querría pedir que nadie viera en El viento que agita la cebada ninguna idealización de la violencia ni un apoyo a las acciones del IRA Loach es muy minucioso en cada movimiento que realiza para la consecución de sus películas: La línea de coherencia es fruto del hecho de que las ideas que uno tiene determinan la forma, el método, la fotografía y hasta la música de un filme confirma. El guionista habitual del cineasta, Paul Laverty, con el que ha vuelto a colaborar, añade que de nuevo volvemos a contar una crónica de guerra, como ya hicimos en Tierra y libertad El guión se pensó antes de la guerra de Irak, pero las semejanzas son inevitables ya que en aquella época y en la actual se da la misma retórica en los discursos de Churchill y Bush. La psicología de la ocupación es muy similar y universal explica. Para Loach, las imágenes de nuestro cine coinciden con la realidad de nuestras vidas. Empecé en los años 60. Temíamos una crisis económica, que llegó con Thatcher y lo pagó la clase obrera. Toda Europa está pagando el precio de aquello, lo que confirma que cada vez esté más comprometido con mis ideales de los años 60 anó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes; sin duda, una sorpresa. El viento que agita la cebada es una película impecable, siempre y cuando sea Ken Loach quien la haya firmado, pues lleva impreso su estilo seco pero también maniqueo hasta casi lo impúdico; tan comprometido con la mirada de su autor que renuncia por completo a desviar ni un milímetro la vista. Dos aspectos resaltan de esta historia sobre la lucha independentista de Irlanda: la primera es que los ingleses, o sea, todos los ingleses sin excepción, son unos psicópatas que disfrutan haciendo daño a los demás, que violan, matan y torturan sólo para divertirse; y así se les retrata en todas las escenas en que aparecen. El segundo aspecto resaltable es algo más profundo y mejor trabajado, pues contiene todo ese material eterno de las grandes tragedias: la traición, la lucha, los principios, el desencanto, el sacrificio... naturalmente del único lado que se contempla y se explora: la resistencia del IRA a la ocupación británica. Loach sitúa la acción en un ambiente campesino y hacia 1920, inmediatamente antes del trata Lleva do anglo- irlandés susimpreso su crito por Michael Collins. Y la enfoca en estilo seco pero también dos hermanos, que encarnan los vaivenes y maniqueo culebreos de la achasta casi lo ción revolucionaria En términos geimpúdico nerales, El viento que agita la cebada es lo que se suele denominar una película fría, no tanto por la temperatura de sus personajes o sus acciones, que son una olla hirviendo, sino por el modo severo con el que trata a sus personajes, incluso los más cercanos. Esta frialdad o severidad queda impresa en escenas profundamente violentas, como la del insoportable ajuste de cuentas al indefenso jornalero que los traiciona, o la del soldado que los salva de la prisión por problemas de conciencia, o esa otra que ya es habitual en el cine de Loach en la que de forma aparentemente repentina se celebra una asamblea en la que se discuten, como a espaldas del guión, asuntos profundamente ideológicos. Son bien conocidos tanto Ken Loach como su cine, y a nadie debería de pillar por sorpresa ni su punto de vista ni el modo de reflejarlo. Tampoco, la solidez de su puesta en escena o su intensidad narrativa y el buen gusto general en el aliño, desde la música a los tonos y las interpretaciones siempre sorprendentes. Una película sólo lastrada por el propio lastre de su director, incapaz de que no se le convierta en caricatura su dibujo de la opresión, de la resistencia, de la política y de los sentimientos e ideología. G