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ABC VIERNES 15 9 2006 Espectáculos 61 UN CHIVO EXPIATORIO EL Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) era un grupo muy extraño. De hecho, el sentimiento ácrata que los guiaba hace que ni siquiera se le pueda considerar como un grupo antifranquista en sentido estricto. Animados por el espíritu del mayo del 68, un puñado de jóvenes españoles y franceses decidieron unirse para combatir el capitalismo y la sociedad burguesa. Para ello no dudaron en tomar las armas y atracar bancos en espectaculares acciones cuyo éxito acabó por hacerles pensar que eran indestructibles. El dinero robado en los bancos se consideraba expropiado y pasaba a financiar a la parte más combativa del movimiento obrero de los años setenta. Sin embargo, en muchos aspectos eran originales y hasta absurdos: ridiculizaban a través de cómics al comisario que los perseguía, Juan Antonio Creix, y en esas mismas viñetas incluían historias eróticas con el fin de romper tabúes burgueses. Sin embargo, no eran indestructibles. A partir de 1973 empiezan a caer sus miembros y, finalmente, el 25 de septiembre la Brigada Político Social prepara una emboscada en la que debe caer Xavier Garriga, un compañero de Puig Antich. Salvador y Garriga se presentan en el bar Funicular, situado entre las calles de Girona y Consell de Cent de Barcelona. Puig Antich va armado y se produce un tiroteo con la policía en el que muere un jovencísimo guardia civil. Ese mismo año Carrero Blanco es asesinado por ETA... y determinados sectores del franquismo, inquietos, piden dureza y condenas. Y Puig Antich es elegido para aplacar estas demandas: es condenado a muerte y sus hermanas inician una infructuosa tarea para conseguir el indulto. No sirvió de nada: el 2 de marzo de 1974 era ejecutado. un precioso elogio: Me dijeron que por momentos se habían olvidado por completo de que estaban viendo a un actor, que a quien veían era a su hermano. Ésta es la mejor crítica se me podía hacer afirma Brühl, un tanto emocionado. Su interpretación esconde puntos conflictivos, como el hecho de que Salvador Puig Antich era un joven con una ideología, como sucedía con casi todos los militantes del MIL, que chapoteaba en las aguas de muchas corrientes y que, además, incluía la lucha armada como modo de acción política: Quizás el único punto delicado que encuentro en todo esto es el hecho de coger las armas para luchar. Pero ocurre que yo no puedo juzgarlo porque no he vivido jamás bajo una dictadura y no he sufrido esa opresión. Así que no puedo juzgarlo... no sé lo que yo haría en su caso Pese a toda esta carga ideológica y política inevitablemente implícita en la narración, Huerga afirma que el único miedo que tiene es que la película no guste Además, espera que sirva a la tarea de las hermanas de Puig Antich: Y si no, pues ahí queda la historia. Habrá merecido la pena Salvador Cine, retrovisor y catarsis España, 2006 Director: Manuel Huerga Intérpretes: Daniel Brühl, Tristán Ulloa, Leonardo Sbaraglia, Leonor Watling, Ingrid Rubio E. RODRÍGUEZ MARCHANTE anuel Huerga hizo una película, Antártida hace una docena de años. Una buena película, con personalidad, fuerza y sentido de lo trágico sobre unos personajes fronterizos, unos perdedores. Y ninguna película más hasta este Salvador una historia con personalidad, fuerza y sentido de lo trágico sobre un personaje fronterizo, un perdedor, un anarquista condenado a muerte ya en los estertores del franquismo y el último ejecutado por el garrote vil. Es decir, parece que es en este terreno de lo fronterizo en el que Manuel Huerga sabe exprimirse como cineasta. La película tenía de antemano todas las complicaciones que existen al pretender reflejar cualquier asunto lo suficientemente real y lo suficientemente cercano para que no huela ni cante Es más fácil reproducir el ambiente de la Edad de Piedra que el de hace treinta o cuarenta años, del tipo Cuéntame Y es ésa la primera batalla que gana Huerga en Salvador porque deja bien clavada la época, el estilo, el tufillo, el clima, los modos de mirarse, tocarse y hablarse, que, por muy redichos o estrafalarios que suenen ahora, han sido la cantinela hasta hace nada. Tiene el suficiente sentido cinematográfico para rodar con talento y sobriedad las escenas de manifestaciones (aunque sean siempre nocturnas) las de acción y las de sentimiento, y tiene el gran acierto de encomendarle la responsabilidad de levantar al personaje a un actor magnífico, Daniel Brühl, que contiene los dos elementos esenciales para que Salvador funcione: un físico atractivo, pero también engañoso, entre chico bueno y malo. La mirada del director es cálida y procura que la figura de Salvador Puig Antich quede bien enmarcada, al menos en esta pequeña historia. Todo el largo tramo final, que podría considerarse más meló que tragico, se puede considerar necesario para que quede enfocada finalmente la madurez de un hombre y que el espectador vea y asuma el cambio que ha sufrido desde sus primeras escaramuzas de delincuente hasta su condición de mártir injustamente ejecutado (como es lógico, Huerga propone una versión de los sucesos en los que Puig Antich es sólo víctima) También es cálido el modo de tratar la parte humana de Salvador, su relación familiar y sus amores, impresionados en apenas una secuencia con la genial Ingrid Rubio, o la más descorazonadora con Leonor Watling. Sin entrar en ese difícil avispero de la memoria histórica lo cierto es que este Salvador toca. M JAVIER CORTIJO sus palomitas y eso remata socarronamente Daniel Brühl. Este joven y talentoso actor, hijo de padre alemán y de madre catalana, encabeza un reparto compuesto en su parte más principal por Tristán Ulloa en el papel del abogado Oriol Arau; Leonor Watling como Cuca, el gran amor de Salvador; Leonardo Sbaraglia como el funcionario de prisiones Jesús Irurre e Íngrid Rubio, quien encarna No es el a Margalida, el último retrato de un amor de Puig Antich. Sin embargo ésta mártir. Es una historia, pero es una película coral por la que desfilan una historia muchos más actores, real afirma entre los que se cuentan Celso Bugallo, el director Mercedes Sampietro, Carlota Olcina, Joel Joan... y así hasta setenta y seis más. El pasado que vuelve Una de las peculiaridades de Salvador es que buena parte de las personas que protagonizaron los sucesos de 1974 aún viven, así que algunos de los actores tuvieron la oportunidad de conocerlas: Yo me fui a Mallorca a conocer a Margalida, a tomarme un café y charlar con ella con todo el respeto del mundo. Buscaba la esencia de una época que no viví, la de una juventud que buscaba un espacio donde poder soñar y respirar explica Íngrid Rubio. Otros, como Leonardo Sbaraglia o Leonor Watling, decidieron que era mejor no conocer al carcelero Jesús Irurre y a Cuca. A pesar de esto la actriz acabó por encontrarse con la persona a la que interpretaba en el celuloide y por aceptar un más que especial obsequio: Cuando estábamos rodando Manuel me dijo: ¿Ves a esa señora del fondo tan atractiva? Pues es Cuca Me daba una vergüenza horrible hablar con ella, pero al final lo hice e incluso nos acabó prestando el vestido de novia de verdad, el que vistió ella en su momento. Y me sentaba como un guante A quien Daniel Brühl conoció fue a las hermanas de Puig Antich, las personas que aún hoy siguen adelante en la brega por la reapertura del caso. Aunque al principio se mostraban un poco reacias, aceptaron el proyecto y dieron su visto bueno, lo cual tranquilizó bastante a Brühl. No sólo eso sino que tras ver la película en el pasado Festival de Cannes, dedicaron al actor