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ABC JUEVES 14 9 2006 11 Libertad bajo fianza de 60.000 euros para la ex alcaldesa de Marbella, Marisol Yagüe, y García Marcos La muerte de un mendigo eleva a dos las víctimas por el temporal que azota Baleares y Cataluña LAS FRASES DEL DEBATE RUBALCABA A ver si lo entiendo: la furgoneta, la mochila, el AVE y Leganés fueron unos, y los del 11- M fueron otros Cada vez que declara (Trashorras a la Policía y al juez, y a El Mundo dice algo distinto; el auto le considera colaborador con banda terrorista Sí, hubo una conspiración: la de ustedes (mirando a Zaplana) para engañar a los españoles Ustedes están dando pábulo a declaraciones de personajes acusados de participar en un atentado con 192 muertos ZAPLANA No conocemos quiénes montaron las bombas, ni el tipo de explosivo que estalló en los trenes Queremos saber la verdad y ver a los culpables en la cárcel, pero no vamos a consentir que se mienta Será a su Gobierno (de Rubalcaba) al que pedirán cuentas lo ciudadanos si los imputados al final sólo son condenados a penas leves El presidente del PP se saltó el debate sobre el 11- M para preparar una entrevista en televisión donde se volvió a encontrar con los atentados. En el PP reconocen que el caso oculta su labor de oposición en momentos inoportunos: ETA y la OPA pasaron ayer a segundo plano Rajoy, frente al nubarrón conspirativo ÁNGEL COLLADO MADRID. Como si fuera septiembre de 2004, o de 2005, Gobierno y oposición empiezan el curso político con un nuevo combate- -nulo por reiterado- -y enzarzados por enésima vez con el 11- M. Alfredo Pérez Rubalcaba, el cerebro del vuelco político registrado en las elecciones inmediatamente después del atentado y ahora ministro del Interior, frente al portavoz del Gobierno de entonces, hoy portavoz parlamentario de la oposición, Eduardo Zaplana. Cada uno habla para su grupo y para sus partidarios. Argumentos y acusaciones repetidas. Para el Gobierno está muy claro todo lo ocurrido en los atentados que costaron la vida a 191 españoles. Para el PP cada vez hay más dudas. Otro empate técnico que amenaza con extenderse durante toda una legislatura. En la dirección del Partido Popular reconocen llevar el 11- M como una cruz, como un nubarrón que acaba por oscurecer su labor de oposición en momentos vitales. Se sienten obligados, a veces con resignación, a apoyar con denuncias parlamentarias la aparición de cualquier información o dato sobre la chapuza del sumario o la investigación policial, aunque saben que pocas posibilidades tienen de sacar algo en limpio ante la opinión pública. Bien porque el Gobierno está dispuesto a poner todas las trabas que pueda o, sobre todo, porque los ciudadanos que dan por aclarado el asunto no han cambiado de opinión en estos dos años y los que ven maniobras detrás, tampoco según admiten en fuentes del PP. El hecho es que Zaplana se volvió a fajar para pedir explicaciones sobre la investigación del 11- M y Rubalcaba en ridiculizar las informaciones sobre el caso que aparecen en los medios de comunicación y acusar al PP de haberse entregado a la estrategia de esos medios. Aclaraciones del Gobierno, ninguna. Críticas cruzadas de inmoralidad, todas. Combate nulo pero con consecuencias negativas para la oposición. Probablemente, jornada perdida para el desgaste del Ejecutivo. El 11- M protagonizó el principal debate del primer pleno de control al Gobierno del curso político. Y eso que era el día siguiente de que Julen Madariaga, fundador de ETA, contara que el PSOE, con el visto bueno de Zapatero, le pidió antes de las elecciones de 2004 que buscara intermediación con la banda terrorista. También se daba la circunstancia de que el presidente del Gobierno había dado la vuelta como un calcetín a su posición sobre la OPA de EON sobre Endesa para desautorizarse a sí mismo y está en primer plano la imagen de un Gobierno desbordado e impotente ante el problema de la inmigración ilegal. Y sin olvidar el espectáculo de ineptitud e inoperancia, e El presidente del PP reta a que alguien le diga si algún miembro de su partido ha culpado del 11- M al PSOE, la Policía o los servicios secretos incluso de vacaciones sagradas, a lo funcionario de la mayoría de los ministros durante todo el verano frente a los problemas de los ciudadanos con lo incendios de Galicia en primer lugar. Sobre esos puntos había trazado el Partido Popular su primera jornada de oposición y todo quedó en segundo plano por el 11- M, según se lamentaban los propios dirigentes del PP al término de la sesión. Mariano Rajoy, que con Ángel Acebes y también Zaplana, había incidido en todas esas cuestiones en el pleno, se retiró a las 17.30 de la tarde a su despacho para preparar la cita de esa noche en una televisión, la Cuatro, que a las 21,30 le iba a entrevistar en directo. No se quedó a la interpelación sobre el 11- M que llevaba Zaplana, pero allí se volvió a encontrar con el mismo asunto, diez minutos de interrogatorio en los que hizo equilibrios para defender la exigencia general de que se sepa la verdad de lo ocurrido, pero desmarcándose de las denuncias de los medios y, por supuesto, de la teoría de la conspiración Ante el acoso, el jefe de la oposición retó al entrevistador a que le dijera qué miembro del PP había dicho que el PSOE, la Policía o los servicios secretos estaban detrás de los atentados. No hubo respuesta. Pese a todo, Rajoy acertó a abrir un claro en el nubarrón del 11- M, para colocar los mensajes de sensatez política que tanto le gustan y decir textualmente que considera un deber moral llegar a la presidencia del Gobierno a la vista de lo que ocurre en España