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ABC JUEVES 14 9 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA SOSTIENE MADARIAGA OSTIENE Madariaga, cofundador de ETA, que el presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Eguiguren, le pidió, poco antes de las elecciones de 2004, que intentase una mediación con la banda. Tales declaraciones pueden ser verdaderas o falsas. Si son falsas no hay nada más que decir; un terrorista en apuros judiciales inventa una historia para tratar de salir del aprieto. Pero si son ciertas, la cúpula socialista está en un brete: por violar desde la oposición el Pacto Antiterrorista en su plena vigencia, y por mentir al Parlamento desde el Gobierno al asegurar que la iniciativa de pedir una negociación es de ETA. Es decir, por urdir una agenda IGNACIO oculta de contactos con CAMACHO el terrorismo a espaldas del Estado. Por principio, un gobierno democrático goza de más credibilidad que un terrorista. En ocasiones, sin embargo, en su cínico pragmatismo, los terroristas utilizan la verdad como arma, si la pueden convertir en una herramienta con la que hacer daño. Ocurre, a veces, cuando el poder legítimo baja a las cloacas y se mancha con el fango de la mentira, de la ocultación o del engaño. Entonces, la hipotética verdad se transforma en un material tan explosivo como la dinamita, al revelar contradicciones imposibles de asumir por la sociedad democrática. Portavoces del Gobierno y del PSOE han desmentido a Madariaga, pero a esta hora (siete de la tarde del miércoles) más de un día después, brilla por su ausencia la refutación del principal interesado. Cada minuto que pasa en silencio, Jesús Eguiguren arroja más incertidumbre sobre una cita ominosa que resultaría bastante menos verosímil si no se hubiese reunido también con Batasuna en el mismo periodo, en plena vigencia del acuerdo que excluía cualquier contacto con el mundo etarra. Existe, pues, por el momento, una duda. Y muy poco tranquilizadora, porque no afecta sólo a Eguiguren, sino al mismo presidente Zapatero. El asunto se vuelve inquietante si se recuerda que, en su último comunicado, ETA amenazó con desvelar sus contactos secretos con el Gobierno si no se desbloqueaba el proceso de interlocución. A la luz de esas intenciones, cabría interpretar la versión que sostiene Madariaga como un botón de muestra, una típica advertencia explícita de que los terroristas poseen información desestabilizadora que pueden utilizar sin escrúpulos para hacer estallar el proceso en las manos de Zapatero. Es el peligro de bailar con lobos: resulta difícil zafarse de las dentelladas. Más vale, pues, que todo sea mentira. Más vale que esa cita sea una invención torticera. Más vale que esa infamia jamás haya tenido lugar. Porque los españoles necesitamos creer que no estamos siendo traicionados en nuestra buena voluntad. Y porque seguimos mereciendo, ¿recuerdan? un Gobierno que no nos mienta. S CONCENTRARSE EN AFGANISTÁN D ESPUÉS del quinto aniversario, el doble sentimiento de repugnancia y peligro ante los atentados del 11 de septiembre no disminuye, aumenta. A pesar de la diversificación de las células de Al Qaeda, el problema sigue localizado en un área concreta, la frontera afgano- paquistaní. Hay procesos de fondo, históricos, que no pueden abordarse en esta nota. Otra cosa es que en cinco años los terroristas no hayan podido lanzar nuevos ataques en territorio americano. El presidente Bush y el vicepresidente Cheney tienen razón en este punto: alguien habrá hecho algo para conseguir cinco años sin atentados en Estados Unidos. El esfuerzo de la inteligencia americana ha llegado, al parecer, al límite en 2006. Tenemos poca pero alguna información. Los gobiernos suelen tener información amplia, muchas veces secreta. El periodismo (verdadero) consiste en obtener información, siempre verificada en tres distintas fuentes. Y saber reDARÍO unir lo fraccionario para explicarlo VALCÁRCEL luego al lector. Thomas Kean, antiguo gobernador republicano de New Jersey, uno de los dos directores del informe sobre el 11- S, publicado en julio de 2004, insiste en un punto: los errores de algunas agencias de seguridad han sido notorios. Pero hay grandes aciertos de los que no se habla. A la larga, la confrontación podrán ganarla los servicios (americanos, europeos, japoneses, bien coordinados) no los terroristas. Será una larga confrontación, no una guerra. A Bush le interesa el término guerra por las facultades reconocidas al comandante en jefe. Pero no es una guerra, es una clase de lucha nueva. Sí, por lo demás tan vieja como el mundo. Irak en cambio es una guerra. Errónea y muy peligrosa, según Kean. Afecta a Irán, Pakistán, Arabia Saudí, Siria, Líbano. A israelíes y palestinos. La guerra en Irak radicaliza a los pueblos de la región explica. Si se convierte, como parece hoy, en guerra civil, podrá extenderse fuera de Irak. Es lo... que los terroristas querrían conseguir Irak exige la concentración en ese escenario de Estados Unidos, con casi todos sus medios humanos, económicos y analíticos. Pero Irak es el territorio equivocado. El Congreso americano acaba de reconocer la completa ausencia de relación entre Sadam y Al Qaeda. Cheney replica: si volviéramos atrás, haríamos exactamente lo mismo. Es un torpe lenguaje, impropio de un hombre sutil. Desde hace un año los especialistas insisten: concentrar el esfuerzo en Afganistán. Allí está el núcleo duro. Algunos pretendidos expertos ni siquiera miran los mapas. Afganistán tiene una frontera de 900 kilómetros con Irán, de 70 con China, de más de 2.000 con Pakistán. La pobreza del país busca la riqueza delictiva de la amapola. Ahmid Karzai, elegido en 2004 por el 55 por ciento en la primera votación democrática de la historia afgana, no resistirá sin el apoyo occidental. El comandante en jefe de la OTAN pide refuerzos: y pide cooperación económica, acuerdos comerciales, financieros, tecnológicos; en suma, una nueva estrategia pactada entre americanos y europeos. Los europeos tienen 18.100 hombres sobre el terreno, sobre todo británicos y alemanes. Estados Unidos, 20.000. En la lucha contra el terror (distinta de la que imaginamos) los servicios ganan, por ahora, por amplio margen. Su victoria, sin embargo, no es definitiva. Todo se complica en las provincias del sur, Nimruz, Helmand, Kandahar: la relación de los señores de la guerra con los grandes traficantes de droga se consolida. La situación es del todo diferente a la de Colombia: pero existe un fondo común, hoy indescifrable. Los traficantes necesitan a los talibanes para producir caos, entropía global. Los mapas de Bartholomew señalan un largo espacio fronterizo, del lado paquistaní, con dos términos inquietantes, Tribal Areas, es decir, áreas fuera del control estatal. Es un combate especialmente despiadado, que la OTAN debería ganar con holgura. Siempre que Karzai y los gobiernos occidentales resistan. Parece que van a resistir.