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30 Internacional MIÉRCOLES 13 9 2006 ABC Blair se despide de los sindicatos entre protestas y pancartas de delegados que pedían su dimisión El primer ministro reclamó pragmatismo si los laboristas quieren seguir en el poder b Peter Hain, ministro para Irlanda del Norte, ya ha anunciado que se presentará a la elección para ser el vicelíder del partido, en sustitución de John Prescott EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. La cuenta atrás de Tony Blair en su marcha de Downing Street comenzó ayer formalmente con el congreso anual de los sindicatos. Blair sabía que el acto de despedida no iba a ser fácil, no por lo emotivo, pues el primer ministro y las fuerzas sindicales ya no se profesan ningún gran amor, sino por lo conflictivo, pues iba a verse expuesto a un chaparrón de críticas y de petición de inmediato abandono del poder, sin esperar los meses que se da de plazo. Una treintena de delegados interrumpió el comienzo del discurso de Tony Blair con pancartas reclamando su dimisión ahora, y cuando éstos abandonaron la sala, otros sindicalistas continuaron luciendo carteles y camisetas en favor de los servicios públicos, que consideran amenazados por la política del Gobierno, y del regreso de las tropas británicas en escenarios bélicos. Con todo, el acto no fue lo caótico que podía temer Blair y al final pudo lanzar su discurso entre esporádicos silbidos de algunos asistentes. Ante el sector laborista más crítico con su ges- tión, Blair reivindicó todo lo realizado por su Gobierno, también la invasión de Irak. Ante las objeciones que le llegaban desde parte del auditorio, Blair reclamó que los sindicatos británicos deberían de estar orgullosos de que por primera vez pueden ayudar a formar organizaciones de trabajadores en países como Irak. Gobernar es una dura tarea El primer ministro británico defendió la cruzada emprendida contra el terrorismo islamista y repasó los principales ejes de su política. La brutal verdad es que gobernar es una dura y difícil tarea manifestó, y advirtió de la necesidad de pragmatismo si los laboristas quieren seguir en el poder. Los sindicatos cuentan con el 33 por ciento de los votos a la hora de elegir al líder del Partido Laborista. El ánimo del Congreso estuvo algo más calmado en la posterior sesión de preguntas al primer ministro, centradas en el deterioro de los servicios públicos que los sindicatos vienen denunciando. Hubo especiales críticas a la privatización de parte de la sanidad pública, asunto que motivará un huelga en todo el país, según ha aprobado el Congreso. Blair pudo cumplir con esta cita sin verse contra las cuerdas. La próxima, más difícil, será el congreso del Partido Laborista, a final de mes, también el último como primer ministro. Si lo- El primer ministro británico, Tony Blair, en su intervención ante el Congreso gra mantener el tipo entonces, podrá encarar su propósito de dejar el poder en mayo, pero nadie descarta que en los próximos meses pueda precipitarse una crisis. De momento, Peter Hain, ministro para Irlanda del Norte, ya ha anunciado que se presentará a la elección para ser el vicelíder del partido, en sustitución de John Prescott cuando éste se vaya con Blair. El temprano paso de REUTERS Hain, que espera hacer tándem con Gordon Brown, obedece al deseo de éste de parar los pies a cualquier posible opositor de peso en su ansiado deseo de convertirse en primer ministro. La prensa baraja la posibilidad de que el ministro de Educación, Alan Johnson, estrecho aliado de Blair, presente su candidatura a vicelíder por si luego debe aumentar la apuesta y reñirle el puesto a Brown. LOS VECINOS DE DOWNING STREET JOSÉ MANUEL COSTA ony Blair lanzó hace unos cuatro años esa bella frase que utilizan los personajes públicos acosados y desesperados: La Historia me juzgará Hablaba de su aventura en Irak siguiendo las consignas emanadas de Washington, pero en cierto modo puede referirse al conjunto de su reinado en Downing Street, n 10, el más extenso que haya ocupado un laborista. Ahora Tony Blair está en el disparadero, su salida es cosa cantada, pero no por ello está resultando menos traumática. Lo que se suponía una cesión tranquila del liderato en manos de Gordon Brown se está convirtiendo en un rifirrafe lamentable en el cual hay políti- T ca florentina, insultos graves, indecisiones eternas, presiones envenenadas, dimisiones y, en realidad, casi toda la panoplia de golpes bajos en que pueden incurrir las luchas intestinas de cualquier institución. Es fácil echarle en cara a Blair que no haya sabido dejar graciosamente su puesto en el momento que más conviniera a su partido y al conjunto de la política del país. Y es fácil porque es cierto. Pero Blair no es otro de tantos políticos empeñados en aferrarse al poder sino una personalidad muy especial. Cuando Tony y sus huestes entraron en Downing Street y, sobre todo, tras su primera reelección, el foco de su liderazgo pasó de lo doméstico- internacional a lo trascendente. Tony quería- -lo dijo él mismo- -dejar asegurado su legado y pensaba que su retirada debía hacerse en olor de multitudes vitoreantes, tal y como había anunciado su gabinete de comunicación. ¡Ay! ¡Los legados! ¡Ese término empleado, sobre todo, por dictadores de todo pelaje que pretenden seguir mandando después de muertos! Por supuesto, Tony Blair no es un dictador, sino más bien un hombre alucinado por el poder. Su problema reside en que la fuente de ese poder es de orden democrático y en que son los ciudadanos quienes deciden si respetan un legado o prefieren un cambio de rumbo. En cuanto a la despedida bajo palmas y con corona de laurel, resulta tan patética que fue archivada en el mismo momento de darse a conocer. Por su parte, el sucesor Gordon Brown, a quien presumiblemente Tony Blair ha toreado en más de una ocasión (a cambio de la enorme parcela de poder que detenta desde el Ministerio de Hacienda) no ha sabido comportarse como un verdadero líder y se ha dejado enredar en unas batallas callejeras (reside en el n 11 de Downing Street) de las que sólo podía salir perjudicado el partido en su conjunto. En vez de recibir el cetro civil con serenidad y autoridad, lo más probable es que acabe viéndose envuelto en una elección interna donde volarán los cuchillos. Esta situación nunca es aconsejable, y menos cuando el partido conservador ha logrado sacudirse su olor alcanforado bajo la batuta modernizadora de Cameron, que está logrando ahuyentar sus fantasmas del pasado (el legado thatcheriano) y está camino de poder presentar en las próximas elecciones un programa positivo e ilusionante con mayor contenido social, incluso, que los de los actuales gobiernos. Por ahora, adelanta a los laboristas en un nueve por ciento. Y subiendo.