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30 Internacional CINCO AÑOS DEL ATAQUE TERRORISTA A EE. UU. MARTES 12 9 2006 ABC Washington, Nueva York y Pensilvania, unidos en el recuerdo Familiares de las víctimas y numerosos estadounidenses recordaron ayer los atentados terroristas del 11- S en los tres lugares marcados por la tragedia. El Pentágono en Washington, arriba; la zona cero en Nueva York, abajo a la derecha, y Shanksville, en Pensilvania, acogieron ceremonias de homenaje en memoria de aquellos que perecieron en los atentados de los cuatro aviones. FLORENTINO PORTERO ELLOS SABEN LO QUE QUIEREN n esos días vimos la importancia de lo que acababa de ocurrir y fuimos conscientes de que una nueva etapa comenzaba. No era aquella amenaza el único problema al que los habitantes de este planeta tendríamos que enfrentarnos, pero sería el eje sobre el que transcurriría la política internacional durante varios decenios. La primera dificultad con que nos hemos encontrado es que una parte importante de la clase política y de la población se niega a reconocer y asumir que nos han declarado la guerra. No entendemos el porqué, y el hecho de que no sea un Estado sino un movi- E miento dentro del Islam no facilita las cosas. Tendemos a obviar lo evidente, a seguir como si todo continuara igual que antes, pero ya nada volverá a ser como entonces. El segundo problema radica en la definición de la amenaza, su naturaleza y características, para así poder definir una estrategia conjunta. Europa, una vez más, se ha dividido entre los que comparten el análisis con Estados Unidos, aunque sólo unos pocos asumen sus consecuencias, y los que apuestan por las estrategias de pacificación, los que creen que si legitimamos al agresor, si le reconocemos su condición de actor político y si cedemos a parte de sus exigencias conseguiremos evitar males mayores. Chamberlain cedió ante Hitler y convenció al Führer de que Gran Bretaña era débil y que había llegado el momento de invadir Francia. Los que proponen ceder ante el islamismo no sólo realizan un ejercicio de cobardía, sino que ponen de manifiesto, como en el caso del citado premier británico, que no comprenden a los radicales islámicos. Cuanto más cedamos más exigirán. Y harán bien. No es una guerra convencional, no hay Estados enfrentados ni ejércitos desplegados en un campo de batalla. Estamos en un mundo nuevo, donde los débiles han aprendido a enfrentarse a los poderosos, centrando su acción en sus puntos más vulnerables. Nos atacan mediante células terro- ristas en nuestros centros financieros, trenes, aviones... dispuestos a inmolarse en el acto. No hay disuasión posible ante la voluntad del suicidio. Aún será peor cuando tengamos que enfrentarnos a la amenaza de misiles con cabezas nucleares y eso ocurrirá cuando conquisten el poder en Pakistán o cuando Irán logre sus objetivos. La demografía juega a su favor, más aún con el refuerzo cotidiano de la inmigración. En nuestra propia casa, en el seno de Europa, veremos cómo manipulan a los sectores moderados y hacen uso de los mecanismos democráticos para tratar de imponer la sharía, la ley coránica, en igualdad con nuestra propia ley. Un Estado dentro de un Estado. Ellos saben lo que quieren y tienen una estrategia. Nosotros, cinco años después, estamos divididos.