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ABC MARTES 12 9 2006 Nacional EXALTACIÓN NACIONALISTA EN LA DIADA 17 BARCELONA. La despedida de Pasqual Maragall, el proceso de paz en el País Vasco y el clima electoral protagonizaron ayer el acto institucional de la ahora llamada Diada Nacional de Cataluña, que congregó a unas 20.000 personas en el paseo de los Tilos del Parque de la Ciutadella de Barcelona. El presidente de la Generalitat, recibido con aplausos y gritos de Viva Maragall y Viva el tripartito no paró de estrechar manos y dar besos y abrazos a los asistentes que se le acercaron y le desearon suerte en su nueva etapa, mientras que los candidatos de CiU y PSC, Artur Mas y José Montilla, respectivamente, centraron también la atención de muchos ciudadanos y de los medios de comunicación por la proximidad de la contienda electoral. La ceremonia se desarrolló bajo un intenso calor y un ambiente festivo. La interpretación de la sardana Per tu ploro (Por ti lloro) del poeta Joan Maragall, a cargo de Marina Rosell, se convirtió en uno de los momentos más emotivos al ser un regalo de despedida a Pasqual Maragall, que seguía con los labios la letra del poema escrito por su abuelo. A continuación, Paco Ibáñez interpretó una canción tradicional en vasco, Bihotza que significa corazón en esta lengua. Cuando el cantautor deseó un final feliz al proceso de paz abierto en el País Vasco recibió un aplauso unánime de los asistentes y algunos de ellos gritaron tímidamente a favor de Cataluña libre El proceso de paz en el País Vasco también centró el interés de la Diada de Cataluña una fiesta que este año tuvo un sabor agridulce por la marcha de Pasqual Maragall Un canto a la negociación con ETA POR M. J. CAÑIZARES Á. MARÍN gestarse en este municipio a orillas del río Ebro. Al acto central de la Diada, que conmemora la derrota de Cataluña ante las tropas de Felipe V en 1714, asistieron el presidente balear, Jaume Matas; el nuevo ministro de Industria, Joan Clos, y su sustituto a la alcaldía barcelonesa, Jordi Hereu, y los vicepresidentes del Congreso Carme Chacón y Jordi Vilajoana, entre otras autoridades, políticos y personalidades de la sociedad civil catalana. El ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, acompañado de su esposa, Marta Ferrusola, acudió este año al paseo de los Tilos, aunque otros destacados dirigentes nacionalistas optaron por mantener su boicot personal al acto institucional instaurado por Maragall. Y del calor sufrido al aire libre se pasó a la asfixia en la recepción institucional que cada año ofrece el presidente del Parlamento catalán. Una cita para ver y dejarse ver, analizar gestos, repartir sonrisas y (re) hacer amistades, sobre todo en vísperas de unas elecciones autonómicas de resultado incierto. Cerca de 1.700 personas, representantes de la sociedad política y civil acudieron a esta cita. Por distintos motivos, los protagonistas del encuentro fueron el propio presidente Maragall, receptor de los abrazos más sinceros ante su inminente adiós; el socialista José Montilla, quien intentó infructuosamente quedarse en un segundo plano, y su principal contricante en las urnas, el siempre impecable Artur Mas. Ambos con- tendientes posaron ante las cámaras solos y junto al resto de candidatos a la presidencia de la Generalitat, Josep Lluís Carod- Rovira (ERC) Joan Saura (ICV) y Josep Piqué (PP) Todo ello en un tono demasiado correcto, incluso aburrido. Han pasado demasiadas cosas en este último año y los políticos mostraban sonrisas de atrezzo en rostros con escaso entusiasmo. También centraron las miradas el flamante ministro de Industria, Joan Clos- -soportó con resignación las bromas sobre el resbalón que cometió en su toma de posesión- y su sucesor en la alcaldía de Barcelona, Jordi Hereu, que sin perder la sonrisa hizo honor a su fama de hombre afable y dialogante. Menos sociables se mostraron los miembros del Ejecutivo catalán afines al president para quienes la celebración tenía un sabor agridulce. Como aquel que dice, un día menos comentaba a modo de cuenta atrás el consejero de Justicia, Josep Maria Vallès, miembro de la plataforma de apoyo a Maragall Ciutadans pel Canvi Y mientras unos se despedían, otros trabajaban ya de cara a eventuales alianzas de futuro. Al primer secretario del PSC, Miquel Iceta, se le vio en animadísima conversación con el ex consejero de Gobernación, Xavier Vendrell (ERC) expansivo como siempre. Abucheos al PP A la salida del ágape, quienes eludieron los abucheos en la ofrenda floral en el monumento a Rafael Casanova- -los radicales independentistas insultaron a todas las comitivas de los partidos políticos- -no se libraron de los silbidos. Este es el caso de Josep Piqué, quien por segundo año se negó a cumplimentar con una ofrenda que el líder popular considera antidemocrática. Maragall y el presidente del Barça, Joan Laporta, por contra, fueron vitoreados a las puertas del Parlamento. El desfile de coches oficiales comenzó sobre las dos de la tarde después de que los mil y pico invitados acabaran con el abundante cava y las suculentas bandejas de canapés. Algunos de sus ocupantes tuvieron una mala digestión a causa del calor y de una manifestación de unos 300 okupas a la salida del parque de la Ciutadella. Reconocimiento al nuevo Estatuto Las voces independentistas no calaron entre el público que siguió con normalidad y cordialidad la celebración institucional de la Diada. La fiesta acabó con el canto de Els Segadors el himno nacional de Cataluña, mientras se izaba la senyera (bandera catalana) por parte de una formación de gala de los Mossos d Esquadra. El alcalde de Miravet (Tarragona) Antoni Borrell, fue este año el encargado de entregar la senyera a Maragall y al presidente del Parlamento autonómico, el republicano Ernest Benach, en un reconocimiento simbólico al nuevo Estatuto, ya que el pacto estatutario de las fuerzas catalanas empezó a