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ABC MARTES 12 9 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR TOMÁS ALBALADEJO ADOLFO SUÁREZ: UNA VOZ PARA EL CONSENSO El discurso de Adolfo Suárez del 10 de septiembre de 1976 nos enseña hoy que para abordar las cuestiones fundamentales, los grandes retos, es imprescindible un gran acuerdo entre todos los españoles y entre todos los partidos políticos E cumplen treinta años del discurso que Adolfo Suárez, entonces presidente del Gobierno, pronunció a través de Radiotelevisión Española el 10 de septiembre de 1976 para presentar a los españoles las líneas fundamentales del proyecto de ley de Reforma Política que había aprobado ese mismo día el Consejo de Ministros. El discurso fue publicado por ABC en su edición del 11 de septiembre de 1976. El discurso, que está perfectamente estructurado, contiene una sólida argumentación con la idea de que era el pueblo español quien tenía que decidir su futuro y con la necesidad de transformar la organización política de España para dar carácter de normalidad política a lo que era normal en la calle. El presidente del Gobierno anunció en el discurso que en 1977 habría elecciones a Cortes por sufragio universal, directo y secreto. Sólo con las elecciones podrían encontrar los partidos y grupos políticos su verdadero respaldo, sólo así se verificaría la representatividad de las distintas opciones políticas y sería la representación electoral la que proporcionaría la autoridad necesaria para resolver los grandes problemas políticos. Constante temática y columna vertebral del discurso es la atención de Adolfo Suárez a la voz del pueblo, para la expresión de sus diferentes convicciones y preferencias políticas. En esta línea argumental, Adolfo Suárez dejaba claro que el propósito de la Corona era que el pueblo español fuera dueño de su destino. El discurso es una manifestación de la convicción de que la democracia en España tenía que ser construida por todos y se opone a la sustitución de la voluntad popular por un acuerdo entre opciones cuya representatividad no se basara en las urnas. De la refutación discursiva forma parte el rechazo tanto a hacer tabla rasa como al inmovilismo. La propuesta de Adolfo Suárez se basaba en el consenso, en la identificación de los puntos comunes sobre los que se pudiera establecer un acuerdo básico entre todos los españoles, fuera cual fuera su ideología. El presidente del Gobierno proponía- -conviene recordar sus propias palabras- un gran acuerdo para la democracia, para la paz, para encontrar definitivamente unas bases sólidas cimentadas en la aceptación de los verdaderos intereses nacionales, para nuestra convivencia y nuestra grandeza como nación Las expresiones máximo consenso acuerdo acuerdo básico gran acuerdo coincidencia esfuerzo común junto a nuevas ilusiones colectivas o una gran solidaridad nacional constituyen el eje semántico del discurso de Adolfo Suárez y de su propuesta para la convivencia entre los españoles. S Este discurso, pronunciado en momentos llenos de dificultades e incertidumbres políticas, pero también de esperanzas y de nuevos horizontes, es una constante búsqueda de la confluencia, del acuerdo entre las distintas opciones, del consenso por encima de las diferencias. Adolfo Suárez habla para todos los españoles, se dirige a quienes quieren la ruptura, a quienes quieren que todo siga igual y a quienes quieren, como él mismo, que se encuentre una vía que pueda ser aceptada por todos en un acuerdo básico sobre el futuro, sobre la convivencia, sobre la normalidad política. Por eso, hoy, que es un día más en la política española- -dice Adolfo Suárez- quiero dirigirme a todas las mujeres y hombres de España. Quiero, en nombre del Gobierno, invitarles a todos a un acuerdo básico Su propuesta es la de anteponer los intereses generales a los particulares, la de contribuir desde las distintas posiciones políticas a una convergencia de todos en los intereses comunes, en construir las bases para la convivencia, en llegar a un compromiso de solidaridad. En la parte final del discurso, en la que, como en todo buen discurso, se recogen las ideas fundamentales expuestas, Adolfo Suárez vuelve a referirse al papel del pueblo español en la decisión sobre su futuro, que no está escrito y que tendrá que ser escrito por el pueblo. Que el pueblo se exprese libremente es lo que garantizará su soberanía, la soberanía del pueblo español palabras con las que termina el discurso. Adolfo Suárez veía en el consenso el cimiento de la convivencia y del proceso que se ponía en marcha entonces. El consenso sería la base de la elaboración de la Constitución española de 1978 por la Cortes elegidas en 1977. Sin el consenso entre los españoles, sin la confluencia entre las distintas opciones políticas y sindicales, sin el gran acuerdo, sin la participación de los partidos políticos en la búsqueda de las coincidencias, sin el papel de la Corona, no habría podido hacerse la Transición, no se habría logrado la democracia. El discurso de Adolfo Suárez del 10 de septiembre de 1976 es un componente importante de la Transición y, puesto que de nuestra memoria histórica forma parte la Transición, está en nuestra memoria histórica este discurso que los españoles ni podemos ni debemos olvidar, pues nos enseña hoy que para abordar las cuestiones fundamentales, los grandes problemas, los grandes retos, es imprescindible un gran acuerdo entre todos los españoles y entre todos los partidos políticos que forman la representación parlamentaria del pueblo español. Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad Autónoma de Madrid REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ZP, AMENAZAS Y BURBUJAS Las advertencias que se lanzan a España en la escena internacional contrastan con el carismático silencio oficial. En París, Le Nouvel Observateur destaca la advertencia de Chirac a Zapatero sobre el Líbano: Estoy inquieto Inquietud de un jefe de Estado que no parece encontrar ningún eco conocido cuando se multiplican las reservas. Le Monde, por ejemplo, se pregunta si Francia pudiera ser víctima de un magnicidio terrorista semejante al que cambió el rumbo político- electoral de España. Cuando se recuerda el inquietante legado mundial del 11- S neoyorquino, en Bruselas, EUObserver destaca otro punto trágico: la UE continúa dividida y víctima de los enfrentamientos de sus miembros en materia de política antiterrorista. EUObserver pone como ejemplo canónico el enfrentamiento de los modelos jurídicos español y alemán, que retrasaron o impidieron la extradición rápida de un sospechoso relacionado con los atentados de Madrid. En Londres, Financial Times publica un análisis negro azabache de Jeffrey Garten, preguntándose qué ocurriría si un grupúsculo terrorista atacase seriamente la ciberinfraestructura bancaria internacional. A su modo de ver, un ataque terrorista contra los campos petrolíferos saudíes elevaría el precio del barril de petróleo a los 150 dólares, con unas graves consecuencias para la economía mundial. Ante tales inquietudes, la alegría de la burbuja inmobiliaria española suscita muchas reservas. Wall Street Journal (WSJ) publica un análisis más que negro que Lorenzo Bernardo de Quirós resume así: España camina en línea recta hacia un gran batacazo. La única duda es ¿cuándo ocurrirá? WSJ avanza este posible calendario de crisis: los precios del mercado inmobiliario comenzarán a caer el año que viene y el descenso pudiera alcanzar un 15 por ciento del precio actual hacia el 2009. Desde otro ángulo, el Times de Londres afirma que, a pesar de todo, España se ha convertido en un campo de batalla para las compañías aéreas de bajo costo, a la espera de descubrir nuevos mercados para el turismo europeo. Por su parte, Financial Times publica un artículo agridulce sobre los desafíos que esperan a Joan Clos. En un plano más o menos esperanzador, Sud Ouest, en Burdeos, afirma que las regiones francesas fronterizas con España esperan lanzar grandes proyectos de comunicación comunes entre el 2007 y el 2013. Veremos.