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ABC LUNES 11 9 2006 77 Deportes Fácil victoria del Madrid ante el Levante (1- 4) con tres goles de Van Nistelrooy El campeón alemán celebra su triunfo en Monza desde el podio; minutos más tarde anunciaría su marcha al final de temporada REUTERS Schumacher se va en ebullición Anuncia su adiós, gana en Monza y deja el Mundial a dos puntos por el abandono de Alonso JOSÉ CARLOS CARABIAS MONZA (ITALIA) Un par de empleados de Ferrari subían las escaleras en dirección a la sala de prensa de Monza como apariciones por ensalmo. No eran fantasmas rojos que huyesen despavoridos, sino portavoces de un anuncio. Llevaban los labios sellados y una pila de folios bajo el brazo. Todo calculado. Cinco minutos después de que Michael Schumacher ganase la carrera de la polémica, de la cólera de Fernando Alonso, de los navajazos en los despachos, de la omnipresencia de Ferrari, de que dos mil personas asaltasen la pista para adorar a un tótem que subía otra vez al podio, los papeles bajo el brazo transmitían el legado de dieciséis años al volante, siete títulos, 90 victorias, casi todos los récords en posesión y el último gran nombre del automovilismo. Schumacher, el rodillo de campeón, se marcha. Lo hizo desde el podio, a lomos de un fin de semana intenso, cargado de acontecimientos y que traza la sinopsis de la Fórmula 1. Un deporte al que cuesta definir como tal cuando hay tanto dinero en juego, donde las marcas de automóviles luchan en un mundo de intereses creados y donde funciona el pirateo de guante blanco. Muertes dulces frente a manos políticamente correctas que no dejan rastro de san- gre al apretar el gaznate. Alonso no ha descubierto nada nuevo con su rotunda afirmación. No puedo considerar a la F- 1 un deporte Él fue el sábado la penúltima víctima de un sistema que pretende, ante todo, audiencias, grandes números y negocio, volumen inacabable de negocios. Deja un heredero Fernando Alonso es el heredero de Schumacher. No hay muchas dudas al respecto. Su cuajo competitivo, esa voluntad inquebrantable frente a los obstáculos, se renueva cada quince días en los circuitos. El español salió desde la décima posición de la parrilla y en dos vueltas ya había tocado la bocina para adelantar cuatro puestos. En la salida se merendó a Barrichello y Fisichella (dio la sensación de que el italiano no apuraba esta vez para frenarle después de una charla a trío con Briatore antes de la carrera) y en el segundo giro al supersónico Monza, dio cuenta de Pedro de la Rosa y Nick Heidfield. Éste último a costa de atravesar la chicane de final de recta como si fuese Armstrong cruzando el campo de cereales. Salió desatado el asturiano, en la ola de una rabia irrefrenable que se plasmó en su pilotaje, más agresivo que nunca, más temperamental que de costumbre. El gobierno tecnológico de este mundillo en manos de los ingenieros no siempre puede con el carácter, la determinación de quien se niega a claudicar, a permitir que la marea se le lleve por delante. Así se sentía Alonso antes de la carrera. La gloria de Robert Kubica, el polaco ex probador de BMW que ayer logró su primer podio, separó la paja del grano sobre la pista. Su ritmo era inferior al de Raikkonen y Schumacher y el tapón que provocó ante Massa, Button y Alonso frenó a todos y dejó la carrera en uno mano entre el alemán y el finlandés. Raikkonen resistió en el asfalto y claudicó en el garaje. Nada nuevo en su historial de pupas Schumacher le adelantó en la primera parada para cargar gasolina y dejó sentenciada la carrera porque el Ferrari vuela en este curioso circuito. Es posible volar a 360 por hora, pero no adelantar. Rotura de motor de Alonso Alonso se resistió a admitir la dinámica que decretaba tarde de éxtasis para Schumacher. Y siguió a lo suyo. Sobrepasó a Button a la salida de un repostaje, a Kubica al apurar el el pit- lane en un espectacular paralelo que parecía un callejón sin salida y a Felipe Massa en la segunda parada de ambos. Remontada estilo Hungría, del diez al tres para conformar el trío protagonista de la F 1, Schumacher, Raikkonen y él mismo. Tercero, un mal menor para un fin de semana incandescente. Pero el fin de semana venía envuelto en calamidad para Alonso y así acabó. A base de forzar el motor, de estirarlo como un chicle, rompió las tripas de la mecánica en la vuelta 44. Monza rugió como un solo hombre, Schumacher congeló la imagen para enmarcar su despedida y el Mundial queda así en un puño. Dos puntos de ventaja para el asturiano a tres carreras del final. LO MEJOR LO PEOR La frialdad de Schumi para despedirse de los aficionados de Ferrari con un triunfo La decepción de Alonso al comprobar que se había roto el motor de su Renault