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ABC LUNES 11 9 2006 Internacional CINCO AÑOS DEL ATAQUE TERRORISTA A EE. UU. 25 Las patológicas y siniestras teorías conspirativas llegan incluso hasta el punto de cuestionar la utilización de aviones en los atentados perpetrados hace cinco años El 11- M del 11- S P. RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Cinco años después, las teorías conspirativas- -la última moda de Estados Unidos exportada a España- -siguen entonando entre lo patológico y lo siniestro toda clase de explicaciones alternativas a la narrativa oficial del 11- S. Un fenómeno protagonizado por un obsesivo grupo de internautas, aspirantes a cineastas, mínimos personajes radiofónicos y algún profesor, empeñados en presentar la muerte de casi tres mil personas como resultado de una ingente conspiración para justificar posteriores acciones militares en Oriente Próximo. Para hacer frente a estas versiones tan crispadas como disparatadas sobre lo ocurrido hace cinco años, el Departamento de Estado y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología han publicado estos días nuevos informes para recordar una vez más que las catástrofes ocurridas en las Torres Gemelas y el Pentágono fueron resultado directo de aviones comerciales secuestrados por terroristas de Al Qaida y utilizados como improvisados misiles. Estos esfuerzos explicativos, especialmente el del Instituto de Estándares y Tecnología, basado en un estudio técnico de 43 volúmenes, va especialmente dirigido ante las renovadas elucubraciones sobre la utilización de cargas explosivas para destruir el World Trade Center. Lo que hubiera requerido colocar en secreto toneladas de explosivos militares, miles de detonado- res y kilómetros de cables en lo alto de uno de los complejos de oficinas más transitado y visitado del mundo sin que nadie se diera cuenta. Steve Jones, profesor de Física de la Universidad Brigham Young de Utah, ha sido una de las voces más destacadas a la hora de presentar el 11- S como una enorme conspiración gubernamental. Su insistencia es que dos aviones repletos de combustible no fueron suficientes para dañar las vigas de acero de las Torres Gemelas y provocar su caída. Estas afirmaciones sin respaldo académico han obligado a que la universidad de Utah haya abierto un expediente contra el profesor Jones. En la gran proyección por Internet que tienen todas estas teorías, una mención especial merece el documental de 82 minutos Loose Change: Second Edition Una producción de seis mil dólares realizada por tres amigos veinteañeros con ganas de hacerse un hueco en Hollywood y compartir el filón especulativo abierto en la gran pantalla por Michael Moore y Fahrenheit 9 11 El grupo planea ahora una versión de su documental para estrenarlo en salas comerciales. Dentro de este peculiar submundo también se insiste en que el Pentágono no fue dañado por un avión de American Airlines sino por un sofisticado misil de crucero; que el vuelo 93 de United no se estrelló en Pensilvania por una rebelión de los pasajeros sino que El vuelo 175 de United Airlines de Boston se estrelló a las 9.03 contra la Torre Sur fue derribado por un avión militar; que la CIA evitó la total destrucción de sus oficinas neoyorquinas junto a las Torres Gemelas; o que muchos judíos salvaron la vida al no ir a trabajar ese día al World Trade Center. El auge de este fenómeno, al cumplirse los cinco años del 11- S, es interpretado por Mark Fester, profesor de la Universidad de Florida especializado en fenómenos conspirativos, como una respuesta ante las crecientes dudas en la opinión pública de Estados Unidos sobre la gestión de la Administración Bush y la guerra en Irak. Pero a juicio del profesor de psicología británico, Patrick Leman, las teorías conspirati- AFP vas ofrecen una significativa dosis de confort al atribuir grandes causas a grandes desastres, limitando el desestabilizador impacto del azar, lo individual y lo impredecible. Otros especialistas también insisten en el enorme atractivo de las teorías conspirativas como una oportunidad para dar protagonismo al hombre de la calle, dotado únicamente con sus ojos y limitados conocimientos para llegar a conclusiones tajantes pero basadas en evidencias circunstanciales, hechos sin análisis o documentación, citas sacadas fuera de contexto y esporádicas declaraciones de testigos cuestionables o traumatizados.